Deporte

Ronaldo señala a Cardiff


Hay gente que puede elegir su destino, que tiene la capacidad y la habilidad de hacerlo, gente como Cristiano Ronaldo. Se le ha metido en la cabeza que hay que estar a principio de junio en Cardiff y no hay nada que hacer para los rivales porque no hay en el mundo rematador como él. De cabeza, a cañonazos o con el interior del pie, apuñaló tres veces al Atlético y puso en el horizonte blanco la segunda final consecutiva.

A la media hora de partido, el Atlético se palpó y para sorpresa suya y de casi todos, seguía con vida. Había pasado una tormenta por encima y se había escapado por los pelos. Sólo llevaba un gol en contra y podía contar que había obligado a Keylor Navas a hacer una intervención decisiva ante Gameiro. Porque durante gran parte de la primera mitad, el conjunto de Simeone fue achicando agua, como un náufrago ante la marea, intentando sobrevivir, a ver si en algún momento le llegaba la luz. No le llegó y necesita un milagro en el Calderón. No se dejó la vida, pero en el Bernabéu se dejó casi todas las esperanzas de pasar. Puede ser la cuarta vez consecutiva que le echa su vecino, el enemigo.

El Madrid del plan A, con Isco, se puso el traje de etiqueta para zanjar cualquier debate: así se juegan los partidos grandes, así se abren los caminos hacia las finales de la Copa de Europa. Un encuentro con personalidad, con el balón y empujando al rival, al temido rival, hacia su portería, buscándole por las bandas y sin permitirle respirar. Una tormenta, un partido al tono de esa camiseta, que ha hecho de la Champions su sentido de existencia. Fue un Madrid sin desmayos, sin que nada desentonara, que sólo dejó jugar al contrario cuando tomó aire para descansar o quizá para engatusarle, como en la segunda parte, cuando parecía que el Atlético había despertado y tenía un poco más la pelota, pero lo que de verdad sucedía es que caminaba hacia la despedida.

Pudo el Madrid correr, tuvo más espacios y sin la presión de la primera mitad, sin el agobio constante con el que había sometido al rival, despachó el partido y casi la eliminatoria.

Fue un equipo armónico, que quiso la pelota y que tuvo paciencia y hambre, una mezcla demoledora. Isco la pedía en corto y la devolvía en corto, Modric recuperaba la electricidad y conducía al equipo por los lugares donde sabía que hacía daño. Casemiro se lo tomaba con calma y Kroos siempre sabía hacia donde había que poner la pelota.

Y luego está Ronaldo, que dice que esta temporada se ha planteado otra preparación física para llegar fresco al final de la campaña y que debería patentarla. En el minuto 10 apareció en donde no le habían detectado para aprovechar el pase picado de Casemiro y poner al Madrid por delante. Uno de los grandes temores del Real Madrid era adelantarse y no recibir un tanto. Cumplió con todo. Apabulló al Atlético y no le faltó el gol. Hizo uno y pudo marcar otros dos en ese ataque infinito, pero Oblak volvió a demostrar que es un portero de clase mundial. Le sacó un tiro a Carvajal y después un balón abajo a Varane, casi imposible de parar. Ronaldo no remató mucho más porque en estas fechas ha mudado a un jugador que también se preocupa por otras cosas del juego. Y también porque se guardaba para la segunda parte.

Fue ahí cuando el Atlético pudo salir de la cueva y aparecer en el campo rival. Antes lo había intentado con Carrasco y alguna vez Filipe Luis, pero sus prestaciones habían sido escasas. Simeone pidió a los suyos dar un paso adelante, porque un gol era oro. Sacó a Gaitán, a Correa y a Torres para dar otro aire a su equipo y pareció despertar un rato. Sin apenas peligro, nada afilado, al menos vivía ya más lejos de su área y podía mover un poco la pelota.

El Madrid, en cambio, esperaba: el esfuerzo en la primera mitad había sido excesivo y había que guardar. Además faltaba Carvajal, lo que quitaba profundidad al equipo. Aunque lo que estaba haciendo el Madrid era preparase para matar. Sólo había que buscar a Ronaldo para apuntar a Gales, a la Champions, su destino.




Fuente: La Razón

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