“Picasso llegó, muy temprano, a mi exposición en Percier, y nos presentaron.” Era 1931 y las comillas son de las notas manuscritas de Alexander Calder, el artista rememora el primer encuentro que tuvo con Pablo Picasso cuando llegó a París y mostró por primera vez su obra no figurativa. Picasso ya era todo un personaje en la capital francesa y Calder solo un recién llegado. «Me enteré de que él había estado en la galería Vignon (acude a las exposiciones nuevas con la esperanza de llevarse algo que pueda usar, imagino) ¡qué malo soy!», escribió el escultor estadounidense sobre la visita del malagueño en febrero de 1932 a otra de sus muestras, en este caso el debut de sus móviles, organizada por Marcel Duchamp.

Estos manuscritos forman parte de la gran exposición que reúne 57 obras de Alexander Calder (Lawton, Pensilvania, 1898-Nueva York, 1976) y 50 de Pablo Picasso (Málaga1881-Mougins, Francia, 1973) y que se inaugura este martes en el Museo Picasso Málaga (MPM). «Es un proyecto raro, porque la gente no se plantea nunca unir a Calder y a Picasso, que comienza por nosotros: los nietos. Ambos hemos vivido centrados en el trabajo de nuestros abuelos que, a pesar de lo que pueda parecer, guarda similitudes. Los dos trataron el tema del vacío. Picasso, obsesionado con su propia mortalidad, lo refleja en cada retrato; mientras que mi abuelo siempre trabaja explorando la energía que interconecta a los seres humanos; exteriorizando. Lo que supone también una exploración del vacío», ha explicado este lunes Alexander S.  C. Rower, presidente de la Calder Foundation de Nueva York y uno de los cinco comisarios de Calder-Picasso, la muestra que podrá verse en Málaga hasta el 2 de febrero de 2020, patrocinada por Fundación Unicaja. El otro nieto es Bernard Ruiz-Picasso, copresidente de la fundación FABA y presidente del consejo ejecutivo del museo malagueño.

Los nietos han rastreado en la biografía de sus famosos parientes y han incluido en la muestra, que antes se ha visto en el museo parisino y por la que han pasado 400.000 personas, documentación de las cuatro veces que Picasso y Calder se encontraron. «Fueron dos grandes maestros que caminaron a través del siglo XX mostrando una gran potencia y, aunque su producción es muy distinta, tienen puntos en común», ha precisado Ruiz-Picasso.

Desde el Museo Picasso París han viajado 44 obras, algunas tan especiales como la gran escultura Mujer en el jardín (1930), una pieza de más de dos metros de altura de hierro pintado en blanco, o Figura, una amalgama de ganchos, cuerdas, clavos y una cuchara que el malagueño creó en 1935 por puro divertimento y que sale de Paris en contadas ocasiones.

‘Mujer en un sillón’ (1947), de Pablo Ruiz-Picasso. Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

«Es un diálogo de dos grandes artistas que tienen muchos puntos en común: ambos nacieron a finales del siglo XIX, sus padres eran también artistas y los dos, aunque de formas distintas, renovaron el arte y contribuyeron a la modernidad en el XX», ha comentado Émilia Philippot, conservadora jefa de la colección del Museo Picasso-París, también comisaria junto a su colega Claire Garnier y al director del MPM, José Lebrero.

Entre las 107 obras que integran la muestra, expuestas en salas diáfanas en torno a conceptos como Capturar el vacío, Dibujar en el espacio, En suspensión, La gravedad y la gracia o Cortar y plegar, pueden verse trabajos sorprendentemente similares como Cercles et signes I, una tinta de 1930 de Picasso, y la escultura Wooden Bottle with Hairs (1943), de Calder.

«Se conocieron muy brevemente en 1931 y coincidieron en 1937 en el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París. Después se vieron otras dos veces en los años cincuenta, no fueron amigos, pero cada uno sabía lo que estaba haciendo el otro», comenta Rower en un paseo por la muestra, en la que se exhibe junto a las notas de Calder sobre sus encuentros una de las dos obras de Picasso que poseía el inventor de la escultura cinética: Femmes devant la mer, un dibujo de 1920. Y aunque en la muestra, que podría viajar el año próximo a Nueva York, no aparece, el nieto de Calder asegura que hubo un quinto encuentro entre los dos titanes del arte moderno. Calder, amigo de Miró y de Josep Lluis Sert -arquitecto del Pabellón Español de 1937-, fue el único artista extranjero que intervino en el proyecto con su Mercury Fountain, que se mostró delante del Guernica. «Cuando vi lo que iba a exponerse en este pabellón, de inmediato ofrecí mis servicios para hacer una cosa u otra», escribió Calder demostrando así la admiración que sentía por su colega y su apego a las ideas republicanas que, asegura su nieto, mantuvo durante toda su vida ayudando a los refugiados españoles en París.

«Aunque a veces los resultados son similares, el nervio creador de los dos artistas es muy distinto. El uso que ambos hacen de las formas geométricas pone en cuestión la diferencia entre figuración y abstracción, una linea que puede ser muy sutil», precisa José Lebrero.

La selección de los cinco comisarios incluye piezas tan especiales como los tres proyectos del monumento a Apollinaire, de Picasso, La grande vitesse, de Calder, o las tres esculturas de Les baigneurs, del malagueño, que aparecen protegidas por el universo colgante de Red Lily Pads, del rey de los móviles. Trabajos, ambos, fechados en 1956 y que a pesar de ser totalmente distintos conviven en plácida armonía.




Fuente: El país

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