Ana Julia Quezada, a su llegada este martes a la Audiencia Provincial de Almería. En vídeo, en su derecho a la última palabra, la asesina confesa pide perdón. Foto: RAFAEL GONZÁLEZ (EUROPA PRESS) | Vídeo: ATLAS

La defensa de Ana Julia Quezada ha modificado este martes su escrito final introduciendo dos atenuantes, el arrebato que sufrió la acusada cuando mató al pequeño Gabriel y que actuase después bajo el efecto de las drogas. El letrado, Esteban Hernández, mantiene que su defendida cometió un homicidio imprudente (penado con tres años de cárcel) o, subsidiariamente, un homicidio doloso, castigado con 15 años porque el pequeño es menor de edad. Ha rectificado este punto, ya que en el informe anterior cometió un error al consignar la pena, de 10 años de prisión, que sería lo que correspondería si el fallecido fuese mayor de edad.

«Concurre la circunstancia atenuante de arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante», escribe el abogado en su informe. Quezada estaría fuera de sí cuando le tapó al niño la boca y la nariz hasta matarlo, reaccionando ante las presuntas amenazas e insultos del pequeño en la finca de Rodalquilar (Almería), el 27 de febrero de 2018. Además, considera que la autora confesa del crimen estaba bajo los efectos de drogas en su conducta posterior al hecho. Lo plantea como atenuante de los delitos de lesiones psíquicas causadas a los padres, de los que acusan a Quezada tanto la Fiscalía como la acusación particular. Hernández mantiene, como en su escrito inicial, que se considere como circunstancia atenuante la confesión.

La Fiscalía, por su parte, ha mantenido la petición de prisión permanente revisable por el delito de asesinato y 10 años más por lesiones psíquicas a los padres del niño, pena que la acusación particular eleva a 12 años. En su turno de palabra, la acusada ha pedido perdón, entre llantos, «a los familiares de Gabriel, a todos los familiares y a toda persona a la que haya podido hacer daño con mi acción». «Quiero pedirle perdón también a mi hija y a toda mi familia, a todo el mundo que haya podido sentirse mal por lo que yo hice. En general a toda España y espero que Dios me perdone», ha concluido.

Las partes han presentado durante esta última jornada del juicio en la Audiencia Provincial de Almería sus conclusiones definitivas, tras las pruebas aportadas los días anteriores. Para la fiscal, Elena Fernández, Gabriel, de ocho años, «representaba un obstáculo» para la acusada, que asesinó al niño «primero para eliminar el vínculo afectivo entre el padre y el hijo, que incomodaba a sus planes de relación personal», y sobre todo para «eliminar ese vínculo afectivo tan intenso que existía entre los padres, cuya prioridad era el interés de este niño, con dedicación y atención».

«Ha quedado acreditado el desapego afectivo que tenía Quezada con Gabriel; lo tenía ya con su propia hija Judith. Ha quedado acreditada una inquina y una aversión injusta totalmente hacia este niño que lleva a una intencionalidad perversa y consolidada en el tiempo», ha dicho la fiscal durante la exposición de sus conclusiones definitivas en la séptima sesión del juicio. Esta inquina y aversión se extendía a la madre del pequeño, Patricia Ramírez. Según la fiscal, Quezada mató a Gabriel el 27 de marzo de 2018 cuando «se alinearon los astros» para ello, pero podría haberlo hecho en cualquier momento.

La fiscal relata que Quezada abordó al niño en el camino que iba del domicilio de su abuela a la de sus primos y le pidió que la acompañase para ayudarla porque iba a pintar en una finca del padre de Gabriel en Rodalquilar. El niño accedió a la petición ante la «confianza» que tenía en ella al estar «íntimamente vinculada a su entorno familiar desde el inicio de la relación sentimental con su padre». Una vez en la finca, mató al menor y después lo desnudó y lo enterró junto a una alberca en el exterior, y lo cubrió con tierra y piedras. A continuación, guardó las ropas y se las llevó a casa de la abuela del niño, adonde acudió tras ser alertada de la desaparición por el padre de Gabriel, Ángel Cruz, esperando el momento oportuno para deshacerse del cadáver.

