Hoy me toca charlar con una sevillana que vive en Barcelona, después de haberlo hecho en Amsterdam. Una mujer de agua de río, de mar y de canales, que surfea la vida sobre una guitarra y se llama como yo. Sentarse frente a quien lleva tú mismo nombre es como hacerlo frente a un espejo. Solo que este devuelve una figura muy distinta. Dos Marta, dos Robles, dos amigas ya, en dos lados de las cosas. El de la Marta Robles protagonista hoy, mi admirada homónima y fundadora e integrante del cuarteto musical femenino Las Migas, la música y esa guitarra que es su vida. Conversamos mientras prepara una actuación, el lunes 24 de junio, en el Auditorio del Centro Superior de Música Katarina Gurska de Madrid, junto al Dúo del mar. «Ese es mi otro amor –me explica mi tocaya–, un dúo de guitarra junto a Ekaterina Zaytseva, con el que llevamos tocando tres años. Y es una maravilla porque hacemos una música preciosa. Composiciones clásicas, españolas, Albéniz, Falla… Piezas que esos compositores querían que fueran de música parecida al flamenco y que nosotras hemos arreglado para interpretar su visión con la guitarra flamenca de verdad. Es un proyecto precioso».

Para los Rollings

Más que un proyecto, una realidad que reclaman en muchos festivales de flamenco. El año pasado estuvieron en Flamenco on Fire, de Pamplona, este en La noche blanca de Córdoba, el lunes en Madrid… También estuvieron juntas en Sevilla, en Barcelona, y allí, sorpresa, se encontraron tocando frente a los Stones. «La noche anterior a que los Rollings tocaran aquí en Barcelona hicieron una fiesta y nos llamaron a nosotras, pero sin decirnos para quién tocaríamos. Cuando vi en el telediario que venían pensé: ¡A ver si van a ser ellos! Y cuando llegamos el director del hotel nos lo confirmó. Y nada, tocamos temblando y muertas de risa. Fue una actuación en un bar pequeñito con muy poquita gente. Nos llevamos muchos aplausos…» Aplausos y una experiencia inolvidable. Supongo. Como también lo fue crear el cuarteto musical femenino Las Migas, que tanto reconocimiento le ha proporcionado. «Lo hicimos entre las cuatro primeras componentes del principio. Y después sí que he sido yo la que ha estado más al frente del proyecto. Las Migas fue una especie de sitio para mí, de seguridad y de hacer algo que era completamente lo que me gustaba, lo que quería decir con mi música. Si era más flamenco o menos flamenco o si lo es a día de hoy, no me importa tanto como que sea mi lugar de expresión. He tenido mucha suerte porque siempre ha funcionado maravillosamente y la gente nos quiere mucho. Incluso la gente del flamenco, a pesar de no ser una música tradicionalmente muy flamenca. Nos valoran porque hacemos algo diferente. Y eso me hace sentirme muy feliz».

De Las Migas han ido entrando y saliendo componentes y supongo que a Marta le encantaría reunirlas a todas algún día. «Ha habido épocas donde esas salidas y entradas han sido un drama total, como cuando se fue Silvia Pérez Cruz. Fue muy difícil empezar de nuevo y hacer que la gente confiara en nosotras con una nueva voz. Pero, a día de hoy, nuestro sello es el de ser un grupo de cuatro mujeres músicas y es lo que vale en el momento. No nos aferramos a los nombres propios. En un grupo que dura tantos años es natural que haya personas que quieran hacer otras cosas. Ahora, por ejemplo, tenemos a una embarazada que se va a ir un tiempo. Pero ya no hay drama, las que estamos intentamos hacer un trabajo precioso y tirar adelante. Pero, sí: me encantaría que un día nos juntáramos todas y hacer un pedazo de concierto. A ver si lo consigo».

Sin obstáculos

Seguro que sí. Porque a esta mujer no hay quien le ponga barreras. La primera la tenía en la propia guitarra, cosa de hombres, que empezó a tocar por influencia de su tío: «Mi tío Rafa es guitarrista y como yo estaba mucho en casa de mi abuela y él vivía con ella, me empezó a enseñar de pequeñita. Me encantó. Cuando entré en el conservatorio ya venía con muchas cosas aprendidas y me pareció una cosa muy natural. Pero siempre me lo tomé muy en serio».

Como para no hacerlo, siendo una carrera tan sacrificada: «Sí, sobre todo porque en la carrera de guitarra clásica hay que estudiar mucho y es un instrumento difícil, muy frágil, con el que es muy fácil equivocarse y que se note mucho. Yo sufría al principio en las audiciones y conciertos. Creo que empecé a disfrutar de verdad, cuando empecé a tocar otras música que no eran la clásica de partitura. Entonces comencé a darme cuenta de que yo podía tocar, componer, acompañar y encontrarle más sentido a todo». Sentido, sí, pero facilidades pocas, porque el mundo del flamenco en general y el de la guitarra en particular es un mundo muy masculino. De hecho, hay muy pocas solistas de guitarra. «Muy pocas. Creo que hubo algunas mujeres guitarristas en el siglo pasado, a principios del XX. Algunas cantaoras que tocaban la guitarra…, pero, de pronto, desaparecieron. El flamenco siempre fue muy machista y creo que a día de hoy lo sigue siendo. Es una rareza que una mujer toque la guitarra flamenca. Hay muy pocas niñas que estudien guitarra flamenca, porque es algo como muy de hombres en España. De hecho, la mayoría de guitarristas que hay son extranjeras».

Machismo, purismo… A todo se ha enfrentado: «Bueno. Primero empecé con la guitarra clásica, luego me pasé al flamenco cien por cien, pero luego ya siempre me he movido en un mundo en medio. Tanto con Las Migas como con otros proyectos míos, siempre hemos estado en el mundo más bien de World Music. Festivales flamencos pero que invitan a propuestas distintas. Por eso nunca he sentido que me miraran como rareza, salvo, a lo mejor cuando tocaba en un tablao aquí en Barcelona … Creo por ser mujer he preferido no meterme cien por cien en el mundo del flamenco. Siempre me ha dado un poquito de reparo y he preferido terrenos más seguros».




Fuente: La razon

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