El fichaje de Ángel Garrido, presidente de la Comunidad de Madrid, era el golpe de efecto que tenía preparado Albert Rivera para el sprint final de la campaña. Ahora se entiende mejor su comportamiento en los debates televisados del lunes y el martes. Salir en tromba, captar constantemente la atención del público, transmitir una imagen eléctrica, desdibujar a Pablo Casado y al día siguiente pegarle una puñalada por la espalda con la adquisición a precio de saldo de un hombre sin …




Fuente: LA Vanguardia

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