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Punk-pop contra la monotonía | Madrid

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Amparito sufre. Pero no es grave. También se ríe, baila, se abraza, se divierte y se revuelca en las miserias cotidianas de la vida moderna. Amparito son Olalla Uriarte (guitarra y voz), Vanesa Torres (guitarra), Marta Alonso (bajista) y Beatriz Martín (batería). Cuatro amigas treintañeras que decidieron montar una grupo de punk-pop para combatir las rutinas diarias. “Hacer algo en nuestro tiempo libre que no fuera solo tomar cañas”, resumen. Una inyección de adrenalina que ha desembocado en Clara oscuridad (Mont Ventoux)-su primer disco-, grabado en el estudio de Paco Loco en Cádiz. Un debut lleno de energía, humor y mala leche que presentan el 23 en la Nave de Terneras dentro del Madrid Pop Fest y el 12 de abril en la sala El Sol.

En 2015, Uriarte, Torres y Alonso se juntaron y decidieron armar la banda. No tenían ninguna formación musical, pero tenían claro que querían romper con la monotonía. Más tarde se unió Martín y en una tarde tomando café sortearon los instrumentos. “El primer día que los teníamos puestos nos quedamos como: ‘¿Ahora qué se hace?’”, recuerdan tomando una cerveza en el bar de los locales de ensayo Pandora’s Box, cuna de lo más granado del underground madrileño. Empezaron a ir a clases y a ensayar para ir familiarizarse con los instrumentos. Un año y medio después ofrecieron su primer bolo en el Café La Palma donde tocaron temas como Crudo que forman parte su maqueta, y que poco después se coló en IV recopilatorio de Hits With Tits (proyecto que da visibilidad a las mujeres dentro del mundo de la música, del cómic y de la ilustración).

¿Porqué Amparito? “Es una broma interna. Cada vez que alguna metía la pata decíamos: ‘’¡Ay, Amparito!’, de manera tierna y jocosa. Hicimos el chat del grupo con este nombre, la gente nos empezó a llamar así… y le terminamos por coger cariño. Nos gusta la idea de que parezca que va a salir una cantante folclórica y aparezca un grupo de cuatro chicas con guitarras eléctricas medio punk. Además, cuando decimos el nombre del grupo la gente sonríe. Y eso es muy guay”, explican entre las cuatro jóvenes, procedentes diferentes zonas del norte de España, aunque se sienten adoptadas por la capital. “Amamos Madrid”, afirman.

Tras una veintena de conciertos de fogueo en festivales de toda España y en diferentes salas de la capital, ya tenían perfilados los diez temas que forman Clara oscuridad, con los que se presentaron en el Puerto de Santa María (Cádiz) para ponerse en manos del reputado productor Paco Loco. “Además de ser uno de los mejores de España, te lo pasas increíble. Como nosotros nos tomamos así la música y el grupo, queríamos ir a aprender, pero a divertirnos también. Paco también ejercer de psicólogo, te aporta confianza, es muy cercano, muy respetuoso con tu forma de tocar y te ayuda a identificar y potenciar tu personalidad como músico y el sonido del grupo”, señalan.

Su estilo, de guitarras afiladas, enérgico, con voces y coros que contestan a la voz principal está salpicado de influencias de Las Bulpes, Parálisis Permanente o The Coathangers. Y sus canciones son cortitas y al pie. Tanto que en su primer largo, Clara oscuridad, solo un par supera los dos minutos de duración. “Teníamos claro que no queríamos hacer nada complicado. Es un género que nos gusta a las cuatro, divertido y alegre. Tenía que ser como somos nosotras como amigas”, señalan. El título del disco responde a las dos formas de ver las cosas, una dualidad con la que juegan en su obra y que queda reflejado en sus textos. “Incluso el amor y el desamor se lo vemos así”, anuncian.

En sus letras se ríen de asuntos que “no son tan graves”, pero que pesan en la vida cotidiana. El grupo es la vía de escape para relativizarlos y reírse de ellos. Como la rutina, a la que abren en carnes en Explosión: “Otro día más / son todos igual / me cuesta despertar y no vomitar”, cantan; del palo que se ha llevado su generación, en Crudo – “todo iba a ser la ostia yendo a la Universidad y al final hacemos lo que nos ha tocado”- o la sardónica Menos mal, donde le quitan gravedad al asunto de los corazones rotos: “Gracias por mandarme a la mierda y pegarme la estocada final / Menos mal que hiciste eso, si no todo seguiría igual”, se jactan; También hay espacio para la seriedad (si es que el resto no es suficientemente serio) en el tema Asesinos, donde retratan a esos promotores y especuladores inmobiliarios que han construido sin conciencia y desahuciado sin alma.

Las cuatro jóvenes conservan sus trabajos y por ahora solo se plantean vivir el momento: “Nuestra aspiración es seguir pasándolo bien. A todas nos gusta mucho nuestros oficios y el objetivo es compaginarlo, pasar tiempo juntas, -que también es algo que cada vez se hace más difícil- y viajar a tocar a otras ciudades, que es como vacaciones de amigas pagadas”. ¿Y en directo qué podemos encontrar? “A cuatro chicas pasándolo genial. Probablemente no encuentres a un grupo muy virtuoso, pero vas a vas a bailar y sonreír”, concluyen.

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Fuente: El país

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