Uncategorized

“Rechazo todo, incluso el poder político, que no se haga con amor”

consultor seo


Diego Cantero (Murcia, 1982) comparte amistad y credenciales con otros artistas que han revitalizado la canción de autor en España, como Rozalén, Andrés Suárez, Marwan y otros músicos que le han quitado la naftalina a la palabra cantautor. Ahora publica «El observatorio», su cuarto disco en solitario tras el éxito de «Dual», compuesto de colaboraciones. El álbum le lleva de gira por Barcelona (7), Valencia (9), Alicante (15), Palma (16), Sevilla (22), Granada (23), Valladolid (29) y Madrid (30) por sólo citar las fechas de marzo.

–¿Cuál es el leit motiv del disco?

–Buscaba transmitir todos los estados de ánimo del ser humano, aunque es más fácil escribir canciones cuando estás de bajón que cuando se supone que estás celebrando la vida, y sin embargo he querido escoger todas las luces y sombras y momentos que forman parte del ser humano, basándome siempre en lo pequeño, en mirar cosas concretas y pequeñas pero nada universales. En los pequeños detalles hay más universalidad que en el cielo y las estrellas.

–¿Se lo planteó como un ejercicio de estilo?

–Ha sido completamente anárquico. Quería sentirme libre después de 20 años en la música y busqué en el corazón y es lo que he hecho, escribir sin cortapisas. Reivindicando una vez más esa ausencia estricta de estilo. Trato de divertirme y de no cerrarme. Mis influencias son así, pero el nexo es mi manera, mi filtro, mi voz. Me he quedado muy libre, sin mirar el vestido que llevaba la canción de al lado. Cada una lleva el traje que merece.

–El nexo es el observatorio de donde mira.

–Exacto. Miro historias ajenas y también a mi por dentro. Escribir es una especie de terapia en la que me descubro. Al leerme me entiendo un poco mejor.

–En el libreto aparece Irene.

–Ha estado presente en todo, porque la mitad del disco lo escribí cuando esperaba a mi hija y la otra mitad, con ella con nosotros. En muchas maquetas aparecían sonidos de fondo de llantos de bebé y de juguetes que estaban en casa.

–No me diga que en la instrumentación hay sonajeros.

–(Risas) Eso no… pero en las demos se coló una melodía de «La cucaracha» de un juguete infantil. Ese tipo de cosas estaban por todas partes. Pero hay una canción que es «Valiente y libre» en la que toda la base instrumental es una máquina de escribir, que «sampleamos» tanto las teclas al escribir como la campanilla del final de línea. Y hemos estado jugando. El disco tiene que ver con divertirse y con saberse con la suerte de poder hacer canciones y aprovecharlo de forma positiva, no como una presión. Quiero hacer de mi vida y del directo felicidad.

–¿Realmente no siente ninguna presión?

–No, porque si siguiera la tendencia y tratase de ser súper actual para entrar en una dinámica de éxito, creo que no lo haría bien. Eso no me pertenece y no me resulta natural. Pero después de 20 años ya sé por dónde debo ir. Todo me ocurre poco a poco y no tengo prisa ni necesidad de otra cosa.

–¿Qué tiene que tener una buena canción?

–Principalmente una buena letra. Las cosas que se escriben son lo importante. De poco me sirven las melodías si no cuento nada. El universo lo componen las palabras y que haya en todas las canciones alguna que provoque eso. Procuro que todas las frases se puedan separar y que contenga una imagen que cada uno pueda hacerla suya.

–O sea, que del binomio cantautor eres más autor que cantante.

–Me siento más autor, es cierto. Soy un hacedor de canciones con relativo oficio. Y lo cierto es que ahora me ocurren cosas en el directo que me provocan necesidad de aprender. Son muchos años tratando de aprender este oficio, pero la parte de escribir la he controlado y veo que tengo más mundo por conocer en el directo.

–¿En qué sentido?

–Voy a soltar la guitarra. Yo vengo de la canción de autor y creo que es un escudo poner la guitarra entre el público y yo. Me di cuenta de que con la gestualidad también se transmite. Y una buena iluminación y escenográfica, también. Quiero transmitir más con lo visual. Y eso lo desconocía.

–Imagino que va ligado a que cada vez más a a sitios más grandes.

–Claro, en salas no había nada, ahora en auditorios y eso, pues necesito que el mensaje se amplifique y que tenga más formas. En un acústico hay emoción pero en uno eléctrico hace falta un factor de energía que debo trabajar para convencer a los que vienen a verme porque estoy en su ciudad pero no saben quién soy. Quiero ganarme a esos y necesito un impacto mayor.

–¿Qué ve que no le gusta?

–Pues no me gustan la cosas y puede sonar barroco, pero no me gusta lo que no se hace por amor. El amor al oficio o a cualquier faceta de la vida, a las relaciones interpersonales e incluso al poder político. Si no se ejerce con amor, lo rechazo. Los demás intereses me inquietan.




Fuente: La razon

Comentar

Click here to post a comment