España

Quo vadis, ex president?


Enrocado en su corte de Bruselas, tiene de los nervios a su propio partid o. El prófugo Carles Puigdemont sigue obstinado en su investidura única, mientras en ERC, ahora en la presidencia del Parlament, apuestan por su candidatura pero sin aclarar el modo de ejecutarla. La confusión sobre los planes de Puigdemont provocó una reunión de urgencia en la cúpula del PDeCAT en la que se decidió el viaje relámpago de la coordinadora general, Marta Pascal, a la capital belga, para intentar pactar los pasos a seguir. El desconcierto cunde en las filas neoconvergentes, dado que el ex presidente fugado va por libre, pasando olímpicamente de su partido, y confeccionó una candidatura electoral de Junts x CAT a su antojo, de cuyos 34 diputados solo 13 son del PDeCAT.

«No pintamos nada», lamentan en privado con unas caras que lo decían todo. Aunque los actuales dirigentes y otros de la antigua Convergència intentan sacar pecho, lo cierto es que el Parlament surgido de la XII Legislatura catalana no es para ellos ni sombra de lo que fueron. «La procesión va por dentro», reconocen ante el triunfo de Esquerra al alzarse con la presidencia de la Mesa. Ningún peso pesado del partido ocupa lugar en el máximo órgano de la Cámara autonómica, aunque negociaciones de última hora lograron dos puestos para diputados electos de bajo perfil: el número 17 de la lista por Barcelona, Josep Costa, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra, y el abogado y también docente en la Rovira i Virgili, Eusebi Camdepedrós. Ninguno tiene gran poder orgánico en la dirección del PDeCAT.

Los intentos de colocar a los excarcelados Josep Rull y Jordi Turull, dos históricos convergentes consejeros con Artur Mas cayeron en saco roto. Costa se sitúa como vicepresidente primero y Camdepedrós en una secretaría, pero fuentes del Parlament coinciden en que su labor quedará engullida por la personalidad del radical presidente, Roger Torrent, y la también republicana Alba Vergés, ambos de total confianza de la número dos de ERC, Marta Rovira. Fuentes del PDeCAT auguran una legislatura bronca y está por ver cómo conviven los republicanos con JuntsxCataluña, dado que las relaciones hasta el momento eran muy malas. El paso siguiente, la investidura de Puigdemont, es la prueba de fuego, dado que el ex presidente mantiene intacta su pretensión de ser el único candidato.

Los escenarios que se plantean son todos muy complicados. Si Puigdemont pone un pie en España sería de inmediato detenido, algo que se le pasó por la cabeza para serlo como presidente electo y un mártir del «procés». Desechada por el momento esta idea, la investidura telemática es rechazada tajantemente por los servicios jurídicos del Parlament y objeto de un recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional, que la invalidaría. Según fuentes del entorno del fugitivo, sus planes pasarían por delegar el discurso en alguien de su confianza, Elsa Artadi o Eduard Pujol, y ser investido como un presidente en el exilio con un gabinete teledirigido desde Bruselas. Ésta sería también la tesis llevada a Bruselas por Marta Pascal, como mal menor, pero exige una reforma exprés del Reglamento de la Cámara, algo que ahora tiene en sus manos la Mesa bajo la presidencia del independentista republicano Torrent. En los partidos constitucionalistas, Cs, PSC y PP, lo tildan de «auténtico disparate». Por su parte, el Gobierno, si esto sucede, prorrogará el artículo 155 y mantendrá la intervención de la Generalitat.

Así las cosas, la última palabra la tendrá ERC y en el PDeCAT aguantan como pueden, de puertas adentro, el sapo de un líder que en su día se autodescartó como candidato y ha montado ahora un descomunal desafío. «Es como un muñeco que nadie sabe a dónde mira», dicen gráficamente de Puigdemont algunos neoconvergentes. Un ex presidente de la Generalitat que fue títere de la CUP, arrastró a su partido en manos de ERC, mintió al anunciar su marcha, montó una corte mediática en Bruselas y retó plantando cara a todo el mundo. Llegados a este punto, hasta en su partido se hacen la gran pregunta: «Puigdemont, quo vadis?».




Fuente: La Razón

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