El 26 de junio del 2014, el Congreso de los Diputados despidió puesto en pie al entonces líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que acababa de pronunciar su último discurso en ese foro, tras 21 años de dedicación a la labor parlamentaria. Jesús Posada (PP), que presidía la Cámara, le dedicó una palabras para destacar que durante esa larga etapa le había dado “categoría y altura” a la función del diputado. Las crónicas de la sesión destacan que el aplauso del Congreso duró un minuto.

De forma simbólica, esa larga ovación se repitió ayer desde todos los ángulos del espectro político, resaltando la dimensión institucional de la figura del dirigente socialista desaparecido. Ese “sentido de Estado” le acompañó siempre durante todas las etapas de su larga trayectoria, y en todas las responsabilidades políticas que desempeñó, también, y singularmente, en relación con Catalunya.





Poco más de dos meses antes de su despedida como diputado, Rubalcaba actuó como portavoz del PSOE en un debate de especial importancia, en el que volcó su ideario sobre la cuestión catalana. Fue el 8 de abril del 2014, con ocasión de la presentación en el Congreso de la proposición de ley orgánica del Parlament para la delegación a la Generalitat de la competencia para autorizar, convocar y celebrar un referéndum sobre el futuro político de Catalunya. Ese proyecto lo defendieron en la tribuna de oradores del Congreso Jordi Turull (CiU) –hoy en prisión provisional y procesado por el supuesto delito de rebelión por el 1-O-, Marta Rovira (ERC) –que marchó a Suiza al comienzo de este procedimiento judicial- y Joan Herrera (ICV-EUiA), alejado a su vez del primer plano de la actividad política.


Rubalcaba se manifestó en contra de la propuesta del Parlament de un referéndum que “es jurídicamente consultivo pero políticamente vinculante”

Se habían producido ya algunas de las manifestaciones de la Diada más numerosas de los últimos años, y Rubalcaba empezó por reconocer que existía un problema grave en las relaciones en Catalunya y el resto de España. Y admitió que en gran medida ello se debía a la existencia de una “frustración estatutaria”, por la sentencia que el Tribunal Constitucional (TC) había dictado en el 2010 recortando la reforma del Estatut que las Cortes habían aprobado, tras una primera operación de rebaja del texto.





Rubalcaba habló en varios momentos de “los socialistas de Catalunya y los socialistas de España”, para sostener que proponían una amplia iniciativa de diálogo con objeto de cerrar esas heridas. Y pidió que desde Catalunya se reconociera a la vez que las cotas de autogobierno alcanzadas eran las más altas, nunca antes alcanzadas. La receta que defendió el portavoz del PSOE para consolidar esas competencias fue la de una reforma de la Constitución, pero no para permitir un derecho a la autodeterminación que –dijo- no ha regulado ningún país de democracia avanzada, porque tal reconocimiento sólo sería una fuente de inestabilidad permanente.

Las tesis centrales de aquel discurso siguen siendo, en esencia, el núcleo del pensamiento del PSOE en materia constitucional y territorial. De ahí su especial relevancia, aparte de reflejar algunos de los principios por los que siempre se guió la acción política desarrollada por Rubalcaba en los cargos que ocupó. El dirigente socialista subrayó su pertenencia a una generación que había querido romper con la España uniforme precedente, la de la dictadura, una España –dijo- “en cuyo nombre se perseguían las identidades, las culturas y las lenguas”. Frente a ello, su generación y en particular el PSOE apostó por una Constitución “en la que por primera vez en nuestra historia se respetan los derechos de los pueblos de España, una Constitución en la que los españoles ponemos por delante la unión a la unidad”.






“No soy capaz de imaginarme –dijo- un futuro mejor que aquel que representan una Catalunya comprometida con España y una España que entiende y quiere a Catalunya”

Esa idea de unión provenía para Rubalcaba de una idea de comunidad. Al preparar el discurso –afirmó- “he pensado en aquellos catalanes que nunca sentirán como extranjeros a Antonio Machado o a Miguel Hernández”. Rubalcaba, que había participado en muchas negociaciones con las fuerzas políticas nacionalistas, abogó por “una Catalunya comprometida con España y una España que entiende y quiere a Catalunya”. Pero siempre sobre la base de un proyecto compartido. Su propuesta de reforma de la Constitución era, en suma, para seguir juntos, y no para regular el modo en que facilitar la separación. De ahí que fuera rotundo, taxativo, en su negativa a considerar fórmulas para desarrollar la idea del derecho a decidir, como vía para la ruptura entre Catalunya y España. Su tesis fue que “no cabe” en la Constitución “preguntar a unos cuantos por aquello que corresponde a todos”. Y añadió: “Lo que no cabe es hacer un referéndum autonómico con una pregunta que afecte al conjunto de los ciudadanos españoles”.

Esta tesis ha sido la que el Tribunal Constitucional ha recogido luego en múltiples sentencias sobre el conflicto catalán, la de que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, y no puede parcelarse, de modo que una parte del país decida sobre cuestiones que, como su propia unidad, atañen a todos los ciudadanos, pertenezcan a la comunidad o territorio que pertenezcan. Por ello se manifestó en contra de una consulta como la que se proponía al pueblo de Catalunya, por entender que se trataba de “un referéndum que es jurídicamente consultivo, pero que es materialmente constituyente”, y que por eso mismo “nos afecta a todos”, y no sólo a los ciudadanos de Catalunya.





Pero para no quedarse en la simple negativa en la delegación de competencias que solicitaban los representantes del Parlament para convocar un referéndum, Rubalcaba terminó su intervención subrayando la voluntad del PSOE de promover un proceso de revisión de normas, empezando por la propia Constitución, para facilitar un nuevo encaje de Catalunya en España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no está diciendo cosas muy distintas cuando aboga por la celebración de un referéndum “sobre el autogobierno”, pero no sobre la autodeterminación, en Catalunya.

Para Rubalcaba, lo esencial era huir del “inmovilismo ineficaz”, pero sabiendo que “hay millones de españoles” que tampoco “quieren un futuro para sus hijos de ruptura entre Catalunya y España”. Rubalcaba acudió finalmente a una cita del expresident Tarradellas cuando al regresar a Catalunya después de un largo exilio, dijo dirigiéndose a los “ciudadanos de Catalunya” que “quisiera que en estos momentos de gozo y responsabilidad pensaseis que tenemos otros deberes fuera de Catalunya”, para añadir que “nosotros tenemos que ser la avanzada del bienestar, de la prosperidad y de la democracia de todos los pueblos de España”.

Todo ello fue posible –dijo el portavoz socialista- porque “existía una Catalunya que pensaba en España y existía una España que sabía que tenía que recoger los anhelos de Catalunya, porque si no sería una España incompleta”. Para Rubalcaba, en suma, esa labor de puente y mutua comprensión era imprescindible, a sabiendas de que hay “una España capaz de renovarse” y de afrontar una reforma constitucional, idea que dijo defender como “proyecto de futuro” y con la seguridad de que era “la mejor forma de servir a mi país”.








Fuente: LA Vanguardia

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