Para proseguir con el artículo de la semana pasada, el problema de generalizar la realización de resonancias de próstata rápidas en todos los hombres para el estudio del cáncer de próstata es que, todavía hoy, ni las resonancias de próstata más completas, las multiparamétricas, detectan el cien por cien de todos los tumores, lo que obliga a someter a los pacientes a pruebas adicionales.

La búsqueda de pruebas de imagen más precisas para mejorar el diagnóstico de esta neoplasia se debe a que el análisis rutinario de PSA (antígeno prostático específico) conduce a un sobrediagnóstico del cáncer de bajo riesgo, con una tasa de mortalidad inferior al 1%: esta situación condiciona la vida de los pacientes con tratamientos innecesarios creando un estado de ansiedad importante.

La resonancia de próstata constituye una prueba muy valiosa tanto para la reducción de exceso de diagnóstico de tumores de bajo riesgo como para señalizar las zonas más sospechosas de tumor en la próstata cuando se realiza una biopsia.

Otra ventaja de la esta prueba de imagen reside en su capacidad para medir con precisión el volumen de la próstata. No supone lo mismo un PSA elevado en una próstata de gran tamaño que la misma cantidad de antígeno prostático específico en una órgano pequeño. Cuanto mayor es la próstata, mayor producción de este antígeno se da.

Así, en la cirugía de la enucleación de próstata por hiperplasia resulta característico una disminución significativa del PSA tras eliminar el gran volumen de próstata obstructivo.

Otro factor que tendrá que resolverse en la realización masiva de resonancias de próstata es reducir el coste de la prueba que es sustancialmente más alto que la mamografía.

Las dos piezas que faltan y habrá que ver en el futuro son: la manera de hacer que funcione a gran escala económica y cómo hacer frente al aumento de cánceres de próstata de bajo grado.

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Fuente: La Razón

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