El Real Madrid ya tiene nuevo entrenador y es Zinédine Zidane. El francés tomará la riendas del equipo este martes, nueve meses y ocho días después de su sorprendente espantada tras ganar la final de la Champions en Kiev. Zidane firmará lo que queda de campaña y tres más, hasta junio del 2022 y tendrá una relativa autonomía para modificar la plantilla a su gusto.

A Florentino Pérez lo que le pedía el cuerpo era la vuelta de José Mourinho, convencido de la necesidad de implantar una mano de hierro en el vestuario. Sin embargo, finalmente sus asesores le han llevado a su terreno y se ha impuesto la solución de consenso. Nadie como Zidane suscita ahora mismo en el madridismo tal grado de unidad e ilusión.


Nadie como Zidane suscita ahora mismo en el madridismo tal grado de unidad e ilusión

Zidane se ha hecho mucho de rogar. Cuando el presidente le sondeó por primera vez la semana pasada, se negó en redondo. El francés rechazó el ofrecimiento con la excusa de estar en su año sabático. No le apetecía coger el equipo blanco tan pronto; y mucho menos ahora, a once jornadas de un final sin otro objetivo que meter al equipo en la Champions. Zidane ya ha rechazado este año una oferta del Manchester United y sus planes pasaban por intentar en verano la aventura del Juventus, el otro equipo de su corazón. El tercero, a largo plazo, es la selección francesa.

Para entender por qué Zidane ha aceptado finalmente el ofrecimiento del Madrid hay que tener en cuenta tanto la personalidad de Florentino Pérez como la de Zidane, así como la profundidad de la crisis. Enfrentado a la mayoría de los jugadores, sin respaldo institucional y todo su crédito quemado, Solari no podía seguir un minuto más y el desprestigio amenazaba con anegarlo todo.

Así las cosas, Florentino ha puesto a Zidane contra la espada y la pared en una especie de chantaje emocional. Zidane no ha tenido fuerzas para negarse ante quien considera que es una suerte de padre deportivo. También es cierto que estaba harto de su ociosidad y que entrenar el Madrid es adicitivo, una droga dura.


Florentino ha puesto a Zidane contra la espada y la pared en una especie de chantaje emocional

Tampoco se puede desdeñar, ni mucho menos, el contexto. Zidane vive en Madrid desde el año 2000. Aquí estará arraigado para siempre. Sus cuatro hijos varones están vinculados al club: Enzo, el mayor, juega cedido en el Rayo Majadahonda; Luca, el segundo, oscila entre el primer equipo y el Castilla; Theo y Elyaz, son estrellas de las categorías inferiores.

Con su vuelta, Zidane arriesga estropear un curriculum intachable: tres Champions y una Liga en dos años y medio. Nadie puede superar nada semejante. Está ante un reto imposible. No es algo que le preocupe mucho. Criado en una familia muy humilde de emigrantes argelinos, él no trabaja para la historia. No es un tipo especialmente vanidoso, pero sí de códigos. Trabaja para ser feliz, para estar contento de sí mismo, para no defraudar a la gente que quiere. Por ahí le ha pillado Florentino.


Algunos, como Bale, ya pueden ir haciendo las maletas

Ante Zidane se abre una tarea ingente. Volver a hacer un equipo campeón de un bloque bajo mínimos. Deberá mirar a la cara a sus jugadores y seleccionar los que le valen de los que no. Algunos, como Bale, ya pueden ir haciendo las maletas. Toda la movida del Madrid le pilló esta tarde jugando al golf. Para Keylor Navas, y quizás para Isco, se abren nuevas oportunidades. Zidane exigirá una limpia, pero seguramente menos amplia de la que hubiera propuesto Mou, que habría entrado al vestuario con el cuchillo entre los dientes, dispuesto a gozar de la fría venganza sobre muchos.

En la historia reciente del Madrid no hay demasiados ejemplos de segundas partes. Molowny y Del Bosque entraron y salieron del equipo varias veces, pero aquello era otra cosa. John Benjamin Toshack volvió en 1999 y duró unos pocos meses. La ventaja para Zidane estriba también en su carácter. Si las cosas no le funcionan, tampoco le importará mucho dar un paso atrás. Si lo que ve no le gusta y tiene que dar un portazo y largarse, ya ha demostrado que le cuesta poco.




Fuente: LA Vanguardia

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