La gestión de Unidas Podemos de ministerios como el de Hacienda, Trabajo o Transición Energética, con personas «cercanas» a Pablo Iglesias encargadas de desafíos como la reforma de las pensiones, habría quitado el sueño a Pedro Sánchez. El presidente en funciones ha afirmado que «no dormiría por las noches» si hubiese aceptado las «imposiciones del secretario general de Podemos. A lo largo de la entrevista en La Sexta ha sido patente la ruptura de la relación de Sánchez con su socio preferente. Y cómo se ha profundizado desde la falta de consenso que se evidenció en la última ronda de consultas del Rey con los partidos políticos para que hubiera un candidato a la investidura.

El resultado de un Gobierno de coalición, ha insistido Sánchez, habría sido un gobierno «bicéfalo». «Hoy mismo tendría una crisis», ha afirmado el líder del PSOE, que ha pronosticado que la duración del primer Ejecutivo de coalición desde la Segunda República hubiera durado apenas unos meses. Como máximo hasta la votación de los Presupuestos del próximo año en el Congreso. La conclusión a la que Sánchez ha llegado, y así lo transmitió por la mañana a su ejecutiva, es que una coalición con Unidas Podemos sería también «inviable» después de la próxima cita electoral. El PSOE confía en reforzar la victoria de abril pese al temor en el aparato socialista a una desmovilización en el electorado de izquierda. 

«Hoy podría ser presidente del Gobierno, con plenas competencias, pero de un Gobierno de coalición en el que tendría que haber aceptado que perfiles [de Podemos y sus confluencias] con perfiles sin experiencia. Un Gobierno de coalición hubiera fracasado y hubiera habido elecciones e cinco o seis meses», ha sentenciado Sánchez, que ha incidido en cómo, pese a sus dudas, se abrió a una coalición con ministros de Podemos: «Yo tenía serias discrepancias pero al final acepté que tuvieran una vicepresidencia y tres ministerios. Pero lo rechazaron y dijeron que eran jarrones chinos». Con la investidura fallida del 25 de julio la posibilidad de un Ejecutivo de PSOE y Unidas Podemos dejó de ser una opción para el presidente en funciones.

El presidente comparte «el hastío, la frustración y la contrariedad» generalizado en la sociedad de unas nuevas elecciones pero ante todo ha expresado su preocupación por «la situación de interinidad y provisionalidad» que atraviesa España, que va a enlazar las cuartas elecciones generales desde 2015. Para “tener un horizonte de mayor estabilidad” frente a amenazas como un Brexit duro, la reacción del independentismo a la sentencia del procés y una ralentización de la economía  ha insistido en lograr una mayoría «más amplia» que la obtenida en las elecciones del 28 de abril.

Aunque ha concentrado sus críticas en Unidas Podemos, Sánchez también ha recordado la enorme distancia que separa al PSOE de Ciudadanos. Una lejanía provocada por el veto de Albert Rivera a los socialistas. Uno de los ejemplos más significativos que ha puesto ha sido la insistencia del presidente de Ciudadanos en aplicar el artículo 155 en Cataluña. «Ciudadanos pide la suspensión sine die de la autonomía de Cataluña y pacta con la ultraderecha de Vox», ha remarcado Sánchez en alusión a los gobiernos de coalición del PP y Ciudadanos en Madrid, Murcia y Andalucía que dependen del apoyo externo de los ultranacionalistas de Santiago Abascal. «Solo basta con escuchar a Rivera para saber que no hay muchas opciones», ha observado Sánchez sobre la viabilidad de un posible acuerdo con Ciudadanos. Este fue el sentir en el PSOE cuando a principios de semana Rivera sorprendió con su propuesta de una abstención conjunta con el PP. La conclusión a la que llegaron en Ferraz y La Moncloa es que Rivera teme un serio desgaste el 10-N por la fuga de votantes al PP y PSOE. Los socialistas están convencidos de que pueden crecer con un giro estratégico al centro si logran convencer al millón de votantes de centroizquierda que el 28-A votó a Ciudadanos y no comparten el bloqueo a los socialistas.  




Fuente: El Pais

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