Eran las 16.30 de la tarde y Rosalía estaba sola sobre el escenario vacío del WiZink Center preguntando reiteradamente por los graves de su voz mientras en la calle todo es una extraña combinación de ilusión y tensión. Faltaba poco para el colofón a un año memorable. Todo el éxito que ha cosechado en los últimos 12 meses la que actualmente es la cantante española más internacional y reconocida también se tradujo hoy en una enorme expectación antes de su último concierto del año. Horas antes de su actuación en Madrid, la última de la gira de El mal querer, el disco que la catapultó a la fama global, pasando de ser una artista del circuito independiente español a codearse con estrellas planetarias como Dua Lipa, J Balvin o Pharel Williams, el WiZink Center era un hervidero de nervios.

En los alrededores del pabellón, las colas de fans se multiplicaban mientras famosos de toda condición acudían a la cita, desde el ministro de Cultura en funciones, José Guirao, a futbolistas del Real Madrid como Sergio Ramos o Marcelo, pasando por caras conocidas de la farándula española como Belén Esteban o influencers como Melissa Villarreal y Grace Weber.

Entre una multitud de jóvenes, se encontraba la primera de la fila Esther, que llegó un día antes del concierto al WiZink Center. Acompañada de su primo, esta chica de 21 años se puso con su macuto frente a la puerta del recinto el lunes a las 11 de la mañana. Estuvo unas 36 horas haciendo cola, ataviada con sacos de dormir, mantas, gorros y pijama. “Forrada”, comentaba. Su primo se fue a trabajar a primera hora del día ayer y volvió por la tarde para el concierto. Nunca habían dormido en la calle por ver a ningún músico, pero con Rosalía no hubo duda. Esther contaba que escuchar la canción Malamente le cambió la vida. “Lo que más me gusta de ella es el ritmo que tiene. Te motiva y te incita a bailar”, explicaba con su abrigo rosa y cubierta por una manta.

Sergio y Rodrigo tienen ambos 18 años y llegaron ayer a las 6.00 de la mañana. Sergio conoció a Rosalía después de que su prima le mandase un vídeo al poco de publicar El mal querer. “Vi a la persona con más personalidad que había visto nunca”, afirmaba. Le hizo fan a Rodrigo, que se cautivó por ella por su forma de relacionarse con sus seguidores en Instagram. “Es lo más. Lo que pasa que, cuando en esta vida alguien tiene fama y triunfa por sí mismo, lo mejor es criticar por envidia”, aseguraba. “Nadie la conoce de verdad”, añadió Esther, sentada por delante de ellos en una fila donde los fans, abrigados hasta las cejas, comían sándwiches y patatas fritas, jugaban a las cartas, se maquillaban como Rosalía y escuchaban sus canciones por altavoces portátiles. “Malamente y buenamente. Estamos aquí porque ella es la mejor y nos hace sentir mejores personas”, gritaba Adela, una chica de 25 años, profesora particular que llegó a las 9.00 de la mañana, saltándose por un día su habitual rutina de dar clases de refuerzo escolar a niños.

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La cantante de Sant Esteve Sesrovires, nominada a dos Grammy como mejor artista y mejor disco latino de música urbana en los premios que se concederán el próximo febrero, se despedía por una temporada indefinida de los escenarios tras un tour imparable, que la ha llevado a los principales festivales españoles como el Primavera Sound, Mad Cool y BBK, pero también internacionales como el Coachella o Lollapalooza, así como a galas como la de los Goya, Los 40, MTV Awards o los Grammy Latino.

En las pruebas de sonido, en un WiZink Center vacío, Rosalía se preocupaba de los últimos detalles. “Esos graves oscurecen mi voz”, repetía una y otra vez, sola sobre un escenario que luego estaría repleto de luces y con un aforo lleno. Ella revisaba los graves mientras tanto, afuera, en la calle, todo el mundo era ajeno a la inquietud de una artista que ha protagonizado una hazaña incomparable en la historia de la música española, todavía no asimilable por ella, pero, a decir verdad, por nadie. 




Fuente: El país

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