Aunque existan excepciones, por lo general, los niños no hacen más caso al móvil del que hacen a sus padres. Tal vez les presten más atención, pero, si tienen una duda, tienden a fiarse más de sus progenitores que de Wikipedia.

Un grupo de investigadores de las universidades de Huazhong y de Louisville publicó recientemente un estudio sobre la confianza que depositaba más de medio centenar de niños chinos de entre cinco y ocho años en los dispositivos virtuales. Los investigadores realizaban un cuestionario a los menores que incluía preguntas como: “¿Qué color crees que es el favorito de los americanos?”. Después, les ofrecían dos respuestas distintas: una, era la que se podía encontrar en internet ante la pregunta; otra, se la daba su profesor.

En líneas generales, y aunque la respuesta del profesor fuera equivocada, la mayoría de los chicos confió más en este que en la respuesta que podía encontrarse en internet. La autoridad que tiene el docente sobre sus alumnos o el hecho de que tenga una mayor cultura general no es un argumento suficiente para explicar por qué los jóvenes confiaron en su criterio. Cuando un compañero sugería algo diferente de la respuesta de internet también le daban una mayor credibilidad.

Judith Danovitch, una de las investigadoras impulsoras de este estudio, recuerda cuando su hijo de cuatro años utilizaba el iPad de la familia para preguntar a Siri si sabía de qué color era la camisa que llevaba puesta. Danovitch señala que lo que estaba haciendo su hijo era poner a prueba los límites del conocimiento del asistente virtual de Apple.

En su opinión, esta actitud se debe a que, para los más pequeños, tanto internet como los asistentes virtuales son algo intangible de difícil comprensión y desconfían porque no entienden cómo funcionan ni en qué basan sus conocimientos. «Los niños prestan atención, recuerdan quién sabe de qué están hablando y quién no y no creen en cualquier respuesta que reciben. Si hablamos de internet, hay que entender que no creen ciegamente en lo que encuentren allí», explicaba a MIT Technology Review.

Silvia Lovato, una investigadora de la Universidad del Noroeste (EE UU), publicó los resultados de una investigación que tituló: «Hola Google, ¿existen los unicornios?», que estudiaba a niños en un rango de edad similar a los estudiados por Danovitch. En ella, reflejaba las dudas que albergaban los menores respecto a los asistentes de voz y recalcaba la creatividad con la que los ponían a prueba. La conclusión de su estudio no es muy diferente de la que se saca de la investigación de Danovitch: el ser humano no confía en la tecnología por naturaleza.




Fuente: El país

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