Uncategorized

Pablo Alborán: «El escenario es sagrado»


Tengamos en cuenta la cifra: cuatro WiZink Center en menos de un año son 60.000 personas. Porque Pablo Alborán (Málaga, 1989) quiere que hagamos hincapié en que no son cifras, sino personas. Fieles seguidores y seguidoras del culto alboranista. Muchos de ellos «deben de repetir, porque es una barbaridad», reconoce el artista, que acaba de reeeditar (reempaquetar para Reyes) su último álbum, «Prometo», que ha alcanzado el «quíntuple platino» de ventas, con contenido extra. Alborán ha sido el campeón de las ventas de discos en los años 2011, 2012, 2013, 2014 y 2017. No duden que este también, y si le quedaron un par de ejercicios huérfanos fue porque se retiró de la vida mundana.

–¿Se pierde el miedo escénico?

–No, porque es el lugar que me lo ha dado todo. Es sagrado. Pero también resulta como una droga porque te da una libertad peligrosa. Es adictivo y te desinhibe, aunque cualquier gesto se magnifica y no te puedes pasar de rosca. Por otra parte, no puedes dar menos de tres veces más de lo que esperan. Ahí empieza el respeto, pero es algo bonito.

–Tuvo un episodio de crisis, de alejarse de todo, ya superado.

–Sí, pero cualquier día me vuelve a dar y me pongo a pedir auxilio y ayuda, no te creas. Hay que saber pedir. He tenido ese momentazo grandioso (risas)…

–Cada uno asume las cosas como puede, ¿no?

–Y fue un lujo poder parar. No todo el mundo puede. Y cuando paré, tenía miedo, pero lo exigía un instinto animal. Era algo más fuerte que lo humano, necesitaba hacerlo porque, si no, iba a meter la pata y lo sabía. Tuve esa necesidad y gente alrededor que no puso impedimento.

–¿Ha arreglado eso que falló?

–Sí. Mira, estos dos meses he estado así asá. Porque a mí los premios me ponen un poco nervioso, me tensan, me dan timidez. Son situaciones raras con tus compañeros de profesión. Porque artistas con los que te ves fuera del trabajo y tienes buena relación, de repente les ves cada uno en una mesa, con su equipo…

–Como si fuera una competición.

–Exacto. Y las informaciones que se publican son como deportivas: «Pablo regresa con las manos vacías» o «Alborán se vuelve sin Grammy» y así… No quieres que te afecte, pero, a final, claro que te afecta. Así que esta vez, en los Grammy quise cambiarlo todo y salir del ambiente sucio de Las Vegas, del humo, de las apuestas y la prostitución. Mi equipo y yo cambiamos de rutinas para comer bien, alejarnos del centro… y en Londres van y pierden nuestras maletas. Nos tuvimos que comprar ropa en un Wal-Mart y nos dio alergia. ¡Así que íbamos todos con urticaria!

–Eso distrajo la atención.

–Claro. Es que la clave es la predisposición. Y me he dado cuenta de que tengo que tenerla. Te levantas por la mañana de mal humor y te hacen falta algo para para ir al baño, pues te lo tomas. Todos los días me río, pero hace falta esa predisposición.

–¿Ríe más que antes?

–Mucho más. De mí mismo, sobre todo. En el equipo nos reímos y nos acordamos de nuestros muertos cuando hace falta.

–¿Se fustiga mucho si algo no sale como quiere?

–Ya no. Tuve una actuación con Dua Lipa y si hubiera metido la pata en esa, sí que me habría fustigado. Porque me preparé muchísimo, salió mi autoexigencia.

–Sus letras son impecables, pero ya ninguna está fuera de la sospecha del machismo.

–Yo estoy en contra de que cualquier letra denigre a la mujer o a quien sea y de darle exposición. Tenemos una historia en la que la mujer ha vivido en desigualdad. Creo que hay que tener conciencia, sensisbilidad y cuidado. Ahora bien, si dicen que «Sin ti no soy nada» de Amaral lo hace es que no hemos entendido nada. Puede que el artista cuente una historia de una agresión sexual y no por eso debe ser censurado o estar a favor. Además, la moral de la sociedad es muy curiosa. La misma que critica una canción machista luego la consume. Es como el morbo televisivo.

–Usted no teme por sus letras.

–No, aunque si Melendi y Mecano están en la lista… yo tengo una canción que se llama «Éxtasis» y que dice «tómame de los pies a la cabeza»… (risas).

–Vamos a parar antes de que alguien nos detenga por algo.




Fuente: La razon

Comentar

Click here to post a comment

injerto
injerto