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Ricardo de la Torre, el estilo como vocación | ICON


Ricardo de la Torre tiene un don: puede enfrentarse a cualquier espacio vacío y visualizarlo completamente terminado. Hasta el último detalle. “Siempre ha sido una vocación”, explica este arquitecto de interiores nacido en Albacete y poseedor de una intensa mirada. “Mi padre era ingeniero de caminos y constructor y de pequeño, como yo era muy curioso, le acompañaba a los espacios en los que trabajaba. Siempre me imaginaba cómo podrían ser una vez acabados. Por eso, aunque estudié arquitectura, acabé haciendo arquitectura de interiores. Veo un espacio vacío y ya visualizo lo que quiero hacer con él. Era algo vocacional”.

“Siempre pasa: te fijas en los detalles, los materiales… y no puedes evitar pensar que tú hubieses hecho otra cosa”

Esa vocación le ha llevado, además de a ser uno de los grandes interioristas de la actualidad, a convertirse en uno de los más versátiles. Porque Ricardo se encarga absolutamente de todo el proceso. “Yo hago desde la obra o escoger los materiales hasta elegir las velas. Escojo el olor, la vajilla, incluso a veces le lleno el ropero al cliente… Lo que hago se podría llamar llave en mano”. También está acostumbrado a todo tipo de proyectos, desde las viviendas hasta edificios residenciales u hoteles. Precisamente, ahí reside uno de sus proyectos soñados. “El hotel que tengo en mente aún no ha salido, no he encontrado ese cliente”, cuenta. “Me imagino un edificio clásico, como un palacio, elegante y clásico pero también moderno. Con mucha vegetación, como un jardín botánico”.

Para Ricardo, su profesión abarca muchos más aspectos que el meramente estético, aunque este sea capital. “En lo que hago siempre hay un elemento de psicología muy importante”, asegura. “A veces trabajas para matrimonios que no tienen nada que ver en cuanto a gustos. Tienes que llegar a un punto que combine las preferencias de ambos y que funcione, que sea coherente. Y hay que saber adaptarse al cliente, pero también tienes que saber jugar e intentar llevarle hacia donde tú quieres”. Ese juego constante, además, ofrece frutos inesperados: “Cuando trabajas con viviendas, casi siempre te acabas haciendo amigo del cliente”, confiesa.

La vida está en los detalles

El Talisman, la berlina familiar de Renault.

Con una profesión como la suya, Ricardo está habituado a fijarse en todo. Cada vez que entra a una habitación o un restaurante, no puede evitar dejarse llevar por la mirada, para lo bueno y para lo malo. “Siempre te pasa”, asume, “te fijas en los detalles, los materiales… y no puedes evitar pensar que tú hubieses hecho otra cosa”. Eso también le sucede con otra pasión, la del automóvil. “Lo que me hace fijarme en un coche es el diseño, sobre todo”, dice tajante. “A mí me encanta conducir, me gusta que el coche sea potente y fiable, pero la estética es lo principal”. Por eso el Renault Talisman es una apuesta segura. “Me gusta que el exterior sea oscuro y jugar con interiores en un color más claro”, explica para destacar sus asientos de cuero calefactados, cómodos y elegantes por igual.

La comodidad en la conducción, gracias a un sistema 4Control que se adhiere a la carretera, es perfecta para una de sus escapadas favoritas. “Me encanta ir a Comporta, en Portugal. Voy siempre que puedo y lo hago conduciendo. Me gusta pasar por Lisboa, que es una ciudad que me enamora, y luego ir por la costa, visitar las playas…”, enumera. Pero no solo de viajes vive el conductor, y otra de las características que más aprecia del Renault Talisman se encuentra en sus opciones de conectividad. “Es algo fundamental para los autónomos como yo, que trabajamos con el teléfono”, relata. En ese aspecto, el sistema multimedia R-Link2, que vincula el smartphone a la pantalla táctil del automóvil, permite tener todo un mundo al alcance de un dedo. También, claro, la música que elija su conductor. “Yo me quedo con música electrónica, pero tranquilita”, aclara de la Torre.

Antes de despedirse, Ricardo nos confiesa cuál es su talismán en la vida. En este caso son varios: “Mira todas estas pulseras”, dice mostrando la muñeca. “Son todas regalos de amigos y todas tienen un significado para mí. Por ejemplo, esta que tiene un número 13 hace referencia al día en el que nací”. Ahora le esperan nuevos proyectos, dentro y fuera de España, entre restaurantes, viviendas o complejos residenciales. Y, quién sabe, quizás algún día ese hotel con el que fantasea.

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Fuente: El país

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