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Residente, geopolítica y genética


ueden ustedes hacerse la prueba y se sorprenderán. Los marcadores genéticos que aparecen en los test de ADN confirman, por si había alguna duda, que todos somos mestizos. En el caso de René Pérez Joglar (San Juan de Puerto Rico, 1978), alias Residente, los apellidos hablan a gritos de un componente ibérico (el segundo, muy catalán), pero el viaje hasta este día ha sido largo. Cuando Residente se hizo el test, el resultado incluía rastros mongoles, chinos, osetios y, por supuesto, africanos. «Fue una revelación conocer toda esa mezcla de orígenes. Aunque ese es nada más el punto de partida, el aprendizaje real llegó después», explica. El resultado puede verse y escucharse en un disco y un documental que traen al rapero de gira por España. Apunten: 7 de julio en la localidad malagueña de Torre del Mar (Weekend Beach Festival), el 8 en Barcelona (Cruilla Festival), 14 en Cartagena (La Mar de Músicas), 15 en Madrid (Río Babel) y 21 en el embalse oscense de Lanuza (Pirineos Sur). De esta manera, dio comienzo el viaje. Primero, hasta la ajena estepa siberiana. Al encuentro con pueblos nómadas. Después, al Cáucaso con las heridas abiertas de una guerra tan cruel como ignorada en Europa. Más tarde, a África, y así, haciendo parada en cada estación de su genoma. Y en cada una, Residente escribió una canción con el eco del lugar. «Yo no sabía cuál sería el resultado. De hecho, el proyecto cambió varias veces. Primero se iba a centrar en mi proceso creativo, pero me encontré con historias tan poderosas que dejamos eso de lado y nos centramos en lo que había alrededor», explica el puertorriqueño de promoción en Madrid.

Sexualidad y polución

En cada lugar, Residente tenía una idea preconcebida que generalmente saltaba por los aires al encontrarse con los locales. En China, por ejemplo, el tema de la canción iba a ser la sexualidad. Quería que una prostituta cantase un tema sobre mil millones de habitantes. Pero no la encontró. «No. Al final dimos con una chica que cantaba en un club de alterne. Sin embargo, cuando pisé China, me di cuenta de que el tema de la canción tenía que ser la contaminación. Ése es el peligro real».

También en Osetia, de donde algún antepasado de Pérez Joglar procedía, cambió de ideas. «Encontramos a un niño que espontáneamente se puso a contarle a la cámara lo horrible que era la guerra, el sufrimiento que le había hecho pasar. El chico se pone a llorar por la muerte de su padre. Eso también teníamos que incluirlo», concede Residente. En otros casos, la colaboración es más buscada, como en el caso del guitarrista Bombino, el tuareg que hace blues en el desierto. «Yo conocía su trabajo y fui a buscarle. Es un artista increíble que representa a un pueblo en conflicto», dice. Así es como, en cada capitulo, en cada corte del disco, aparece la especialidad de la casa: la arenga, la movilización de conciencias. «Creo que la música tiene ese poder. Y a mí es una preocupación que me nace de forma natural», señala.

Lo que está menos documentado, o en realidad, nada plasmado, es su herencia española. «Cierto. Porque en mi caso es tan evidente… yo ‘‘supertengo’’ (sic) herencia española, pero era menos curioso que tratar todas las demás sangres que uno lleva dentro y no conoce. Me llevaría un disco entero hablar de mis raíces españolas». Entre tanta denuncia de colonización, hay quien podría pensar que Residente se ha apropiado para su beneficio del trabajo de estos artistas: «Todo lo contrario. Estaba difundiendo su cultura. Y, además, a algunos les di un porcentaje de las canciones, y eso que ni siquiera fueron compositores, pero por usar sus voces. Lo hice en varios sitios porque sentí que hicieron un esfuerzo aunque ninguno escribió ni compuso. Yo les di un porcentaje y es difícil hasta saber cómo hacerles el pago porque no tienen nada».




Fuente: La razon

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