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Pónganse a cubierto: llega «La tempestad»


Que soplan nuevos vientos en el Teatro de la Zarzuela es algo innegable. Aires de cambio, cierzos que te despiertan al sentirlos en el rostro. Vendavales, en ocasiones. Y esos vendavales son los que han traído «La tempestad», una bellísima ópera de Ruperto Chapí (con libreto de Miguel Ramos Carrión) que hace 90 años que no se escuchaba en el coliseo, lo que quiere decir que estamos hablando de un estreno en toda regla, a no ser que alguno de los espectadores que asistiera a una función en 1927 hubiera ingerido el brebaje de la vida eterna que Jardiel Poncela hacía beber a los protagonistas de «Cuatro corazones con freno y marcha atrás». Y no es el caso. Daniel Bianco, director de la casa, deseaba desde hace tiempo poder incluir este título en su programación. Pero le faltaba dar con las voces que quería. Y que esas voces, y los propietarios de las mismas, tuvieran un hueco en su agenda. Por fin se ha hecho realidad y hoy el domingo se podrá escuchar en versión concierto con un elenco que encabezan José Bros, Carlos Álvarez y Mariola Cantarero, a los que se unen Ketevan Kemoklidze, la primera georgiana en cantar en la Zarzuela, Alejandro López y el mexicano Carlos Cosías bajo la batuta de Guillermo García Calvo.

Un monumento

Para Daniel Bianco el melodrama de Chapí es «un monumento de nuestra historia que hace 136 años fue una obra de repertorio constante». Para los cantantes, también. Ha sido, además, la oportunidad de reunirlos que puedan de nuevo trabajar juntos. Bros y Álvarez pertenecen a la misma generación. Han hecho su carrera casi al mismo tiempo. Son amigos. No hay que añadir más. «Ya tenía ganas de volver a Madrid y a la Zarzuela», dice el tenor Bros y confiesa que era tan bueno el ambiente que ayer se respiraba en la presentación que parecía «el Día del Amor Fraterno». Los tres son amigos desde siempre. Cantarero revela que casi se le saltaron las lágrimas al verse ayer junto «a dos cantantes que han sido y son mis pilares, tanto en lo artístico como en la manera de llevar la profesión. Y humanamente, no digamos». Carlos Álvarez se muestra también satisfecho de esta «reunión en casa y de poder trabajar con quienes tienes tanta confianza». Él es Simón, «un personaje que guarda un secreto y que es capaz de mostrar dos actitudes ante la vida: una es la de aquellos que se escudan tras una fachada que no se corresponde con la realidad, que es lo que hace él; la otra es ser capaz de mostrar remordimientos». Dice el barítono que a su personaje le pinta Chapí a través de la música, que es capaz de describir su estado de ánimo». La soprano destaca de Ángela el desarrollo vocal que experimenta a medida que transcurre la obra «y que va de un arranque más ligero a un final dramático. Puede ser perfectamente una heroína operística» y añade que dado el momento vocal que vive «me viene como un guante».

Bros da vida a Beltrán. Se muestra admirado por la capacidad que tenía el autor compositor «para hacer fácil lo difícil, pues la obra es tremenda vocalmente. Mi personaje tiene una tesitura bastante sostenida. Tenía tantas ganas de poder cantarla que estoy absolutamente contento». Y todos a una sola voz hablan del hallazgo de Juan Echanove, un narrador al que sitúa en escena uno de los dramaturgos del momento, Alberto Conejero, «que realiza una labor fantástica como hilo conductor entre número y número». Para Álvarez «es una de las pocas zarzueles que tiene verdadero sentido que se haga sin ser representada. El canto es bastante exigente y no es necesario que se apoye en ninguna labor de escena». ¿Se están abriendo puertas y ventanas en la zarzuela para que corra el aire? Contesta Álvarez: «Si existe una manera de hacer más accesibles obras de grandes compositores es ésta, adaptar los textos, pero entiendo que siempre manteniendo la esencia de la obra no entendiéndolo como una transformación que no tenga nada que ver con el original». Miguel del Arco, Paco Azorín y Alberto Conejero son algunos de los grandes nombres de la escena que ha entrado en el coliseo de la calle Jovellanos. Bianco no se ha propuesto una revolución con caballería sino que los cambios vayan sucediéndose. Sin prisa pero sin pausa.

Y después de este paréntesis tempestuoso cada uno volverá a sus teatros, sus «oficinas» como las llama Álvarez en tono cariñoso. Precisamente él estará presente en la apertura de la próxima temporada de la Zarzuela con «Katiuska» en octubre, del maestro Sorozábal, aunque el 9 de marzo estará en el Liceo con «Andrea Chenier» y en Viena estrenará nueva producción de «Sansón y Dalila» con Elina Garanca y Roberto Alagna. A Bros le espera en Tenerife «Don Carlo» y una zambullida en Verdi con «Attila», «I lombardi» y «Un ballo in maschera».




Fuente: La razon

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