Polonia ha refrendado este domingo en las urnas la deriva autoritaria del Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS). Según las encuestas a pie de urna, el partido que dirige Jaroslaw Kaczynski obtendría 43,6% de los votos (239 diputados), lo que le permitirá gobernar en solitario y profundizar en las reformas que han puesto en peligro el Estado de derecho en la legislatura que termina, como la del sistema judicial. Su política de ayudas sociales y el crecimiento económico del país han conseguido fidelizar a un electorado desencantado con la oposición.

Tras una campaña descafeinada, el PiS logra mejorar resultados con respecto a hace cuatro años, cuando obtuvo el 37,6% de los votos y 235 escaños. Mateusz Morawiecki, el actual primer ministro, buscaba un segundo mandato, aunque en la práctica el rostro de la campaña ha sido Kaczynski. La centroderechista Coalición Cívica (KO), liderada por Malgorzata Kidawa-Blonska, de Plataforma Cívica (PO), y que concurría junto a Los Verdes, la liberal Nowoczesna e Iniciativa Polaca obtiene 27,4% % de los apoyos (130), un resultado por debajo del alcanzado en solitario por PO en los anteriores comicios (24,1% y 138 diputados).

La izquierda de Lewica queda en tercera posición con el 11,9% de los votos y 43 escaños. En cuarto y quinto puesto consiguen entrar en el Parlamento la alianza del PSL/Kukiz’15 —el partido campesino que se presenta con un antisistema liderado por un antiguo rockero— con el 9,6% (34 diputados) y la ultraderechista Konfederacja (Confederación), con 6,4% y 13 diputados.

Tras los cambios experimentados en los 30 años de democracia desde la caída del comunismo, que han convertido a Polonia en la sexta economía de la Unión Europea, el país ha vivido en la última legislatura una crisis institucional que ha puesto en peligro parte de estos avances, acercando alguna de sus políticas a las de la Hungría de Víktor Orbán. Su reforma del sistema judicial, que ha inquietado a Bruselas por considerar que socava la independencia de los magistrados y da el control al Ejecutivo; su discurso antinmigrantes —sobre todo al inicio del mandato— y contra los homosexuales y colectivos de defensa de los derechos de la mujer han marcado estos cuatro años de Gobierno. El partido se ha erigido en defensor de los llamados valores nacionales. “Podemos garantizar que las familias polacas estén protegidas, que la libertad de Polonia esté protegida y que la Iglesia polaca [que respalda al PiS] esté protegida contra los ataques”, aseguró Kaczynski el último día de campaña.

Pero en el otro lado de la balanza, su popular política social, con una medida estrella implantada al poco de llegar al poder que otorga 100 euros al mes por cada hijo hasta los 18 años, ha mejorado la vida de buena parte de los polacos. A tan solo dos meses de los comicios, el Ejecutivo eliminó el impuesto sobre la renta para los menores de 26 años y en esta campaña también ha prometido pagas extra a los pensionistas, mayores inversiones en salud y duplicar el salario mínimo hasta los 925 euros de aquí a 2023. La oposición, mientras, centró su campaña en las críticas al Ejecutivo y dejó las propuestas en un segundo plano. “Está construyendo un gran muro y creando grandes tensiones”, afirmó sobre Kaczynski Kidawa-Blonska el pasado jueves en un acto de partido. “Por eso hago un llamamiento a todas las personas de buena voluntad… independientemente de sus puntos de vista políticos: defendamos a Polonia de tal … odio”.

El profesor Adam Szymanski, de la Facultad de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad de Varsovia, considera que son tres los motivos principales que llevan a los ciudadanos a votar al PiS: “Por un lado, los beneficios sociales que otorga el Gobierno; por otro, las personas se sienten por primera vez importantes porque compran la retórica populista del Ejecutivo, que proclama que son los primeros que se interesan por ellos; y por último, la ausencia de una oposición fuerte”. En su opinión, en Polonia existe una carencia en cuanto a la educación cívica. “La gente no entiende por qué es importante la Corte Constitucional”, lamenta.

Aunque es imposible adivinar cuáles serán los siguientes pasos del Gobierno de Ley y Justicia, Aleksander Smolar, analista político de la Fundación Stefan Batory, considera que hasta ahora varios elementos han servido de muro de contención frente a la deriva autoritaria del PiS. “La resistencia de cientos de jueces [que se movilizaron cuando se puso en marcha la reforma del Supremo]; la de la población, especialmente con las protestas de los dos primeros años de Gobierno y la internacional, sobre todo la reacción de la UE”, explica. En su opinión, además, el próximo Ejecutivo puede enfrentar alguna dificultad a medio plazo a la hora de financiar todas las políticas comprometidas.

“Es importante venir a votar para cambiar al Gobierno, quizás ahora no sea posible, pero si queremos ser libres, tenemos que hacer todo lo necesario”, vaticinaba el domingo a mediodía Jakub, de 35 años, a las puertas de un colegio electoral ubicado en el corazón de Varsovia. “Hay muchos jóvenes que no están contentos con este Gobierno. Para que el futuro cambie y sea mejor hay que votar”, comentaba Klaudia, de 28 años, sin mucha esperanza de lograr ese resultado. A lo largo de la jornada, la imagen de electores polacos en el exterior haciendo largas colas para ejercer su derecho a voto, como en el caso de Barcelona o Nueva York, recorrió la prensa nacional.

Con estas elecciones, Polonia completa un año en campaña electoral. El ciclo se inauguró en noviembre pasado con los comicios locales, en los que la oposición logró contener el avance de Ley y Justicia en las principales ciudades del país. En mayo pasado, con las elecciones al Parlamento Europeo, que registraron una participación récord para unos comicios de este tipo, Ley y Justicia se hizo con el 45,4% de los votos, muy por delante de la opositora Coalición Europea (38,5%).

Mateusz Morawiecki: el hombre elegido por Kaczynski

Pese a haber buscado el puesto de primer ministro, Mateusz Morawiecki (Breslavia, 51 años) no ha sido el rostro de la campaña del partido Ley y Justicia (PiS). Tampoco ha ejercido como líder del Gobierno desde que fue nombrado para el cargo en diciembre de 2017. Es imposible entender el ascenso de este hombre de la banca, un tecnócrata ajeno a la política antes de la llegada del PiS al poder en 2015, sin fijarse en la figura del ultracatólico Jaroslaw Kaczynski. El presidente del partido ha manejado el país desde la sombra en los últimos cuatro años. Una percepción compartida por analistas y personas de a pie. Morawiecki llegó al cargo a mitad de mandato. Por aquel entonces, la primera ministra Beata Szydlo gozaba de una gran popularidad dentro del país. En opinión de la doctora en Ciencias Políticas Malgorzata Kaczorowska, de la Universidad de Varsovia, Kaczynski decidió reemplazarla en el puesto por un hombre que proyectara otra imagen de Polonia en el exterior, pero también porque «tener el control de un político que goza de un gran apoyo social es bastante complicado, este puede empezar a ser independiente», comenta. «Morawiecki viene de fuera y no tiene más apoyo dentro del PiS que Kaczynski, él es su padrino», señala.

Formado en Administración de Empresas, fue director ejecutivo del Banco Santander de Polonia —filial del español—, y antes de ocupar el puesto de primer ministro, ejerció en este Gobierno como vice primer ministro y ministro de Desarrollo y Finanzas. Su padre, Kornel Morawiecki, fallecido en septiembre, fue líder de Solidaridad en Lucha, una de las escisiones radicales del movimiento Solidaridad y en la última legislatura ocupó un escaño en el Congreso por un partido de la oposición.




Fuente: El Pais

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