Escribo desde un 7-Eleven por algún lugar de Nuevo Taipei. De fondo se escucha al dependiente silbar una canción tradicional de Hokkien Pop. Son las 4 de la mañana y esta es la segunda vez que pierdo las llaves de casa.

Sospecho que la primera vez fue en una rave organizada en el templo del Tiger Mountain, una fiesta en la que conocí a Sonia Calico, del sello musical taiwanés Under U. “Se llama Chenta, es un artista español”, dijo al presentarme. Las caras se mostraron confusas al introducirme así. Hay cosas que no cambian. Me preguntó específicamente si me identificaba como ku’er. Les devolví la misma mirada de confusión.

En España, el uso de la palabra cuir surge de una adaptación gráfica del inglés queer (en el diccionario de la RAE no aparece, pero Fundéu lo define como “persona que no es heterosexual o cisgénero. Rechaza ser clasificada por sus prácticas sexuales o su género para no limitar su experiencia como persona”). En Taiwán, ku’er surge como resultado de una transliteración de la misma, traduciéndose a algo así como Juventud cool. La palabra fue originalmente usada en contextos anglosajones como un insulto a los disidentes sexuales, pero la misma comunidad se reapropió del término para revertir su significado peyorativo.

Siempre cuestioné la apropiación de lo cuir en lugares donde la palabra no ejerce la misma malsonancia que en contextos anglosajones. También me pareció interesante que en Taiwán no quisieran traducir la malsonancia de la palabra al mandarín y buscar una palabra similar, sino construir un significado propio y darle una vuelta.

Me causaba mucho interés conocer a la comunidad ku’er en Taiwán tras la legalización del matrimonio gay (las primeras bodas se celebraron a finales de mayo) y el impacto que supuso a la comunidad, si es que hubo alguno, ya que, qué mejor lugar para pensarse y conectar con las complejidades de cómo entendemos nuestras propias sexualidades y géneros desde la historia y desde nuestros ancestros que en tu país de nacimiento. Es importante considerar que éste fue un país colonizado y cuya Ley Marcial fue derogada en el año 1987, oprimiendo a la comunidad e interrumpiendo el crecimiento del mismo. No fue hasta la derogación de la Ley Marcial cuando se empezó a replantear estas cuestiones vinculadas al género y al sexo, como fue el caso de Nièzi, una de las primeras novelas que trató el tema de los ku’er, ambientada en el Taiwán de los 60 y escrita por Pai Hsien-Yung. Aunque, al igual que en Madrid, en Taiwán siga siendo un ejercicio minoritario, hoy en día hay miembros que cartografían y fortalecen a la comunidad Ku’er que, desde la resiliencia, se apropia de conceptos creados originalmente por activistas principalmente occidentales como la teoría queer y construyen sobre ellos para crear un idioma y un modo de entenderse propio, una nueva generación ku’er.

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Fuente: El Pais

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