Después de celebrar el triunfo en dirección a los centenares de aficionados del Barcelona ubicados en el fondo norte del Bernabeu, la plantilla blaugrana se llevó la euforia al vestuario. Las gradas, empapadas de frustración, ya estaban casi desiertas cuando un futbolista regresó inopinadamente al terreno de juego para seguir paladeando el momento. Sin calzado, con las medias y el sudor del partido, Gerard Piqué se grabó a sí mismo captando la perspectiva del anfiteatro blanco, sintiendo las reminiscencias de su formidable actuación. Si el Barça no ha recibido ningún gol en sus últimas tres visitas al estadio del máximo rival, una serie que no se había producido jamás, es en buena parte debido al liderazgo y la predisposición del defensa central.





Piqué, el segundo futbolista que ha ganado más partidos en el Bernabeu contra el equipo local (11), por detrás de Messi (12) e igualado con Busquets, es inmune al miedo escénico que describió Jorge Valdano. “Los célebres antecedentes que adornan la historia del Real Madrid intimidan a cualquier visitante en la misma proporción en que nosotros los percibimos en términos de responsabilidad –argumentó en su día el exjugador y extécnico–. Esa alegría hecha de afecto y pasión, o expresada en gritos, banderas y cantos, que baja desde las gradas con una intensidad que confunde, provoca la euforia de cada jugador madridista al tiempo que inhibe al adversario”.


“Cuando me pitan en el Santiago Bernabeu es como una sinfonía para mis oídos”, asegura el defensa

Piqué fue de largo el jugador más abucheado por la afición madridista, con una intensidad sin precedentes que lejos de provocarle, ya no pánico, sino algo de incomodidad, transformó en combustible emocional. “Cuando me pitan en el Santiago Bernabeu es como una sinfonía para mis oídos”, explicó una vez, y el sábado disfrutó como un melómano empedernido en un ciclo continuo de óperas en el Liceu.

Once recuperaciones y 11 balones rechazados son datos significativos de una función activa, contundente y responsable (sólo una falta) que, sin embargo, trasciende a las estadísticas. Acciones de convicción como el bloqueo de un remate de Modric que buscaba la red en el minuto 22 contagian al equipo. Las advertencias, las órdenes y los ánimos de Piqué a los compañeros cada vez que el Madrid se disponía a suspender un balón en el área fueron constantes. Se inmiscuyó, al final del primer acto, en la agresión de Ramos a Messi soslayada tanto por el árbitro como por el VAR. “Es roja clarísima”, sentenció sin perífrasis al final del clásico, cuando volvió a utilizar los micros para protagonizar un nuevo festival dialéctico.






El canterano s el único jugador de campo que ha completado todos los minutos (2.250) del campeonato

Fue en la segunda parte, coincidiendo con la ofensiva a la desesperada del Madrid cuando Piqué se agigantó, se multiplicó, se apoderó del espacio aéreo y contribuyó a la vulgarización de Vinícius, el más incisivo de los madridistas. La conducción de banda a banda, en una trayectoria paralela y a escasa distancia de la línea de gol y bajo el acoso de Benzema merece pasar a la historia de los clásicos. A Ernesto Valverde, que tuvo una mención especial para esta acción, se le cortó la respiración. Entre la osadía y la imprudencia, y contra todos los cánones de la defensa, es una prueba irrefutable del elevado nivel de confianza del central y de la ausencia de miedo escénico en plena sinfonía del Bernabeu. “Me pone mucho jugar y ganar en el Bernabeu, porque he vivido estos partidos desde pequeño. Sabemos que es muy difícil ganar aquí y ahora es casi una costumbre. Esto tiene mucho mérito”, celebró.

Aunque la excepcionalidad de Piqué no se circunscribe al clásico. Es el único jugador de campo que ha completado todos los minutos (2.250) del campeonato. Ninguna suplencia, ninguna rotación, ninguna sustitución… Es el primer jugador del Barcelona desde Robert Fernández en la temporada 1988-89 que ha disputado enteras la primeras 26 jornadas. Según datos de la Liga, el promedio de minutos de juego de todos los defensas equivale a la mitad de los que ha intervenido Piqué. Ha recuperado 272 balones (10,5 por partido), ha perdido 17 (0,6 por partido) y ha incurrido en 13 faltas (0,5 de promedio).





Cuando salió a grabarse en el césped del Bernabeu probablemente no pensaba en datos. El paisaje capturado por el móvil daba la impresión de que el miedo escénico estaba en las gradas.








Fuente: LA Vanguardia

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