El comité No Grandes Naves ha convocado para este sábado una protesta en Venecia para alejar definitivamente a las grandes naves de la cuenca de San Marcos y el canal de la Guidecca. Los manifestantes reclaman al Gobierno italiano la aplicación de un decreto de 2012 que prohibía el acceso a esas vías de la ciudad a los buques de más de 40.000 toneladas, tan grandes como el Titanic. La disposición transitoria preveía la prohibición de aplicar «rutas de navegación viables alternativas a las prohibidas «. También establecía que, mientras tanto, la Autoridad Marítima, de acuerdo con el magistrado de Aguas de Venecia y la Autoridad Portuaria, habría adoptado «medidas destinadas la protección del medioambiente de la laguna».

El pasado domingo, un rascacielos flotante de 66.000 toneladas, 275 metros de longitud y 54 de altura chocó contra un barco turístico atracado en el puerto de Venecia. Casi por milagro, no hubo muertos: de los 130 pasajeros a bordo de la embarcación embestida por la fuerza incontrolable del crucero, solo cuatro presentaron heridas y no eran no graves.

La noticia del accidente provocado por el buque Ópera, propiedad de la compañía Msc, que perdió el control por un fallo de motor, ha reabierto las protestas contra los cruceros y sin duda ha reforzado el poder de convocatoria de la marcha de este sábado contra los grandes barcos turísticos, organizada por el comité No Grandes Naves.

Según las autoridades del puerto de Venecia, las estrictas normas de navegación de los cruceros en la laguna garantizan la seguridad. Como nueva medida, desde el lunes pasado los colosos son remolcados por tres barcos, en vez de dos. Sin embargo, los hechos demuestran, que los accidentes pueden ocurrir y podrían ser aún más graves, como explica Tommaso Cacciari, uno de los fundadores del comité. “El Ópera, que se estrelló el pasado domingo contra el muelle de San Basilio y el barco fluvial, causando daños y lesiones, ha demostrado al mundo que es posible lo que hemos denunciado en todos estos años y que las autoridades competentes han negado todo este tiempo”.

Pese al decreto de 2012, ni el Gobierno central ni la Administración local han logrado encontrar una solución. “La inercia política obedece a los intereses económicos que hay en juego”, declara a EL PAIS Mario Piana, profesor de restauración de la Universidad Ca’Foscari de Venecia y director de la conservación de la Basílica de San Marcos. Piana ha participado en todas las marchas organizadas por el comité No Grandes Naves. “Los venecianos hoy somos pocos, apenas 52.000, pero hay que protestar y tenemos todo del derecho de defender la ciudad de los cruceros que, contaminan el aire que respiramos y corroen el 95% de las piedras de Venecia”, dice Piana.




Fuente: El país

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