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Benjamin Zander. Sí, fue fascinante, es tan simple que casi me avergüenza contarlo. Lo que pasó es que de pronto me di cuenta, fue como: “¡Ah!”, fue como una revelación: “¡Ah!”, no es el director quien emite los sonidos. El director no emite ningún sonido, es el único músico que no emite ningún sonido. Es tu foto la que aparece en el CD, pero el director no hace ningún sonido, lo hacen los músicos. Así que me di cuenta de que mi trabajo era despertar el potencial en los músicos. Y si no lo estaba consiguiendo, la pregunta era: “¿Quién estoy siendo para los músicos si no están alegres?”. Y si te preguntas cómo lo supe, la respuesta es que lo vi en sus ojos. Si sus ojos brillan… Lo llamo “El test de los ojos brillantes”, porque me di cuenta de que, si alguien estaba emocionado, conectado, apasionado, quería darte todo lo que podía ofrecer. La razón por la que las personas se vuelven escépticas, algo que le pasa a muchos músicos, sobre todo si llevan mucho tiempo en una orquesta, se vuelven escépticos y puedes verlo en su mirada. La razón de que sean escépticos, es que son personas apasionadas que no quieren que las decepcionen otra vez. Entiendes que han pasado una vida llena de experiencias que los han decepcionado. Entiendes que el compás estaba mal, o que no lo sentían, la atmósfera, o que alguien había sido maleducado con ellos, o dominante, y ellos se desilusionan una y otra vez. Coge a un músico con un director que reconozca su trabajo para animarles, y se sentirán libres y llenos de energía y lo darán todo. Y eso sucede con todos los líderes. El liderazgo es un aspecto esencial. La persona que está al mando, la persona responsable de la tarea, de la iniciativa, tiene un poder enorme y él… o ella, puede animar, inspirar y conectar, o destruir y desanimar. Así que, al enseñar a los jóvenes, no solo enseño a directores, todas las personas de la orquesta reciben formación y les damos tareas semanales. “Tareas de ser” cada semana, cada semana.




Fuente: El Pais

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