Su melancolía le viene de serie. Noah Lennox (1978) nació en la célebremente triste y dura Baltimore, y eligió para expatriarse la capital de la melancolía, Lisboa. Allí vive desde hace unos años, alejado de Estados Unidos, con un ojo en el océano, cuya presencia define su nuevo trabajo en solitario como Panda Bear. «Buoys» (que se puede traducir por boyas) es un disco envolvente y sónicamente complejo, como ya es el sello de este artista. Presenta el álbum en Madrid en el Centro Conde Duque, un lugar apropiado para zambullirse en el mundo de Lennox, que exige una escucha activa.Vamos, que hay que hacerle caso al concierto y no estar de cháchara.

¿Reguetón?

En cuanto al sonido del disco, el estadounidense explica que Rusty Santos, productor portugués con el que ya colaboró en «Person Pitch» había sucumbido a sonidos juveniles como el «trap triste» y el reguetón. «Yo me sentí atraido por eso. Tenía curiosidad por lograr la intimidad de esos discos en los que la voz se siente muy personal». ¿Reguetón? «Ya sé que el disco no suena absolutamente nada parecido al reguetón, pero me refiero a la manera de producir los temas. En esas músicas hay unos graves muy profundos, y después suben muy arriba en momentos determinados y la voz queda como flotando en el medio. Ese era el sonido que buscaba que también consigue por ejemplo Arianna Grande, por si lo encuentras más similar. Digamos que si planteas la grabación como una ecuación, el disco tendría ese gran rango», explica sobre algo que, por lo general, solo los músicos perciben. «Bueno, es como un carpintero, que si va a la casa de alguien, no puede evitar pensar en cómo están hechos los muebles. Es una parte del cerebro que funciona autónomamente y que no se puede detener».

El sonido también remite a esa estética líquida característica de Animal Collective y la lírica tiene algo de espiritual. Ambas cosas están relacionadas. «Si me pides que me psicoanalice, te diré que para mí el mar tiene algo del vasto espacio desconocido, de lo que se oculta detrás de la parte consciente de nuestro cerebro. Algunas de las cosas de las que hablo en el disco salen de ahí, como la hipersexualización de la sociedad y otras cuestiones que lanzo como si fueran alucinaciones y son presiones del subconsciente. Prefiero que cada uno las interprete», señala Lennox. Sin embargo, el mensaje no es el de añadir más miedo: «Quiero que el que escuche el álbum pueda sentir que cuento una historia en primera persona y que hay ciertas frases que aparecen como un mantra que te dices a ti mismo. Pero me gustaría que el oyente sienta que me preocupo por él. Es algo un poco cursi pero es la realidad. Siento a quienes me escuchan como parte de mi familia.Y es una reacción a lo que ocure en el mundo, donde se está imponiendo una actitud que busca dividir, atomizar a las personas, clasificarlas. Antes te definía la religión. Y después las ideas políticas. Y ahora, si eres vegano o si vistes de una estética, si formas parte de una tribu o si tienes unos gustos. Yo quiero ser alguien que de alguna manera anime a lo contrario», señala. «Pienso que el Brexit, por ejemplo, procede del miedo. Se alimenta de él. La gente se siente invadida, sienten un desafío constante de lo desconocido». Como expatriado, Lennox no se siente más concernido por la política europea. «Nunca diría que más que la americana, porque no soy muy curioso aunque sí que diría que en este tiempo te obligan a serlo. Hay un sentimiento de moralidad. El tema no es explícito en el álbum, está entre líneas y no me veo diciéndole a la gente lo que pensar o hacer», señala. «Pero todo, la política y los impulsos, nuestro software como humanos, está en el cableado profundo del cerebro. Ahí es donde el mar juega un papel en mi mente», afirma. ¿El disco es una exploración de su psique, por tanto?. «Creo que es una manera de estudiar cómo la gente se siente así, por qué le sucede eso. Si lo podemos entender quizás lo podemos mejorar». Como una boya en el océano.

«Viajar cambia el cerebro»

«Cuando ves a los medios extranjeros hablar de tu país, con una narrativa diferente, te das cuenta», explica Lennox. «Pienso en llevar a mis hijos de viaje tan pronto como pueda y tanto como sea posible. Porque hay cosas que no puedes leer en un libro, que debes escucharlas de la gente. Ver lo que comen, lo que cocinan, lo que les gusta, eso te cambia postiviamente», señala.




Fuente: La razon

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