“Objetivo conseguido”. El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, ha soportado este miércoles una sesión casi monográfica —cinco preguntas y una interpelación— de acoso y derribo por parte de la oposición de centro derecha en el Congreso sobre el encuentro que mantuvo en la madrugada del 20 de enero en el aeropuerto de Madrid-Barajas con la vicepresidenta del Gobierno venezolano, Delcy Rodríguez. Ábalos se aferró a que gracias a esa intervención logró que se cumplieran las sanciones comunitarias que impiden a Rodríguez pisar suelo europeo “ni territorio Schengen” y también “no añadir más problemas” a las relaciones diplomáticas con Venezuela. PP, Vox y Ciudadanos le acusaron de mentir y de ser usado como “utillero” por el presidente Pedro Sánchez y el vicepresidente Pablo Iglesias para enviar un mensaje a las autoridades de ese país. Sánchez denominó este miércoles a Juan Guaidó como «líder de la oposición en Venezuela».

Nada de lo que arrepentirse. Ábalos sostiene que cumplió una misión de Estado con su actuación ante la presencia de Delcy Rodríguez en Barajas. “Cumplí el objetivo, modestamente lo cumplí. La vicepresidenta del Gobierno venezolana no entró en territorio Schengen y se cumplió el mandato del Consejo Europeo sobre las restricciones a dirigentes venezolanos”, remachó varias veces el ministro en la primera sesión de control al Ejecutivo de esta XIV legislatura.

No entró Ábalos en más detalles ni aclaró algunos puntos aún oscuros de su intervención en esa cita, en la que se acumulan diferentes versiones, y no fue por falta de oportunidades. PP, Vox y Ciudadanos decidieron concentrar sus preguntas sobre este asunto. Le acusaron de “mentiroso” y exigieron su dimisión.

El ministro sí ofreció una versión bastante cruda de la motivación de su cita en Barajas en esa madrugada con Delcy Rodríguez: «Salvaguardar las relaciones entre países hermanos». Ábalos, incluso, intentó minusvalorar la relevancia de su papel en esa mediación: «Niego que hubo ninguna reunión formal, ni interés ni temas que tratar, ni yo soy nadie para llevar temas de ese calado». Y añadió en lenguaje llano una recreación de la conversación que mantuvo allí con la vicepresidenta venezolana: «Usted no puede entrar, lo sabe, continue su plan de viaje y no tengamos más problemas».

Ante la dureza final en la interpelación de la portavoz popular, Cayetana Álvarez de Toledo, que le reprochó haber perdido totalmente «la dignidad» por su mediación y por su falta de explicaciones este miércoles, Ábalos explicó que no quería aportar más detalles, «contar más cositas», precisamente para no estropear lo que se intentó arreglar aquella madrugada.

El ministro de Transportes contó en la sesión con el apoyo directo del presidente, Pedro Sánchez, y del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que negó haber dado cualquier orden arbitraria a la policía o la Guardia Civil del aeropuerto y recalcó que los agentes se limitaron a “cumplir la ley” para que Rodríguez no accediese a territorio Schengen. Marlaska tuvo que enfatizar esa posición porque la diputada del PP, Ana Belén Vázquez, le acusó en su pregunta de haber desautorizado y presionado aquella jornada a la policía para que no cumplieran con su deber y permitieran, según su versión, a Ábalos servir de «utillero» de mensajes enviados supuestamente a Rodríguez por el presidente Sánchez y el vicepresidente Pablo Iglesias.

El tono ya elevado de Vázquez marcó un punto de partida que superaron otras compañeras del PP, como María Valentina Martínez o Belén Hoyo, que arremetieron sin piedad contra Ábalos, especialmente por considerar que había mentido en sus distintas versiones de lo acontecido en Barajas. Ábalos, en sus réplicas, lamentó la falta de «lealtad» en estos temas de Estado del PP y les reprochó que usaran la polémica incluso para enredar en las complejas y delicadas relaciones de España con Estados Unidos y con los socios europeos.

El líder de Vox, Santiago Abascal, aprovechó la primera sesión de control desde septiembre para preguntar al presidente Sánchez precisamente sobre este polémico asunto, y se interesó particularmente sobre si Ábalos se reunió con Rodríguez en el avión y ya en Barajas por orden suya. Sánchez aprovechó para respaldar de nuevo a su ministro, como hizo cuando estalló el escándalo, con el argumento de que lo que hizo Ábalos fue “cumplir con su deber y evitar una crisis diplomática”. Abascal le acusó de mentir, de tener una “absoluta falta de escrúpulos”.

Pedro Sánchez respondió a Abascal con las palabras de Guaidó al marcharse de España tras su visita en las que agradeció «las buenas relaciones» con un país «aliado de la libertad» y fue ahí cuando denominó al presidente encargado como «líder de la oposición en Venezaula» y destacó que la posición del Gobierno sobre ese país «está bastante clara». Minutos más tarde, el ministro, ya en la interpelación, sí volvió a denominar a Guaidó “presidente encargado”. Y la diputada popular Álvarez de Toledo exigió una aclaración oficial de La Moncloa para saber quién tenía razón en ese caso sobre cómo considerar a Guaidó, el presidente o Ábalos.

Sánchez, como hizo Ábalos y más tarde la ministra de Política Territorial, reprocharon a sus interlocutores de distintos partidos del centro derecha la utilización de esos turnos de preguntas para hablar de otro país y no de los problemas en España.

Ese primer duelo de Sánchez y Abascal no agotó la posterior batería de preguntas de PP, Vox y Cs a Ábalos sobre el caso Delcy Rodríguez. El ministro insistió en que con su intervención evitó que Rodríguez pisara territorio Schengen como ordenan las sanciones impuestas por el Consejo Europeo. Además, y quizá lo más importante, el número tres del PSOE recordó que España tiene “relaciones con Venezuela” que restableció el Gobierno popular de Mariano Rajoy con el nombramiento de embajadores que aún se mantienen, como hacen otros países.

Al final de la sesión, en la interpelación de Álvarez de Toledo, la dirigente popular retomó todas las críticas anticipadas antes por sus compañeros de filas y arremetió contra la mediación que lleva a cabo en Venezuela el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero: “Un hombre que trabaja para una dictadura no merece ningún privilegio, hay que quitárselos. Zapatero es un hombre denostado, que deambula por los arrabales de la dictadura, sus invocaciones al dialogo son oxígeno para la dictadura, un mediador de parte”.

El broche a esta primera sesión de control fue bien sonoro. Desde las bancadas del PP los diputados gritaron a coro: «!Dimisión, dimisión, dimisión¡». Los socialistas se levantaron de sus sillones para aplaudir y tratar de amortiguar las exigencias del PP. Ábalos, a la salida, expresó su convicción de que el pleno había ido para él muy bien.




Fuente: El Pais

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