Los restos del edificio Windsor, durante los trabajos de desmontaje de la estructura, el 25 de mayo de 2005. En vídeo, se cumplen 15 años del incendio del edificio Windsor. ULY MARTÍN | atlas

Eran las 23.21 del 12 de febrero, ya hace 15 años, cuando la central telefónica de los bomberos de Madrid recibió el aviso de uno de los incendios más devastadores que ha sufrido la capital en las últimas décadas. En la planta 21ª del edificio Windsor se había desatado un fuego que adquirió unas dimensiones descomunales y que acabaron con uno de los principales rascacielos de la capital. Han pasado tres lustros y todavía no se sabe a ciencia cierta qué o quién pudo iniciar las llamas. Todo apuntó a una directiva de la consultora Deloitte que no apagó correctamente una colilla en su despacho, pese a ser la responsable de riesgos laborales de su empresa.

Los vecinos de los edificios colindantes con el Windsor habían percibido cierto olor a quemado hasta tres horas antes de que fueran visibles las llamas. Sin embargo, no fue hasta pasadas las once de la noche cuando un vigilante de seguridad de la empresa Prosegur detectó el incendio. Los bomberos pensaron entonces que el fuego se fue alimentando poco a poco a través de esa papelera hasta que consiguió material combustible y rompió por la fachada. El rascacielos fue construido entre 1974 y 1978 y contaba con 28 plantas (106 metros de altura). Las compañías aseguradoras lo habían valorado dos años antes en 84,2 millones de euros. Los propietarios, la familia Reizábal, habían pedido permiso de obras para adecuar el rascacielos a la normativa vigente. Entre las mejoras estaba paradójicamente el sistema antiincendios.

Las llamas se llevaron por delante en cuestión de una hora las cuatro plantas superiores a la 21ª. Las primeras dotaciones de bomberos tardaron tan solo cuatro minutos en llegar a la torre. El parque de Santa Engracia se encuentra muy cerca. Sin embargo, las dimensiones del fuego eran descomunales y esos primeros efectivos se toparon con la realidad. El Ayuntamiento no tenía grúas con suficiente altura como para llegar a esos pisos. El color de las llamas, a veces de un azul intenso, permitieron a los responsables de la extinción calcular que se alcanzaron en algunas partes del inmueble hasta los 1.000 grados. Esto hacía imposible apagar las llamas, por lo que los bomberos se afanaron en controlar que el fuego no afectara a los inmuebles colindantes, en especial a El Corte Inglés del paseo de la Castellana. Un riesgo añadido era la enorme grúa articulada que se había instalado en la azotea para acometer la reforma. Pese a que el edificio se iba deformando por momentos conforme avanzaba la noche, esta maquinaria aguantó en pie. Pasada la una de la madrugada, parte del coloso madrileño colapsó, lo que provocó una catarata de objetos incandescentes. Esta caída aún proporcionó más oxígeno al fuego, con lo que se reavivó.

La única esperanza que tenían los bomberos es que la llamada planta técnica, situada en el piso 17º, detuviera el avance. Esta planta consiste en un enorme bloque de hormigón que separaba en dos la estructura del Windsor. Pero no actuó. Las llamas corrieron libres pese a los esfuerzos de decenas de bomberos. Acudieron 32 dotaciones del Ayuntamiento de Madrid y 8 del Gobierno regional. En total, unos 180 efectivos, además de decenas de sanitarios y técnicos. Al menos cinco bomberos tuvieron que ser atendidos por inhalación de humo.

Las sombras de madrugada que jamás fueron identificadas

El vídeo grabado por un vecino de la zona de Azca levantó las sospechas de que había intrusos en el edificio siniestrado. Eran las 3.30 cuando se vieron algunas sombras en la planta 12ª del inmueble, cuando el fuego ya llevaba cuatro horas devorando la parte superior.
Las investigaciones de la Policía Científica y del juez instructor rechazaron que esas sombras, que nunca fueron identificadas, fueran las causantes del incendio.
“Las sombras que aparecen no son producidas por un reflejo proveniente del exterior”, afirmó el juez, que añadió que no existía “evidencia alguna de que ello pudiera haber tenido alguna incidencia” en la causa o propagación.

El triste espectáculo fue visible desde casi toda la ciudad, gracias a una noche clara de invierno y a unas potentes llamaradas que causaron una densa humareda blanca. Miles de curiosos se acercaron a los aledaños para fotografiar y ver en directo el siniestro, pese a que la zona fue acordonada y se creó un área de seguridad. También se cerraron las estaciones de metro y cercanías de Nuevos Ministerios y se restringió la circulación por todas las calles aledañas. Algunos inmuebles colindantes fueron evacuados ante el riesgo del humo y el fuego. Todas estas restricciones afectaron a unos 600.000 ciudadanos, entre los que se incluían los empleados de la zona de Azca, vecinos de los inmuebles colindantes y, sobre todo, usuarios del transporte público.

