Uncategorized

Sherlock Homes quería ser violinista… y español


La “Sinfonía española” de Lalo ofrece una excusa de oro para, en el módico espacio de unos pocos cientos de palabras, hablar del propio Lalo, de Sarasate, de España, de Chaikovski…y de Sherlock Holmes.

¿Quién en su infancia o primera juventud no ha querido ser de mayor un poco como Sherlock Holmes? Pues bien: lo cierto es que al propio Holmes no le hacía ninguna gracia ser él mismo. A quien realmente se quería parecer era al más grande violinista de todos los tiempos, Melitón Pablo de Sarasate y Navasqués, natural de Pamplona, Navarra, España. Porque una cosa es segura: comparado con los sonidos preternaturales que Sarasate sacaba de su Guadagnini -aunque tenía dos Stradivarius, uno de ellos se lo regaló Isabel II, su favorito era un Guadagnini-, Holmes estimaba en nada su capacidad deductiva.

En “La liga de los pelirojos”, el cuarto de los relatos de Sherlock Holmes publicado en “The Strand” en 1981 (cuando Sarasate seguía vivo) y luego recopilado en “Las Aventuras de Sherlock Holmes”, el detective frena en seco la investigación y convence a Watson para que él también abandone su consulta y sus pacientes para acompañarle a “escuchar a Sarasate en St. James’s Hall”. Lo primero es lo primero.

Seis años antes de la publicación del cuento, en febrero de 1875, había tenido lugar uno de los más sonados éxitos de la vida del violinista navarro: el estreno en París de la “Sinfonía española” del compositor francés (pero descendiente de españoles) Édouard Lalo, dedicada a Sarasate y compuesta pensando precisamente en él (aunque, curiosamente, no tiene ningún pasaje a dos cuerdas de los que hicieron célebre al virtuoso español). La obra, aunque se denomina “sinfonía” es en realidad un concierto para violín en cinco movimientos de los que el tercero, el intermezzo, solía en el pasado omitirse. Apenas tres años después, cuando Chaikovski se recuperaba de su desastre matrimonial reposando Suiza, su alumno favorito llegó de Berlín cargado de comprensión y de partituras, entre ellas la “Symphonie espagnole” de Lalo. Fue esta música la que le convenció de interrumpir la escritura de una sonata de piano y lanzarse a componer su concierto para violín, Op. 35.

Hace cien años España estaba de moda porque, entre otras cosas, genios como Sarasate pululaban de Dresde a Londres y de Copenhague a Turín dejando con la boca abierta al gran mundo con jotas navarras y zorcicos vascos. Motivos del folclore hispánicos volverán a sonar este miércoles en el Auditorio Nacional, creados por el pueblo ibérico en la noche de los siglos, pasados por el tamiz del genio de un francés con sangre española, interpretados por una orquesta londinense -por la orquesta londinense, la LSO- bajo la batuta de un santanderino (Jaime Martín) y con un violinista alemán (Christian Tetzlaff ) tocando un violín alemán.

Sobre este último punto uno no puede menos que agradecer a Ibermúsica la feliz oportunidad de poder escuchar escuchar a Christian Tetzlaff en Madrid. Las personas que ya han decidido acudir al concierto deben leer este artículo escrito sobre el músico por Jeremy Eichler para “The New Yorker”. Y las personas que no hayan decidido aun acudir al Auditorio este miércoles se lanzarán a conseguir una entrada si lo leen. He aquí algunos datos a modo de muestra:

· Tetzlaff no aprueba “el cliché stradivarius” y por ello toca un violín moderno fabricado por Stefan-Peter Greiner, quién modela sus instrumento prestando especial atención al rango de frecuencia en el que se mueve la voz humana: 2.000 – 4.000 hertzios.

· En los noventa explicó en una entrevista su opinión sobre el concierto de violín para Giorgi Ligeti y, poco después, recibió una postal con el siguiente texto : “He leído su entrevista y me siento muy cercano a usted. No sólo toca usted mi concierto PERFECTAMENTE sino que además habla de él con comprensión y compasión. Para un compositor vivo lo más hermoso es que un interprete le entienda así de bien”. Firmado: Giorgi Ligeti.

·Tetzlaff no solo tiene el índice de la mano derecha deformado hacia la derecha como muchos violinistas sino que ademas sufre una neurodermatitis muy dolorosa en las yemas de los dedos de la mano izquierda. Se hace instalar bicicletas estáticas en sus habitaciones de hotel y practica haciendo ejercicio (sobre todo el climas fríos) para aliviar en algo el dolor. A veces se unta de miel los dedos para esto mismo.

Y uno no puede evitar estar intrigado por escuchar como este músico que cita párrafos de Nietsche de corrido y que a los 16 se había leído la obra completa de Thomas Mann, un violinista analítico, norteño que dio sus primeros pasos en el circuito internacional con el plúmbeo concierto para violín de Schönberg, con las deliciosas frivolidades, las alegres chiquillerías de la “Symphonie espagnole”.

En una tienda de discos de cuyo nombre no quiero acordarme compré hace ya tiempo un disco de Musidisc que ya tiene 53 años pero se mantiene como un chaval con la obra de Lalo interpretada por David Oistrakh. Lo que el gordo genial hace, ya en su última madurez, en los compases finales del andante y los iniciales del rondó, es difícilmente descriptible, pero se mete en el alma con bastante autoridad y para siempre. El ruso (ucraniano) toca en este disco, y en ese pasaje en concreto, uno de los seis stradivarius de los soviéticos (el Marsick). El, como toda su generación, sí que creía en el “cliché stradivarius”. Tetzlaff no lo sabe pero el listón está muy alto.




Fuente: La razon

Comentar

Click here to post a comment

injerto
injerto