Los pacientes de COVID-19 deberían ser sometidos a una nueva prueba diagnóstica del virus al menos cuatro semanas después de la aparición de los primeros síntomas, a fin de confirmar que ha desaparecido y minimizar así el contagio, dice un estudio publicado este miércoles por la revista «BMJ Open».

Los autores, radicados en la región italiana de Emilia Romaña, advierten de que, según su análisis, el SARS-CoV-2 «tarda una media de 30 días en desaparecer del cuerpo tras el primer test positivo y de 36 después de la aparición de los primeros síntomas», mientras que «aún se desconoce hasta qué punto una persona es infecciosa durante la convalecencia».




Fuente: Agencia Efe

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