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«Parte de la crítica no quiere que el flamenco salga del gueto»


Convertidos en el grupo más importante por obra del indie español, Los Planetas se atreven ya con formatos que ni imaginaban en los 90. A la celebración de los 20 años del icónico «Una semana en el motor de un autobús» que este 2018 han rendido homenaje con una versión sinfónica, se suma ahora la sorprendente puesta en escena en formato tablao flamenco que les presenta en la intimidad de Casa Patas, en el ciclo Momentos Alhambra, a solas con sus cantes.

–¿Cómo han preparado el repertorio para este contexto?

–Está basado en las canciones flamencas que hay en los dos últimos discos. La instrumentación la estamos viendo, pero estará Florent con la guitarra eléctrica, y puede que haya un cajón, y yo cantando.

–¿Por que no la acústica?

–La eléctrica ofrece muchas posibilidades de sonido con pedales y creemos que puede dar una sonoridad distinta.

–¿Y la percusión o palmas?

–Estamos terminando, no sabemos todavía.

–Pero el bolo es la semana que viene.

–(Risas) Sí, aunque estamos preparándolo todavía.

–Vaya riesgo.

–No es un concierto complicado, es para poca gente, un experimento… no sé, es una prueba para ver cómo funciona. Y como lo subvenciona la cerveza Alhambra… le estamos dando vueltas a ver.

–No es como tocar con orquesta que tiene otra preparación.

–Claro. El flamenco es una cosa mucho más espontánea e intentamos acercarnos a eso.

–Creo que va Niño de Elche.

–Será nuestro guitarrista. Puede que cante, pero es que lo tenemos todo abierto.

–¿Y hacerlo en un tablao, con la connotación que tiene de la ortodoxia flamenca, les supone algún tipo de reflexión?

–Hombre, lo tomamos como nuestra forma de homenajear a un espacio mítico en el que hemos estado muchas veces como público y hemos disfrutado. Actuar allí es importante.

–¿Y cómo es el público de Casa Patas, abierto o estricto?

–Es abierto, apasionado y conocedor, como en general es el público del flamenco. Saben de música y saben disfrutarla.

–Se lo decía porque precisamente Niño de Elche tuvo un problemilla por el contexto. La gente se levantó y se enfadó mucho en la Bienal de Flamenco de Sevilla.

–Bueno, él es un artista fantástico que juega en el límite de la provocación y que intenta generar reacciones del público y lo consigue. En la Bienal lo logró de forma espectacular. La reacción de la crítica más conservadora y tradicional fue muy fuerte, entraron al trapo. Y eso denota que hay cierta parte de la crítica flamenca que está un poco caduca y no acepta que el flamenco salga del gueto especializado, del purismo, y que siga siendo popular y todo el mundo pueda disfrutar e interpretar como quiera.

–Los Planetas lo han hecho.

–Llevamos muchos años intentando comunicar ambos lenguajes, del rock y el flamenco, y sacar las cosas que tienen en común, que son muchísimas. Y creo que lo hemos hecho con buenos resultados. Es el camino que inició Morente de libertad del flamenco. Él se involucraba con artistas jóvenes que tenían una técnica poco desarrollada por su juventud o porque así lo desean y que pudieran cantar si querían y conectar con su público.

–Para bien o para mal, el flamenco genera interés y debate, como ha pasado también con Rosalía. Está muy vivo.

–Porque es una cultura potentísima y fortísima. Y eso tiene que ver con cómo se levanta una y otra vez y genera artistas de ese calibre, como esa chica que mencionas o muchos otros. Es fascinante. Y eso se debe a la cultura de arraigo que tiene en la gente. Siempre encuentra una forma de salir del atolladero o del laberinto de los nuevos tiempos.

–¿Le ha seducido Rosalía?

–Sí, sí. Me encanta. Ha hecho un trabajo excepcional, vaya. Muy sorprendente a nivel de producción, de interpretación, de conocimiento flamenco y de calado. Y también de exposición. Ha conseguido algo que no se veía en el flamenco en muchos años.

–Han celebrado el cumpleaños de «Una semana en el motor de un autobús». ¿Qué le movió a escribir el disco?

–Las ganas de estar metidos en la música. El disco habla de cómo un artista llega a considerar que ese trabajo es el que tiene que hacer. Se narra a partir de una ruptura amorosa que le lleva a una experiencia un tanto alocada y deriva en una iluminación o una odisea hasta el arte. De eso trata el disco. Pero hay cosas que tomas de muchos lugares para armar el puzzle de lo que quieres decir. Y en esos bocetos hay cosas de otras personas u obras.

–Un viaje interior del creador hacia su obra.

–Sí, es la experiencia de lo que sabes hacer, lo que quieres hacer, lo que merece la pena.

–Dicen que fue el álbum que profesionalizó el indie.

–Es un trabajo central en nuestra carrera y algo también en el desarrollo de la infraestructura de la música. Fue en paralelo de una manera de entenderla de forma más cultural que comercial. El álbum se convirtió con el tiempo en una pieza de esa movida.

–¿Se siente más cómodo ahora actuando en directo?

–Sí, vas cambiando. Te vas formando y tratas de hacerlo mejor. Es un aprendizaje constante.

–Lo digo por la leyenda de desgana que se les achaca.

–Yo no la comparto. Siempre hemos salido con el máximo respeto por la música. Tratando de dar lo mejor que puedo e intentándolo al máximo, porque es el centro de mi vida. Pero a veces la gente confunde actitudes críticas con desgana. Si lo que quieres es un espectáculo diferente, más natural y menos teatral, algunos se lo toman como un ataque a sus intereses. Yo no tengo necesidad de repetir los tópicos.

–¿Qué opina de la polémica sobre las letras y el machismo?

–Cada uno que diga lo que quiera y al que le guste que lo escuche y al que no, que no lo haga. Hombre, estaría bien que intentemos no molestar a los demás. Pero una canción es una obra artística que es completamente ficción. Una parte pequeña de la realidad que está en un cuadro. La debe juzgar el público, no un tribunal. Que cada uno sea libre. Hay millones de músicos para elegir.

–¿Qué sabor de boca le dejó su candidatura fallida en la SGAE?

–Seguimos intentando salvar la Sociedad de Autores, que es centenaria y ha servido durante mucho tiempo a los intereses de todos los creadores y trabajadores culturales. Y luchamos para que no se apropien de ella unas editoriales concretas. Si no se puede conseguir, habrá que montar otro tipo de entidad que gestione con claridad, limpieza y justicia.




Fuente: La razon

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