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Roosevelt apaga las luces de neón


Con su primer álbum homónimo, Roosevelt parecía reivindicar un sonido electrónico de los 80, una producción reconocible que encandiló a nuevos y veteranos. Lo que pasa que Marius Lauber, el DJ que está detrás del nombre de presidente de EE UU, nació en 1990 y cuando se planteó el segundo disco no pretendía continuar con el ejercicio de estilo. «Quiero establecer un sonido pero sin repetirme. Para mí era necesario explorar en otras direcciones, buscar un enfoque diferente. La clave era mantener algunas cosas de las que le gustan a la gente del sonido de Roosevelt pero empujar los límites un poco», cuenta el artista alemán en la cafetería de un hotel madrileño, con un chándal «vintage» y una gorra ciclista del Tour de los años 80. Por eso, quizá, le ha quedado un disco menos bailable que el anterior. «Sí, en conjunto puede que me haya apartado algo de la pista de baile y las luces de neón. Creo que es algo que sí pretendí conscientemente, salir del beat electrónico y hacer el sonido más abierto, como en ”Losing Touch” o ”Better days”. Este álbum me parece que está más anclado al suelo. Pero hay momentos de baile. No quería ir en una dirección, sino hacer un trabajo diverso», explica.

Acento alemán

Para eso, hizo convivir los dos universos de sus influencias: «Siempre fue la idea para mí con Roosevelt mezclar los ”beats” con las guitarras, aunque la mayor parte del tiempo ya no pienso en ello, era una especie de guía o de idea general que ya tengo interiorizada. Pero como Dj, el aspecto físico siempre ha sido vital. Yo quiero hacer a la gente que baile, y también quiero que las melodías les emocionen. Son dos mundos que me gusta que estén unidos». Y todo con un cierto acento alemán, casi imperceptible: «Sí que lo tengo, en el sentido de que la música electrónica es la esencia de Colonia, pero siempre trato de llevarlo más allá. Hay una escena de clubes de electrónica muy fuerte en mi ciudad, hay buenos Dj’s, y eso es lo que creo que me ha influido. Y bueno, está la tradición: Kraftwerk o Can, por ejemplo, siempre me han gustado, de toda la vida he tenido mucho interés en cómo concebían las canciones». ¿Y el «krautrock»? «Bueno, si no han tenido un influjo decisivo en mi música, porque no puedo decir que haya mucho de esa escena en mi disco, sí que me enseñó algunas cosas. Me fascinaba cómo esos grupos eran capaces de tocar beats de mono-tono durante 10 minutos, como una repetición de disco rayado. A ellos no les importaba hacerlo y siempre me interesó su valentía y su originalidad. No sé cuánto, pero siempre han tenido un efecto personal en mí», explica Lauber. Líricamente, el disco se sitúa en el final de la adolescencia. «Cuando todo es nuevo», apunta. Bueno, y cuando uno suele llevarse un desengaño. «Igual de eso no hay mucho, pero siempre está en el pop de una forma u otra, en todas las canciones». ¿Y quién es esa «Lucía» del disco? «Me temo que no puedo decírtelo». Porque es alguien real, ¿no? «Vale, sí que puede que haya algo de desengaño también en este álbum».




Fuente: La razon

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