Por segunda vez en tres años, Pedro Sánchez ha perdido una sesión de investidura y ha puesto en marcha la cuenta atrás para la repetición electoral. La posibilidad de un Gobierno de coalición ha fracasado este jueves ante la ausencia de acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos sobre el reparto de las parcelas de poder. Las demandas de Pablo Iglesias resultaron inadmisibles para Sánchez, al considerarlas desmesuradas para la cuarta fuerza política y para una organización sin experiencia de gestión. Los intentos de otros grupos, especialmente ERC, de que ambas partes cediesen en sus posiciones fueron inútiles. Ahora empieza a correr el plazo de dos meses para intentar una nueva investidura antes de ir a nuevas elecciones. Pese al fracaso, Sánchez ha anunciado que lo intentará de nuevo.

“No hay que tirar la toalla”, ha afirmado el líder socialista en una entrevista en la noche del jueves en Tele 5, horas después de su derrota parlamentaria. Sánchez ha expresado su voluntad de “volver al punto de inicio” y “explorar otros caminos”. “Hay motivos”, ha añadido, “para buscar acuerdos entre PP, Ciudadanos y Podemos”. Según fuentes socialistas, la estrategia del presidente en funciones será de nuevo intentar convencer a esos grupos de que se abstengan para facilitar su Gobierno. En los últimos días, él había advertido a Iglesias de que su oferta de Gobierno de coalición caducaba en julio.

No hubo la menor posibilidad de acuerdo. La distancia entre el PSOE y Unidas Podemos se ha mantenido en estos días de precipitada negociación sin llegar a puntos de encuentro sobre la cuota de poder que pretendía Podemos y la que estaba dispuesto a aceptar Sánchez.

Como ya había ocurrido el pasado lunes, Sánchez solo logró sumar el único diputado del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) a los 123 socialistas, frente a 155 votos en contra y 67 abstenciones. Los votos negativos fueron del PP, Ciudadanos, Vox, Junts per Catalunya, Coalición Canaria y Navarra Suma, y las abstenciones de Podemos, ERC, PNV, EH Bildu y Compromís.

Todos los grupos han pedido a Sánchez que no deje pasar estos dos meses, hasta la convocatoria de elecciones, y empiece de nuevo la negociación. «Negocie con nosotros, no lleve a los españoles a elecciones», han sido las últimas palabras de Iglesias a Sánchez.

Por segunda vez, Sánchez experimenta una investidura fallida y, por segunda vez también, puede responsabilizar a Iglesias de esa derrota. Los socialistas no dejarán de repetirlo en las próximas semanas, y el mensaje se amplificará al máximo si, finalmente, se celebran elecciones el 10 de noviembre, como se puso de manifiesto el jueves en los discursos de Sánchez y de la portavoz parlamentaria socialista, Adriana Lastra. Ninguno de los partidos dispuestos a colaborar en la investidura de Sánchez ha obviado su malestar. El tono del debate ha tenido tintes dramáticos y en alguna intervención ha traslucido incluso un sentimiento de derrota.

El más explícito ha sido el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, que ha lamentado “una nueva derrota de la izquierda” y ha regañado casi por igual a Sánchez e Iglesias. La ruptura política —que da la impresión de que toca ya lo personal— entre los dos líderes ha sido patente en sus intervenciones, más a la ofensiva por parte del candidato socialista. “Usted no ha ganado las elecciones y quería tener un Gobierno paralelo al del PSOE”, le ha espetado Sánchez. Si Iglesias le había advertido el pasado lunes, en el inicio de la sesión de investidura, que sin su apoyo el líder del PSOE no volvería nunca a ser presidente, Sánchez le ha replicado este jueves: “Está en lo cierto, señor Iglesias: si me obliga a elegir entre ser presidente y mis convicciones, elijo mis convicciones y defender a España”.

“Hace falta un Gobierno coherente y cohesionado, no dos Gobiernos”, ha insistido el presidente en funciones, quien ha alegado además que no puede dar áreas de la máxima complejidad “a quien no tiene experiencia de gestión”. Como ya había ocurrido en la anterior sesión, los detalles de la negociación han sido expuestos sin tapujos ante la Cámara. “¿Por qué no ha sido posible el acuerdo?”, se ha preguntado Sánchez. “Conciliar dos culturas y dos tradiciones siempre supe que era muy difícil, pero propuse el acuerdo a cambio de un programa. Pronto advertí que el programa nunca fue el problema”, ha señalad Sánchez, quien ha acusado a Podemos de centrarse solo en reclamar ministerios.

La abrupta y extraña negociación pública, en pleno debate, continuó hasta el final, cuando Iglesias lanzó una última oferta desde la propia tribuna. Antes había reprochado al PSOE que hubiese pretendido negociar en cuatro días lo que no había hecho en 80. Iglesias ofrecía renunciar a uno de los ministerios que reclamaba, el de Trabajo, a cambio de las políticas activas de empleo. Mientras Sánchez negaba con la cabeza ante esa propuesta fuera de tiempo, Iglesias intentaba trasladar la idea de que no quería romper la negociación y que intentará continuarla durante el verano. Ese llamamiento a continuar conversando lo repitieron también Rufián, de ERC; Aitor Esteban, del PNV; Joan Baldoví, de Compromís, y José María Mazón del PRC. Por parte del PP, Ciudadanos y Vox, solo llegaron duras críticas a la “pelea por sillones”. “Negocie con nosotros con respeto y no lleve a los españoles a elecciones”, fue la petición de Iglesias a Sánchez, sin obtener respuesta. Muchas facilidades tiene que dar Podemos para que así sea. El plazo termina el 23 de septiembre. Si no hubiese acuerdo, los españoles volverán a las urnas el 10 de noviembre.




Fuente: El Pais

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