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Shakira, una diva con dudas y sueños dorados


Shakira regresa a los escenarios españoles en uno de los momentos más agridulces de su carrera. Tras verse obligada a cancelar parte de El Dorado World Tour el pasado mes de noviembre debido a un problema grave en sus cuerdas vocales, la diva pop de Barranquilla ha recuperado las buenas sensaciones y tiene previstos varios baños de masas en nuestro país para celebrar algunos de los mejores números de su trayectoria. El último y más sonado es el éxito conseguido por «Clandestino», un tema interpretado a dúo con su amigo y compatriota colombiano Maluma (artista señalado por la actitud machista de sus canciones y sus conciertos) que se ha convertido en la canción del verano. De hecho, ha conseguido destronar al «Despacito» de Luis Fonsi como el tema en español más vendido en Estados Unidos. El hit de Shakira y Maluma visita los territorios del reggaetón y del trap mainstream, y transita por el tópico de las historias de amor prohibido y de moral ambigua. Toda esa imaginería de las relaciones torturadas y con un punto juguetón, algo muy del gusto de Shakira, está aderezada en «Clandestino» con un envoltorio sonoro comercial inofensivo pero al mismo tiempo sólido. En pocas palabras: la fórmula del éxito que presenta en Barakaldo (mañana), La Coruña (1 de julio), Madrid (3) y Barcelona (6).

El bombazo de «Clandestino» –que se oirá hasta en la sopa estos meses en los chiringuitos playeros de medio mundo– consolida el buen momento de popularidad de la cantante y compositora. Su último disco de estudio, «El Dorado», un título que hace referencia a la legendaria ciudad situada entre Colombia y Venezuela que hizo perder la cabeza a multitud de conquistadores españoles allá por el siglo XVI, ganó el premio Grammy al Mejor Álbum de Pop Latino (el tercero de su carrera) y el Latin Grammy al Mejor Álbum Vocal Pop Contemporáneo, y lleva meses en las posiciones más altas de las listas de ventas, con cifras récord en descargas vía streaming y reproducciones en Spotify.

Directos poco satisfactorios

A estas alturas de la partida, nadie se atreve a poner en duda que Shakira es una de las divas pop más laureadas y queridas de los últimos cinco lustros. Su colección de premios y sus ventas millonarias así lo avalan. Es más, ha sabido ganarse un lugar propio como artista al escribir sus propias canciones, que luego ha cantado con su peculiar y fluctuante timbre de voz y bailado con su reinterpretación en clave latina de la danza del vientre. Ahora bien, la de Barranquilla sigue teniendo un talón de Aquiles: sus giras no están a la altura de una figura que viene a ser, a nivel de popularidad, la Beyoncé o la Rihanna latina, dos súper estrellas con las que la colombiana ha colaborado. Hace siete años, el descafeinado y deslucido Sale el Sol World Tour llenó estadios pero adoleció de un nivel bajísimo de escenografía y de espectáculo visual; su pase en 2011 por el Estadi Olímpic de Barcelona, con celebración en el escenario de la Champions del Barça y presencia de Piqué incluidas, fue muy poco satisfactorio.

El Dorado World Tour se presenta como una gira más ambiciosa en la que Shakira repasa toda su vida, tanto la artística como la personal, pero no presenta muchos cambios en la puesta en escena. Se espera un concierto clásico con pocos cambios de vestuario, escasa pirotecnia visual y menos aires de superproducción de Hollywood. Una apuesta arriesgada, por austera y por la ausencia de sorpresas, si se compara con los shows «más grandes que la vida» de Lady Gaga o las antes mencionadas Beyoncé o Rihanna.




Fuente: La razon

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