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Putochinomaricón: “Reivindico la humanización de las redes, por eso soy anti postureo” | Tentaciones


Su alegato es claro: “Se discrimina a los que se salen del estereotipo, y no es cuestión de preferencias sexuales, es racismo y punto. Las filias son constructos sociales, cánones de belleza impulsados por los medios, la publicidad, etc. La contradicción está en que un colectivo que debería tener más conciencia ni siquiera se da cuenta. Por eso lucho por la interseccionalidad. En el orgullo LGTBIQ solo hay hombres homonormativos y se difunde por tanto la idea de que solo eres aceptado si eres blanco o musculado”.

Chenta es hijo de migrantes taiwaneses, vive en Madrid y tiene 27 años. Putochinomaricón es el artista nacido (empezando por el nombre) de su experiencia como parte de una minoría sexual, y otra racial, en España. Esa vivencia ha inspirado muchos de los temas que componen su primer EP, Corazón de cerdo con ginseng al vapor, que empieza con esta intro: “Puto chino maricón, la gente me llama así, no me robes mi trabajo, vete a tu puto país”. Una reivindicación de alguien que se sabe integrado: “Estoy extremadamente occidentalizado, aunque llevo mi arraigo asiático con orgullo. Mi objetivo de este año es ser más puto, más chino y más maricón. Noto que los chinos de segunda generación rechazan sus raíces. Yo estoy aprendiendo a escribir chino (ya lo habla) e historia de China”. Respecto a si conoce a más gays chinos en la capital, cuenta que la comunidad es pequeña y no es homogénea. “Muchos son analfabetos, imagínate… Como para reivindicar algo en español. Lucho por todos los que existen pero no pueden alzar la voz, básicamente porque las políticas de inmigración son una puta mierda”.

Se define ante todo como un sujeto disidente y actúa en diversos frentes, por ejemplo compartiendo el activismo queer de plataformas como Orgullo Crítico, donde se siente como en casa. “Son radicalmente inclusivos hacia las personas trans y las minorías raciales y no renuncian a la lucha. Recordemos que el orgullo LGTB nace de un disturbio provocado por dos personas transgénero racializadas, tócate un pie”, recuerda. Y puntualiza que su mensaje social se filtra hacia lo político —“la identidad sexual también es política”— tanto como sus composiciones musicales o visuales, y especialmente en las redes sociales, donde es toda una celebridad y donde defiende su papel de millennial, del que se siente especialmente orgulloso.

“Descubrí lo más bonito que tienen estos días después de que me censuraran tres veces mis cuentas de Instagram. Debió ser gente que me denunció porque les molestaba mi nombre o mi discurso; me sentí como Ai Weiwei pero cheap, low budget (de bajo presupuesto) [risas]. Recibí un apoyo tremendo. Tejer un entramado de personas disidentes y oprimidas que se apoyan entre sí es alucinante. En la universidad repartieron pegatinas en las que ponía Free PCM. Fue un what the fuck tremendo… ¡Me sentí como el Che Guevara!”.

Al tiempo que las defiende, las agita y ridiculiza el postureo. “Reivindico la humanización de las redes, que sean una extensión de la persona y no una ventana para proyectar lo que no se es. Es dañino y contribuye a la creación de estereotipos falsos. Por eso soy tan fan de Soy una pringada, porque eleva el costumbrismo a lo artístico. Yo hago lo mismo, cojo lo más costumbrista y lo elevo a la híper relevancia. Como componer mientras friego los platos. Las entidades digitales tienen un humano detrás, siempre, por eso soy anti postureo”.

Sin embargo, Instagram, la red de la imagen, es su favorita. Lo es porque, afirma, ahí se puede descolonizar un espacio que no está pensado para la reflexión sino para la frivolidad. “De repente subes una foto fregando con una parrafada sobre yellow facing y es brutal. La descontextualización de espacios digitales o físicos es fundamental. Verme en un bar obrero de Usera cantando Gente de Mierda, ocupando espacios que no son míos. Ahí está la innovación”.

Putochinomaricón ya tiene listo su próximo disco, aunque piensa esperar por si se le ocurre Víctor Sainz

El resto de ingredientes son la parodia de sus propias contradicciones y la defensa de una época convulsa y una generación ignorada. “Yo también sigo a influencers y pienso ‘ojalá estuviera en la playa ahora mismo o tuviera ese cuerpo’. En mis canciones siempre me río un poco de mí mismo, así tu mensaje llega más lejos. Reivindico el hoy. Hay tanto por explotar… Es un momento de crisis política y de identidad y con una multiculturalidad tan interesante que darle la espalda sería un error total. Escucho canciones de ahora y dicen cosas como ‘¡ay!, te llamé por teléfono’. ¿Quién llama por teléfono hoy? Nadie está usando el discurso post Internet. Mi siguiente álbum va a girar en torno a la era digital, es algo que no está explotado en absoluto. Voy a llevar la estética y la cultura de la España profunda y las voy a mezclar con la era post Internet. Un collage mal hecho mezclando todos esos referentes”.

Habla con pasión de sus fuentes de inspiración, que van desde Charli XCX al diseñador Gosha Rubchinskiy, “por mezclar algunos oxímoron, como la estética BDSM y la moda deportiva”, y vuelve a la carga, esta vez contra las imposiciones del mainstream en el terreno sentimental. “Es fascinante analizar cómo nos han vendido el amor como un acto de posesión y control. Muchos no saben distinguirlo de la violencia”. Putochinomaricón solo cree en él como algo consensuado, ya sea monogamia o poliamor; el sexo para él ha pasado a un segundo plano; y ahora está más centrado en la revolución del amor dentro de la comunidad LGTB, algo que cree que se ha obviado totalmente. “La homonormatividad ha hecho mucho daño y ha asociado la liberación sexual con tener mucho sexo. Es absurdo, la auténtica revolución es que podamos escoger cómo queremos vivir nuestra sexualidad o nuestra vida amorosa. Cuando se nos pase la tontería de follar con todo el mundo, todo se estabilizará”.

Se despide anunciando que ya tiene listo el siguiente álbum, aunque esperará a lanzarlo “por si surge algún temazo más”. En lo político va a hablar de la posverdad y las noticias falsas y tiene una canción titulada La Tierra es Plana que le encanta. Pero no se olvidará de lo único que le hace ser un hater. “No soporto a la gente intolerante que coarta nuestras libertades. Dicho así parece simple, pero esto incluye al 95% de la población. Hay que ser, no sé si radical, pero sí asertivo. Esta mierda hay que combatirla”.

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Fuente: El país

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