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Persisten las incógnitas sobre la muerte del torero Iván Fandiño | Cultura


FOTO: Iván Fandiño, trasladado tras ser cogido por un toro de la ganadería de Baltasar Ibán. / VÍDEO: Las imágenes de la cogida. IROZ GAIZKA (AFP) / epv

Cuando se han cumplido 36 horas de la muerte del torero Iván Fandiño en el hospital de la ciudad francesa de Mont-de-Marsan, aún no existe un parte oficial de las causas de su fallecimiento ni se conocen las atenciones que el herido recibió en la enfermería de la plaza de Aire-sur-l’Adour, ni los medios sanitarios con los que esta contaba, y ni siquiera si había una ambulancia en el recinto. Se desconoce la razón por la que el torero permaneció sedado en la enfermería durante casi una hora, según el testimonio de un miembro de su cuadrilla, antes de ser trasladado al hospital de Mont-de-Marsan, donde certificaron su fallecimiento. Tampoco han informado las autoridades sanitarias francesas de si se ha realizado la autopsia al cadáver del torero.

Lo cierto es que el sábado por la tarde, el torero de Orduña (Vizcaya), de 36 años, fue corneado mortalmente por el toro Provechito, número 53, negro de capa, nacido en marzo de 2013 y perteneciente a la ganadería de Baltasar Ibán. El diestro fue arrollado por el animal al tratar de instrumentar un quite por chicuelinas y, una vez en el suelo, le metió el pitón por el costado derecho.

La gravedad del percance se advirtió en el mismo momento en el que las cuadrillas trataron de levantarlo del albero, tanto que el propio Fandiño llegó a decirle al matador francés Thomas Dufau: “Que me lleven rápido al hospital, que me estoy muriendo”, a la postre, las últimas palabras que pronunció el espada vasco.

A partir de que el torero entra en la enfermería se establece un muro de silencio que permanece hasta el momento. Ante la supuesta gravedad de las heridas, Fandiño fue sedado y así permaneció hasta su posterior traslado al hospital. Solo hay unas declaraciones del jefe de los servicios del hospital Layné, de Mont-de-Marsan, profesor Poirier, recogidas por la agencia Efe, en las que señala que “los médicos que le atendieron nada pudieron hacer por su vida”, y que Fandiño entró a la enfermería “prácticamente sin pulso, el hígado le había reventado y la vena cava había sido también seccionada” por el pitón del toro.

Fandiño murió en el traslado en ambulancia entre Aire-Sur-L’Adour y Mont-de-Marsan, en el transcurso de los 33 kilómetros que separan ambas ciudades, tras no superar un segundo paro cardiaco, y después también de sufrir un importante derrame interno, que le llevó a acumular “tres litros y medio de sangre negra proveniente de las glándulas hepáticas”, remarcó Pairier.

La defunción fue certificada alrededor de las 21.30 de la noche, hora española, casi noventa minutos después del fatal percance, aunque el galeno francés insiste en que la muerte era “inevitable”, pues los daños que sufría en hígado, riñón y pulmones eran “irreversibles”, y ni en la enfermería de la plaza ni el hospital hubieran podido hacer nada por salvarle.

Sin embargo, las palabras del médico no aclaran otros pormenores que rodearon el fallecimiento del torero: condiciones sanitarias de la enfermería, miembros del equipo médico, cuidados recibidos por el herido, existencia o no de ambulancia de cuidados intensivos y la razón de tan larga espera en el recinto de la plaza.

Funeral en Orduña

Los restos mortales del torero vizcaíno llegaron ayer, domingo, pasadas las 20.00, al tanatorio de Amurrio (Álava), donde hoy será velado y, posteriormente, incinerado en el crematorio de la cercana localidad de Llodio. El municipio alavés de Amurrio está situado a menos de 10 kilómetros de Orduña (Vizcaya), donde Fandiño nació y vivió su infancia con sus padres y hermana. Este municipio acogerá hoy su funeral, que se oficiará a las 18.30 en la iglesia de Santa María. La familia del diestro, que estaba casado y tenía una niña que aún no ha cumplido los dos años, ha pedido vivir este momento en la intimidad.

Fandiño era muy querido por los aficionados a los toros de la comarca y por sus vecinos de Orduña. De hecho, fue el pregonero de las fiestas de la localidad en 2015, por lo que se espera que su funeral sea multitudinario.




Fuente: El país

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