La fiscal considera, en un punto en el que discrepa de la acusación particular, que Quezada actuó con alevosía, pero no con ensañamiento, pues no considera probado que aumentase de «forma inhumana el sufrimiento del menor». «Es terrible, cruel, me estremece especialmente la falta de piedad de la procesada, que posiblemente no voy a ver en otro acusado, pero no se puede mantener que hubiese un aumento deliberado de dolor o que hubiese agonía», ha sostenido ante las siete mujeres y los dos hombres que componen el jurado. El niño, según ella, «sufrió, claro que sufrió», pero no existe esa agravante.

Elena Fernández ha desacreditado la pericial médica escuchada el día anterior a puerta cerrada y aportada por la acusación particular, según la cual la acusada golpeó primero al niño y lo dejó agonizando cerca de una hora, y ha destacado el testimonio «contundente» de los peritos forenses del Instituto Médico Legal, que describen «un acto único» al tiempo que habla de «una fuerza desproporcionada» al taparle la boca y la nariz, «de una forma tan brutal que le provoca la muerte por asfixia».

Para el abogado de la familia de Gabriel, Francisco Torres, las lesiones encontradas en el cuerpo irían más allá de las propias de una asfixia mecánica, ya que dieron lugar a una serie de heridas que provocaron un estado comatoso en el niño antes de que fuera asesinado. Torres ha pedido al jurado que «no le tiemble el pulso» a la hora de conformar su veredicto, ya que Quezada «es una sociópata auténtica» que «mató haciendo sufrir al niño» y «no tiene el mismo derecho a respirar el mismo aire que respiramos nosotros». «Hay que apartarla de la sociedad», ha dicho el letrado en su alegato final, en el que ha insistido en que la acusada actuó con premeditación, alevosía y ensañamiento. «Va a matar a más niños, estoy convencido de que no es Gabriel el primer niño que mata», ha añadido.

«Presa de la ira»

Por su parte, el defensor de Quezada, Esteban Hernández, considera que concurren dos circunstancias atenuantes en la actuación de Ana Julia Quezada que rebajarían la pena impuesta y apunta a la atenuante de confesión, o alternativamente, confesión tardía de los hechos, así como a la atenuante de arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante.

Según el escrito de conclusiones definitivas presentado por la defensa, Quezada tapó la boca al niño «para que no profiriera más insultos, apretándola con intención de que se callara» y, después, se produjo un «intenso forcejeo, llegando a la pared Ana Julia, presa de la ira y sin medir las consecuencias de su acción».

«Continuó tapándole la boca y nariz, presionándole contra la pared, a pesar de la resistencia del menor, hasta percatarse de que Gabriel había dejado de respirar», añade. La defensa señala que, al «darse cuenta de ello», fue «presa del pánico» y «quedó bloqueada e incapaz de asumir lo ocurrido», tras lo que dio sepultura al cuerpo del niño en la finca de Rodalquilar en la que se produjo el crimen el 27 de febrero de 2018.

«Incapaz de afrontar lo acontecido y sin saber cómo explicarlo a su pareja ante la repercusión mediática y al estar bajo los efectos de medicación ansiolítica, movida por el ánimo de evitar las consecuencias de sus actos, continuó ocultando lo acontecido hasta su detención», concluye el escrito entregado este martes a las partes en el que la defensa insiste en que la convivencia entre la acusada y Ángel Cruz «no siempre era aceptada de buen grado» por el menor.

El abogado defensor ha incluido una carta remitida por la acusada al padre de Gabriel, que en el momento de la muerte del niño era su pareja. En la misiva, del 17 de abril de 2018, cuando llevaba ya un mes en prisión provisional, Quezada asegura que no tenía «excusas» para su comportamiento y que se vio «bloqueada» por el miedo. «Por un lamentable accidente te quité lo más grande», ha reproducido la letrada de la Administración de Justicia. «No pude sacar fuerzas para decirlo» y «me metí en una bola cada vez más grande», prosigue. «Quiero pedir perdón a todos, a ti, a Patricia. Pido perdón de todo corazón y espero que algún día me perdonéis», finaliza.




Fuente: El Pais

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