Karim Benzema celebra su gol al Atlético, este sábado en el Bernabéu. En vídeo, declaraciones de los entrenadores tras el partido. ÁNGEL MARTÍNEZ (GETTY) / ATLAS

Una mudanza a tiempo permitió al Madrid descorchar un derbi liguero en el Bernabéu siete partidos después. Un Real que se aferró al liderato tras retocar Zinedine Zidane el equipo al descanso. Con más extremos y menos centrocampistas, el Madrid, alegrado por Vinicius y colgado de un convoy llamado Valverde, mandó al garete al Atlético, que no está para gestas. Va con lo justo, ya sin Copa, con LaLiga reducida a su pelea por entrar en Champions y citado con los cocodrilos del Liverpool en la Copa de Europa. En Chamartín aguantó lo que tardó en rectificar Zidane. Luego, claudicó, falto de fútbol, de futbolistas y de lo que ha distinguido al cholismo: una fe inquebrantable. Hoy, el Atlético es tan quebradizo en el Reino de León, como en Ipurua o Chamartín.

RMA

ATM

Atlético

Real Madrid

Courtois, Varane, Carvajal, Ferland Mendy, Sergio Ramos, Casemiro, Federico Valverde, Isco (Lucas Vázquez, min. 45), Kroos (Vinicius Junior, min. 45), Modric y Benzema.

Atlético

Oblak, Vrsaljko, Felipe Monteiro, Renan Augusto , Savic, Saúl, Thomas (Sergio Camello, min. 73), Marcos Llorente, Correa, Vitolo (Carrasco, min. 70) y Morata (Lemar, min. 49).

Xavier Estrada Fernández

Ferland Mendy (min. 83),
Casemiro (min. 87),
Vrsaljko (min. 79) y
Felipe Monteiro (min. 65).

Estadio:Santiago Bernabéu

Esta vez, la apuesta por cinco volantes —seis con las gravitaciones de Benzema—, tan resultona ante el Valencia en la Supercopa árabe, no le salió al Madrid. Sus mediocampistas interpretaron mal la superpoblación. Demasiados jugadores coincidentes en su deseo de recibir la pelota al pie. Demasiado apelotonamiento blanco sobre el balón, sin nadie que pegara un tirón en dirección a Oblak, alguien que reclamara la pelota al espacio. Como consecuencia: un Real trabucado, tan confuso como poco profundo. Al tiempo, un Atlético agradecido, templado en la retaguardia y sin remilgos a la hora de estirarse, con Morata como boya eficaz. Si el fútbol se midiera por sensaciones, hasta el intermedio el partido lo tuvo el grupo de Simeone.

Tan pocas pisadas hubo cerca de Oblak, que fue Ramos quien selló las dos únicas ocasiones locales en el primer acto. Tan poca mala uva ofensiva tuvieron los de Zidane que los únicos y tibios intentos atacantes llegaban por los remos de Mendy y Carvajal. Como el resto, muchas veces atrapados en el descomunal atasco del medio campo, un embudo selvático para todos.

El Atlético, tan extraviado estos tiempos, tan consumido, además, por las lesiones, se sacudió rápido cualquier posible tiritona ante el líder. Hasta su baja, Morata siempre fue una referencia para el desahogo, como intimidantes eran Vitolo y Correa. Al primero le salió mordido un remate a los brazos de Courtois y el argentino se vio frustrado por el poste izquierdo del portero belga. Antes, Saúl ejecutó un disparo raso que puso en alerta al Real, también sobrecogido por una clara embestida de Casemiro ante Morata que el árbitro no concibió como penalti. Nadie se chivó desde el VAR.

Jugaba el Atlético, discutían entre sí los blancos, como si repentinamente fueran un equipo babélico. No daban con la tecla Modric e Isco, Benzema, con su querencia por el fútbol asociativo y falto de otros auxiliares en vanguardia, no sumaba. No hubo Isco a la vista. Y sujetarse a la banda no es el hábitat natural de Valverde, futbolista pulmonar que precisa de amplios horizontes. Se vio en el segundo tramo, con su descomunal despliegue, con sus muchas turbinas para abarcar el campo en toda su extensión. La gente de Chamartín ya le apadrina. Jugador de suela desgastada, se lo ha ganado con creces.

Mutación clave

Disgustado con el envite, al descanso intervino Zidane. Lucas dio sombra a Isco y Vinicius, para sorpresa general, dejó en la ducha a Kroos, principal activo madridista en los últimos tiempos. Morata, al que se vio renqueante, dio el testigo a Lemar, lo que consumió casi del todo a la ya muy mermada delantera rojiblanca. Las mutaciones surtieron efecto casi de inmediato. El gol retrató para bien al nuevo Madrid y para mal al Real del primer episodio. Vinicius, que es el extremo que no es Isco, frenó y atrajo a varios rivales. Hecha la pausa, descolgó un pase quirúrgico para Mendy que dejó fuera de lugar a Vrsaljko, Llorente y Lemar. El lateral francés llegó en carrera para dar la mejor asistencia que se le recuerda por Chamartín y por Francia. Benzema, que ya pisaba el área y no zonas más templadas del medio campo, llegó puntual como ariete para embocar. Todo en orden: Lucas y Vinicius para ensanchar el campo, Valverde, ya centrado, como corsario para dar más combustión a todo el Real, Modric como articulador y Benzema como inquilino del área rival.

¿Y el Atlético? Tocado y casi hundido. Por el gol, por la irrupción de un Madrid mucho más espabilado y enérgico, por la baja de Morata, por sus limitados recursos… Para la búsqueda de un empate se remitió a Correa, al becario Camello, a Lemar —jugador a la venta en cada escaparate— y a Carrasco —repatriado de urgencia de China hace un parpadeo—. Tiró de orgullo al final, pero con tanta rebaja le resultó imposible. No hubo más focos para Courtois y el Atlético se quedó a 13 puntos (14 en caso de empate) de su vecino. Un vecino que circula con firmeza por LaLiga donde explota sus muchas variantes. Se corrigió Zidane al descanso y el Real, otra vez con la puerta blindada, mira a todos por el retrovisor.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: