Si, como parece, los nuevos Presupuestos Generales del Estado son aprobados por el Parlamento, de carambola –no encuentro un calificativo mejor para definirlo– España podrá elaborar una serie de planes con respuestas eficaces frente a amenazas para la salud pública, como es el virus de la viruela que puede ser utilizado con fines bioterroristas. Porque esta amenaza sigue como una espada de Damocles sobre todos nosotros, ante la inacción de unos gobiernos que sí eran conscientes de este peligro pero que no actuaron nunca. Quizás algún día sepamos el porqué. Y esto a pesar de el Congreso de los Diputados aprobó una moción en mayo de 2015, e insistió con una proposición no de ley en marzo de 2018 para que el Gobierno de Mariano Rajoy hiciera un inventario y actualizara el «stock» de vacunas contra el mortífero virus «variola» que, sólo en la primera mitad del siglo XX, fue la causa de la muerte de 500 millones de personas. Además, cada día aumenta el número de personas, con conocimientos científicos, que se adhiere al autodenominado Estado Islámico, con acceso y fondos para reconstruir sintéticamente el virus de la viruela, utilizando técnicas de síntesis, de material genético. Me permito recordar que, hasta ahora, en algunos laboratorios se ha logrado reconstruir agentes patógenos peligrosos como el virus de la polio, el de la llamada gripe española y otros más complejos, como la bacteria «mycoplasma». En el año 2003 España adquirió dos millones de vacunas diluidas contra la viruela, que nunca fueron aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento por sus efectos secundarios y que, actualmente, están caducadas. Ahora, el programa «313B de Salud Pública, Sanidad Exterior y Calidad» de los Presupuestos Generales del Estado vuelve a contemplar la actualización del Plan Nacional de la Viruela, entre otros objetivos.




Fuente: La Razón

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