Estuvo casada con John Barry y, con el corazón roto, huyó a Francia, donde logró desarrollar una carrera en el cine y en la canción al lado de un hombre, digamos, políticamente incorrecto. Diosa y musa, con Serge Gainsbourg y sus sombras mantuvo una relación magnética y mercurial, como era el carácter del compositor y director francés. Birkin le dejó tras 12 años de relación y él a duras penas pudo superarlo. Ahora rinde homenaje a las canciones que hicieron juntos en un proyecto llamado «Gainsbourg Symphonic» con aroma de jazz y que llega a Las Noches del Botánico en Madrid el próximo 17 de julio.

–¿Le ha supuesto este espectáculo una ventana al pasado?

–Es extraño, porque las canciones que elegí, las escribió Serge después de que rompiéramos. Son temas, por tanto, de separación, aunque pienso que las canciones más bellas que hizo nunca son de cuando lo dejé. Me escribió tres discos, y para mí son los más conmovedores que ha creado. Aunque la gente recuerde otras. Y si pienso en algo cuando canto esos temas es en lo extraño que fue que me escribiera esas cosas tan bonitas cuando ya habíamos roto. Las palabras que utilizó, el lenguaje, el contenido… es maravilloso. Y cuando canto, soy él. Me pongo en su lugar, en su dolor, y siento exactamente lo que él sentía. Es una situación extraña.

–¿Cuál fue su vocación original, ser actriz o cantante?

–La verdad: ninguna. Yo solo era muy guapa. La primera audición a la que acudí fue un desastre. Olvidé las palabras, no estaba preparada. Sin embargo, con 17 años, sin haber hecho nada antes, encontré la fortuna. Fue pura suerte. Pero te aseguro, y no me da vergüenza decirlo, que no tenía la menor ambición. Y eso que al final logré ser bastante buena como actriz dramática. En tanto compositora tenía hasta 40 canciones, todas horribles. Mi verdadera carrera casi comenzó cuando cumplí los 40 años, eso debe darle esperanza a la gente. No importa las veces que fracases, sigue intentándolo.

–¿Cuál diría que es el legado de Gainsbourg?

–Es uno de los grandes poetas de los últimos años. Cuando falleció, Mitterrand y Chirac le compararon con Baudelaire y Apollinaire. Fue uno de los grandes, y le echamos más de menos por su incorrección política y su espíritu de adolescente loco. Eso ya no existe hoy en día. Somos todos muy viejos de espíritu. La suya es una personalidad que ya no existe en el mundo.

–Usted era una musa, un icono. ¿cómo lidió con ello?

–Eso es lo que dice la gente, pero yo nunca fui consciente. Venía del Londres de los 60 y era un poco más atrevida que las chicas parisinas. La verdad es que llevaba puestos vestidos que eran un poco más largos que una camiseta… Fui bastante descarada, y quizá un poco insolente solo por ser inglesa, pero no había ningún esfuerzo ni ningún personaje. Todo el mundo en Inglaterra lo era un poco porque queríamos. Éramos los primeros en moda y música y estábamos viviendo una completa revolución cultural. Fui la primera en ir a Francia y puede que pensaran que yo era súper original, pero era una más entre tantas.

–¿Alguna vez se sintió menospreciada por ser mujer?

–No. Nunca, jamás. Y me involucré con las causas por nuestros derechos.

–¿Cómo describiría su relación con Barry y Gainsbourg?

–De John Barry estaba perdidamente enamorada y me rompió el corazón. Me sentí como la típica chica triste y desgraciada de 18 años que había sido abandonada por el amor de su vida. Me casé con él con 17 y fue un enorme error. Tenía 19 años y una hija y ya me había abandonado el mayor compositor de música para cine del mundo. Estaba devastada cuando fui a París. Serge fue un genio maravilloso y yo siempre me sentí impresionada por gente que sabía que estaba muy por encima, pero caían locamente enamorados de mí y me costaba mucho creerlo. En un sentido, creo que muchas personas se sintieron muy decepcionadas de que no fuera lo independiente que pensaban. No lo era en absoluto, todo lo contrario, era muy muy dependiente. Conseguí serlo tiempo después.

–¿Volverá a cantar alguna vez «Je t’aime»?

–No, no, no. Porque la cantaba con Serge y a Serge. No hay razón para que lo vuelva a hacer. No puedo hacerlo, es demasiado triste.

–Tiene nacionalidad francesa…

–Desde los 20 años. Mantengo la británica pero voto y pago impuestos aquí. Mi única preocupación es parar a Le Pen.




Fuente: La razon

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