Ahora que hay dudas sobre el futuro de Europa, con los populismos en auge y el Brexit sin resolver, Bruselas se ha propuesto fortalecer los cimientos de la Unión a través del conocimiento. Para ello, busca estrechar lazos a través del programa de movilidad Erasmus + más ambicioso de la historia, del que se beneficiarán 11 universidades españolas —los campus de Carlos III, Granada, Autónoma de Madrid, Autónoma de Barcelona, Pompeu Fabra, Politécnica de Cataluña, Valencia, Cádiz, Complutense, Barcelona y Católica de Valencia —, según ha podido confirmar este diario. Sus alumnos podrán ir cambiando de país a lo largo del grado sin barreras de convalidaciones, los investigadores se moverán entre sus laboratorios —en especial los más jóvenes— y habrá intercambio de personal de administración para proporcionar unos servicios más ágiles.

A la competición se han presentado 54 consorcios de universidades europeas en los que se integraron 14 campus españoles —en total hay 50 centros públicos y 35 privados en España—. Bruselas no esperaba que la convocatoria fuese tan exitosa, y ha ido aumentando la inversión. «Las propuestas eran de gran calidad técnica, por lo que hemos querido dedicar más recursos», afirma un funcionario europeo implicado en su diseño. El proyecto contempló al principio seis consorcios este año y 30 millones de euros, luego dobló las cantidades, y finalmente van a ser 17 alianzas de campus y 85 millones —cinco millones en cada uno—. Fuera de la carrera se han quedado tres universidades españolas, Córdoba, Salamanca y la Politécnica de Madrid. La intención inicial de la Comisión Europea era que en 2024 participaran 20 consorcios, pero dado que finalmente el punto de partida ha sido más ambicioso, gana enteros la posibilidad de que se superen las previsiones.

Entre 2014 y 2018, más de dos millones de europeos —estudiantes y personal de educación superior— se fueron al extranjero dentro del programa Erasmus. Fuentes europeas admiten que la idea de los supercampus europeos, una antigua aspiración, volvió a estar sobre la palestra tras el llamado discurso de la Sorbona del presidente francés, Emmanuel Macron, y se gestó dos meses después en una cumbre en Gotemburgo (Suecia) en noviembre de 2017, coincidiendo con el 30 aniversario del programa Erasmus. Los centros interesados tuvieron hasta el 28 de febrero para presentar candidaturas. Los campus hicieron un esfuerzo grande para hacer converger sus intereses con los de otros centros. Las bases del concurso obligaban a que se involucrasen en el mismo consorcio universidades de al menos tres países distintos. El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades repartió un millón de euros entre las universidades españolas para ayudar a cubrir los gastos de la gestación del consorcio.

«Estados Unidos y China invierten en 10 universidades para tener a las mejores y Europa ha optado por su modelo, que es de un centenar», explica Juan Romo, rector de la Carlos III, que forma consorcio ganador con Amberes, Bremen, Essex, Este de Finlandia, Maastricht y Roma Tor Vergat. «Eso cambia la vida de las universidades. Que un alumno pueda graduarse e Economía con un título firmado por tres rectores no ha pasado en la historia o que un profesor se pueda ir a un laboratorio de Maastrich en las mismas condiciones. Porque nosotros queremos converger a una única universidad». Romo aspira a que el ministerio premie económicamente a los consorcios, como va a hacer Emmanuel Macron en Francia: 100 millones de euros a gastar en 10 años.

Tres de las 17 alianzas ganadoras han sido coordinadas por campus españoles; Granada, Cádiz y Barcelona. «Es un éxito de las políticas de internacionalización de las universidades españolas y el trabajo bien hecho de mucha gente», cuenta entusiasta Pilar Aranda, rectora en Granada. Ella ha coordinado Arqus, un consorcio con Graz, Leipzig, Padua, Vilnius y Lyon. Todas están situadas en ciudades de tamaño medio por lo que tienen gran peso en su entorno y un carácter europeísta. Aranda insiste mucho en la necesidad de “especialización y profesionalización” del personal de administración, para copiar otros modelos exitosos.

Margarita Arboix, rectora de la Autónoma de Barcelona, también expresa su tremenda alegría. «Es un éxito de la Universidad española», remarca. Arboix cree que los fondos europeos deben ir acompañados de más financiación pública por parte del Gobierno español para crear nuevas secretarías en las universidades y cambiar la legislación para certificar los estudios. “El ministerio se muestra favorable, pero con la actual incertidumbre no sabemos”, dice inquieta. Entre los listados de los 300 mejores campus del mundo no aparece ninguno español y Arboix cree que la participación en los consorcios supondrá un espaldarazo. «Yo los rankings los miro por encima del hombro porque me parece que se meten criterios que suben o bajan la calificación sin sentido», razona. Su universidad forma parte de una alianza que funciona desde hace una década compartiendo tecnología, investigación y docencia y en la que están, entre otros, los campus de Dublín., Hamburgo, Trento o Aveiro.

«Hay que abordar la movilidad desde un ángulo de equidad social. Que haya un mecanismo común que permita a los estudiantes con pocos ingresos mudarse de país”, argumentó en este diario el pasado enero Yvon Englert, rector de la Universidad Libre de Bruselas. “Ahora hay desigualdades, porque se tienen que pagar un billete de avión, alojarse…”. La beca Erasmus del ministerio español, por ejemplo, no cubre gastos: se reciben 200 euros mensuales en países de nivel de vida bajo, como Eslovaquia, y 300 en países muy caros, como Suecia. Algunas comunidades autónomas y universidades completan estas ayudas.

España demuestra cada año la enorme acogida en el país del programa de movilidad. Según el último informe, sigue ocupando el primer puesto en recepción de estudiantes en sus universidades (48.595), muy por delante de Alemania (34.387) y Francia (31.727). Y es el tercer país emisor de alumnos (40.079), justo por detrás de Francia (43.905) y Alemania (40.959).




Fuente: El Pais

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