Las llamas fueron bajando planta a planta por todo el inmueble hasta que a las 19.20 del domingo 13 de febrero el responsable de bomberos dio por extinguido el incendio. Madrid tan solo había vivido un siniestro parecido cuando se quemó y se derruyó el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid el 28 de junio de 2001, en la calle de Felipe II. Una soldadura en la cubierta y la caída de un soplete fue en este caso el desencadenante de que un simbólico edificio de la capital construido unos 40 años antes quedara reducido a cenizas. Era un viernes de verano y la ciudad se paralizó al ver también una enorme columna de humo.

Sin acelerantes

Si en el Palacio de los Deportes quedó claro el causante del siniestro, no ocurrió igual en el Windsor. Los especialistas de la Policía Científica entraron en el edificio una vez que fue seguro el acceso a la planta donde se originó. Su informe destacó que no existió intencionalidad en el fuego. Todo fue fortuito, porque ni siquiera hallaron sustancias acelerantes. La rápida propagación de las llamas fue atribuida a diversos factores, como la cantidad de combustible que había en todas las plantas, como muebles y material de oficina: la falta de un sistema automático de extinción de incendios —el Windsor sólo tenía detectores de humo y de calor— y la propia estructura del rascacielos.

Por tanto, todo apuntaba a la directiva de Deloitte y su imprudencia a la hora de fumar en su despacho (el 2.109) y de no apagar convenientemente la colilla. Años después, este periódico contactó con la afectada y negó todo, incluso que fuera ella la persona que había sido investigada por la Policía Nacional.

El titular del Juzgado de Instrucción número 28 de Madrid pegó carpetazo al asunto el 31 de enero de 2006, casi un año después del incendio. En su auto de archivo explicó que la investigación no había determinado que existiera un ánimo de quemar el edificio y que, por tanto, no había responsabilidad penal. Cerrado este procedimiento, quedaba la vía civil para dirimir quién y cómo tenía que hacer frente a los 200 millones de euros que se perdieron como consecuencia del incendio. Pasaron los años y las tres compañías implicadas (Deloitte, Prosegur y El Corte Inglés) llegaron a un acuerdo extrajudicial para dirimirlo.

El Corte Inglés compró en 2006 el solar que quedó después de demoler los restos de la torre. El desmontaje se hizo de arriba hacia abajo y tardó meses, dadas las dificultades para acceder al interior y evitar un derrumbe total o parcial. Años después, levantó la llamada Torre Titania, de 104 metros, con centro comercial en las primeras plantas y oficinas de la compañía en el resto. El Windsor, uno de los seis principales rascacielos de Madrid en su momento, había pasado a la historia.

Para saber más del Windsor

Una captura de la grabación en la que aparecen los famosos fantasmas.
  • Así contó EL PAÍS el «voraz incendio», que seguía activo al cierre de la última edición, sobre las tres de la madrugada. «Lo más importante ahora es garantizar la seguridad de las personas, ya que el incendio no se va a poder apagar. Estaremos pendientes de ver si las llamas han afectado a la estructura central de hormigón del inmueble, lo que podría hacer que todo el edificio se derrumbara», señaló el alcalde. 
  • El incendio, en imágenes. En esta galería se recopilaron las mejores fotos del incendio hechas por profesionales y en esta otra, las que enviaron los lectores.
  • Andreu Buenafuente relató así sus vivencias del incendio en la Revista de Verano.
  • En este gráfico, el periódico contó el relato judicial de los hechos y en esta galería se puede ver el antes y el después.
  • En otro aniversario redondo, a los 10 años, un bombero de la primera dotación que atacó el fuego del rascacielos revivió aquella noche en un reportaje para este periódico. Al llegar, vio a los vigilantes de seguridad muy tranquilos, así que dijo a sus compañeros: “Tranquilos, parece que no es nada”.
  • Verne repescó el «uno de los misterios sin resolver más famosos de Madrid» también a los 10 años del incendio y se preguntó qué fue de los fantasmas del edificio. En este artículo, repasaron las cinco teorías más extendidas, desde fantasmas «de verdad» a los bomberos y los «buscadores de documentos».
  • En 2016, el incendio se convirtió en una obra de teatro de la mano del dramaturgo Antonio Rojano, que quiso usarlo para hablar de «la ficción mediática que vivimos diariamente».

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Fuente: El Pais

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