Cuando se habla del legado soviético en la Rusia actual se suele mencionar el secretismo, la querencia por los líderes fuertes o la voluntad de restaurar la importancia global del país. Menos atención suscita un farragoso y obsoleto sistema de visados turísticos que ha puesto palos en las ruedas de esta fuente de ingresos. Ahora, en un contexto de sanciones occidentales y caída del PIB, casi tres décadas después de la desintegración de la URSS, y tras el exitoso experimento de apertura del Mundial de Fútbol de 2018, Rusia se dispone a llevar a cabo su reforma como vía para impulsar el crecimiento y los ingresos. El visado electrónico se pondrá en marcha el 1 de enero de 2021 en todo el país, tras su implantación como un proyecto piloto en tres ciudades desde hace tres años. «Nuestra meta es poder abrir nuestro país, que estuvo muchos años cerrado al mundo (…). Rusia ha pasado unos últimos 20 años muy duros y el turismo no era una prioridad. Ahora sí lo vemos como una prioridad», explica Zarina Dogúzova, la presidenta de Rosturizm, la Agencia Federal de Turismo de Rusia, en una entrevista con EL PAÍS en Madrid con motivo de una reunión del grupo de trabajo de turismo.

Las autoridades iniciaron el experimento en 2017 con un visado electrónico que permitía a ciudadanos de 18 países visitar durante ocho días únicamente la ciudad de Vladivostok, en la punta oriental del país. La iniciativa se amplió el pasado verano a Kaliningrado y a turistas procedentes de 53 países —entre ellos todos los que hoy forman parte de la UE— y, en septiembre, a la joya de la corona, San Petersburgo. Más de 300.000 personas han hecho uso de estos visados. La experiencia de la exención de visado a los asistentes al Mundial de Fútbol, en 2018, impulsó un 10% el número anual de visitas.

Pero los límites del experimento estaban claros. Pocos turistas se conforman con visitar solo una ciudad y los que desean recorrer el vasto país tienen que afrontar aún un trámite complejo y caro. Desde el próximo 1 de enero bastará con rellenar un formulario por Internet en el Ministerio de Exteriores, al menos cuatro días antes de recibir el visado. No hará falta, como ahora, invitación de un anfitrión o comunicar el registro en el hotel, que proporcionará directamente la información a las autoridades. “Sabemos que el visado es una de las cuestiones más duras. Las personas modernas quieren viajar libremente, cruzar las fronteras y hacer sus vacaciones con el mínimo de obstáculos y entendemos que, si queremos dar un paso adelante, necesitamos hacer algunas cosas que son una tendencia en todo el mundo, como es facilitar los trámites de visado. No fue una decisión fácil para el Gobierno, para el presidente”, admite.

La duración del visado pasará de los ocho días del proyecto piloto a 16, lejos aún de los 90 del visado para el espacio Schengen de libre tránsito, en el que se encuentra España, y de los propios 30 días de la mayoría de visados rusos presenciales. Dogúzova defiende que se trata de un primer paso y espera que el listado definitivo de países, aún en estudio, supere los 53 de los proyectos piloto, del que están fuera Estados Unidos («querría muchísimo que más americanos visiten Rusia, porque es uno de los mercados que menos conoce Rusia, pero no es tanto un tema de seguridad como de tener el mismo régimen de visados», señala) y el Reino Unido, con el que Moscú vivió en 2018 una crisis diplomática por el envenenamiento con un agente químico del espía Serguéi Skripal, que Londres atribuye al espionaje militar ruso y que llevó a la UE a estrenar contra Moscú el régimen de sanciones por ataques químicos. La presidenta de Rosturizm calcula que la implementación del visado electrónico nacional elevará en 2021 el número de turistas entre un 30% y un 40% respecto al presente año.

Hace una década apenas 158.000 chinos visitaban Rusia. Hoy suponen la mayor parte (19%) de los cinco millones de turistas que visitaron el país en 2019, un quinto más que el año anterior. Los grupos turísticos chinos de hasta 50 personas están exentos de visado y las autoridades han contratado personal para aeropuertos y estaciones de ferrocarril que dominan su lengua. Rusia y China comparten frontera y sus presidentes, Vladímir Putin y Xi Jinping, mantienen una buena relación política y personal. Ambos han ido estrechando en los últimos años su alianza estratégica, ejemplificada en la inauguración el pasado diciembre del macrogasoducto Power of Siberia, para compensar las dañadas relaciones con Estados Unidos y Europa.

La apertura al turismo chino no ha gustado, sin embargo, a todos. La viceministra de Cultura, Alla Manílova, ha propuesto destinar días específicos para visitantes extranjeros en los lugares más populares. “Nuestros turistas no pueden entrar porque lo están haciendo los grupos de chinos», lamentó Manilova en referencia a Tsárskoye Seló, la famosa villa de los zares cerca de San Petersburgo, en declaraciones recogidas por la agencia Interfax.

El obstáculo del coronavirus

Recientemente, el coronavirus se ha interpuesto en el impulso turístico. Moscú prohibió la semana pasada el ingreso de ciudadanos chinos, tras revertir temporalmente la exención de visado para sus grupos turísticos y apartarlos del proyecto piloto en San Petersburgo, Kaliningrado y Vladivostok, ciudad situada a apenas unas decenas de kilómetros de la frontera que comparten. «Es muy temprano para hablar de cifras porque aún no es temporada alta. Dependerá de cómo se desarrolle la situación. La mayoría de turistas chinos vienen en primavera y en verano. Vemos que los turoperadores están preocupados, pero la situación no es dramática», argumenta Zarina Dogúzova. La Asociación de Turoperadores de Rusia ha cifrado en 90 millones de euros las pérdidas que puede sufrir el país si el flujo turístico chino no se recupera para finales de marzo, mes pico de la temporada. «Yo soy optimista, ella pesimista», responde Dogúzova. Inicialmente se esperaba la llegada de 130.000 turistas chinos en el primer trimestre del año.




Fuente: El país

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