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Rigola, ¿perjudicado por el 155?


Hace algo más de un mes comentaba una peculiar dimisión del responsable de uno de los centros culturales más importantes de España. Àlex Rigola dejaba, aparentemente por voluntad propia, la dirección de los Teatros del Canal. Bien es cierto que su responsabilidad era compartida con Natalia Simó y la propia consejería de cultura de la Comunidad de Madrid ya que, tras la dimisión de Albert Boadella, se decidió crear tres áreas, una para cada una de las diferentes salas del edificio. Curioso, Boadella, claramente en contra del independentismo, decidió abandonar el Canal al vencer su contrato y, un año después, quien lo hacía era Rigola, supuestamente próximo a la CUP, aduciendo la brutalidad de las cargas policiales durante el polémico referéndum catalán. Declaró que ni es independentista ni estaba a favor del referéndum, pero colocó en sus redes sociales una foto en la que aparecía votando e incorporó un texto con su opinión personal. Obviamente una incongruencia: ¿qué hacía votando en un supuesto referéndum sobre la independencia si no creía ni en uno ni en otra? Pero más curiosa era la forma de dimitir: en diferido. Seguiría cobrando su sueldo durante nueve meses y dejaría programada a su sucesor la temporada de su primer año, atándole las manos. Escribí entonces que, en casos pasados, eso ha significado irse tras dejar colocados a los amigos en la programación y que esto no podía permitirse. Terminaba: «No es serio: si decide dimitir, lo hace y se va». Así lo entendió, al parecer, Cristina Cifuentes abortando sabiamente más tarde la dimisión en diferido. Todo lo que sigue a continuación no deja de ser una fantasía menos musical que las de Liszt, pero dejemos volar la imaginación. Se ha especulado en diversos medios que podría haber otras razones a la dimisión en diferido de Rigola. En concreto, que podría haber tenido en la cabeza ser nombrado, pasados esos nueve meses remunerados, próximo director del Teatro Nacional de Cataluña, que dirige desde 2013 Xavier Alberti. En julio de ese año cumplirá cinco años el contrato de Alberti y podría estar pensándose un cambio, que aprovecharía Rigola. Sin embargo, las cosas se han complicado con el 155 y con la convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. ¿Qué sucederá si quienes apoyarían a Rigola ya no ostentan el poder? Pudiera ser que, como reza el refranero popular, él se quedase descompuesto y sin novia. ¡Las vueltas que puede dar la vida! Menos mal que Àlex Rigola es un profesional valioso y no le será difícil encontrar otro buen acomodo, pero ¡ay cómo sería en otros casos! Lo que aún nos queda por saber es en quién confiará ahora la Comunidad de Madrid los destinos artísticos de los Teatros del Canal y si reconsiderará la absurda división de responsabilidades existente.




Fuente: La razon

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