Para el pobre Pedro Sánchez todo son problemas. “A perro viejo todo son pulgas”, dice el refrán. Sánchez no es viejo pero sí veterano en investiduras fallidas. Curioso: es el primero en ganar una moción de censura y, a su vez, si no me falla la memoria, quien más tropiezos ha tenido en las investiduras no alcanzadas pues vamos ya por la cuarta. Pero él, pugnaz y atrevido, sigue ciegamente su camino.

Parecía que su pacto con Podemos lo facilitaría todo, fue anunciado triunfalmente a menos de 48 horas después del recuento electoral. Pero le faltaban escaños, además del goteo de nuevos y viejos pequeños partidos territoriales, necesitaba a Esquerra Republicana, sin duda un peligroso escollo político, un partido netamente independentista.

Pero no sólo eso, también ERC es el partido que tiene condenado a penas de cárcel, entre otros, a Oriol Junqueras, su máximo y carismático dirigente. Yo me pongo en la posición de un finlandés, o de un checo y hasta de un griego, todos ellos ciudadanos de estados pertenecientes a la UE. O de otros estados más lejanos y menos democráticos: ucranianos, chinos, turcos… ¿Qué pensarán de nosotros? En España gobierna un líder socialista con el sostén parlamentario de un partido republicano e independentista cuyo líder está encarcelado por sedición tras un intento de golpe de Estado. Se preguntarán: ¿es España un país democrático? A eso estamos expuestos.

Pero hay más, la oferta de colaboración aumenta de precio. En julio y septiembre era gratis, quizás para tentar a Sánchez e impedir otras alianzas. Ahora que parece ir más en serio el listón sube día a día: primero un diálogo entre los dos partidos para tratar del “conflicto político” entre Cataluña y España, algo anormal pues no se entiende que un conflicto no deba resolverse en por los cauces de los órganos habituales; después la promesa escrita de establecer una mesa de diálogo para alcanzar acuerdos entre gobiernos, de tú a tú, algo ya más atípico, probablemente inconstitucional, en todo caso una manera de hacer visible algo bastante parecido a una relación bilateral entre dos estados. Por último, ayer volvió a aparecer la figura del “relator”, una especie de árbitro imparcial que intenta acercar posturas entre dos partes con iguales derechos. Por este camino, que era el previsible si se conoce un poco a ERC, lo más seguro es que el desacuerdo sea el resultado final.

Y por si algo faltaba, el pobre Sánchez, con lo que le gustaría ser investido rápidamente, tiene que aguantar la puñalada trapera del PSC: “Cataluña es una nación y España un Estado plurinacional”. ¿Quieren cambiar los socialistas catalanes la Constitución? Eso se avisa antes. ¡Ay, de los amigos guárdanos, señor!

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Fuente: El Pais

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