España

Rajoy se desmarca de las cuentas del PP


Mariano Rajoy salió airoso ayer de su declaración como testigo ante el tribunal que juzga a la «trama Gürtel». La repercusión política y mediática de la primera testifical de un presidente del Gobierno en un juicio en nuestro país superó con mucho, como se esperaba, a la trascendencia procesal de sus respuestas a más de 150 preguntas. Durante dos horas, el testigo Rajoy –por momentos, el parlamentario Rajoy– negó la existencia de una contabilidad opaca en el PP, así como haber cobrado algún tipo de sobresueldos, tal y como le atribuyen los papeles de Bárcenas, que tildó de «absolutamente falsos».

Al testigo Rajoy se le preguntó por casi todo, más allá del objeto del proceso: la financiación de las campañas electorales y las supuestas adjudicaciones a donantes del partido que se juzgan en la vista oral, pero también por los papeles de Bárcenas (pendientes de juicio), los sms de apoyo al ex tesorero y hasta las obras de reforma en la sede del PP, pagadas en parte con dinero «B». El presidente del Gobierno insistió una y otra vez en que sus responsabilidades como vicesecretario y secretario general del partido, entre 1990 y 2004, se ceñían exclusivamente al ámbito político. «Jamás me he ocupado de ninguna cuestión de contabilidad», repitió incansable. Y negó siquiera conocer a Correa o haberse reunido con él en su despacho cuando dirigió las campañas electorales de 1994 a 2000. Era, dijo de él con desgana, un mero «proveedor».

El testigo Rajoy se mostró mucho más enérgico en la primera hora de su declaración, en la que huyó de los habituales «no recuerdo» o «no me consta». En esos minutos dijo todo lo que quería decir y no desaprovechó la ocasión para replicar al letrado de Adade, la asociación de abogados que propuso su comparecencia contra viento y marea. Hasta que un fallo de sonido en la sala de vistas obligó a un mínimo receso tras el cual el interrogatorio fue menguando en intensidad, con la excepción de las preguntas sobre los sms de apoyo que intercambió con Bárcenas tras su despido («sé fuerte» o «hacemos lo que podemos»). Esos fueron, sin duda, los momentos más incómodos para el jefe del Ejecutivo, que explicó que tiene por costumbre contestar a todos los mensajes que recibe. «Uno manda muchos mensajes, pero no hicimos absolutamente nada que pudiese perjudicar a ningún proceso».

Aunque en ocasiones farfulló o dejó traslucir en su rostro cierta perplejidad ante las preguntas que le formulaban las acusaciones, Rajoy recurrió a su galleguismo (y lo llevó a gala) en algunas respuestas. «Yo lo siento mucho, pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran», espetó al abogado de Adade, Mariano Benítez de Lugo, ante la insistencia del letrado por inquirirle en relación a la supuesta financiación irregular del PP. Ese duelo «mariano» entre ambos –con recurrentes quejas al tribunal del abogado de la acusación– acaparó sin duda algunos de los momentos más tensos de la comparecencia.

El jefe del Ejecutivo también ratificó en su declaración que cerró el grifo a la «trama Gürtel» en 2004 tras ser alertado por el entonces tesorero del PP, Álvaro Lapuerta (que no se sienta en el banquillo por una demencia senil), de que Correa se prevalía de sus contactos en el PP para hacer negocios en ayuntamientos madrileños. Lapuerta, explicó, no le habló de ninguna trama ni de una actuación ilegal, simplemente le dijo que «no le gustaba» lo que estaba haciendo el empresario. Rajoy, sí, ordenó dejar de contratar con sus empresas, pero el PP de Valencia y el de Madrid siguieron haciéndolo, le recordó Virgilio Latorre, abogado del PSOE valenciano. «Lo desconozco absolutamente –replicó–. Esa instrucción se trasladó por los servicios económicos a los organismos territoriales. Yo no hago un seguimiento, como comprenderá».

El presidente del Gobierno se refirió igualmente a otra reunión (a finales de 2004), ésta con Lapuerta y Esperanza Aguirre, y su versión hizo tambalear el pedigrí que se atribuye la ex presidenta de Madrid de haber terminado con la «trama Gürtel». Fue él, según contó, quien le instó a tomar cartas en el asunto tras las sospechas de pelotazos urbanísticos en Arganda y Majadahonda (Madrid).




Fuente: La Razón

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