Hoy, 28 de junio de 2019, es un día de recuerdo y orgullo ya que se cumplen cincuenta años de Stonewall. Y no, no me refiero al orgullo de tener una u otra condición sexual, pues eso no debe ser en ningún lugar un rasgo distintivo. Hablo del orgullo de los que han llegado vivos al día de hoy gracias a la lucha que otros han mantenido y que les ha costado, muy a menudo, la muerte.

Hablo del orgullo del que hoy besa a su pareja gracias a aquellos a los que les partieron la boca por hacer lo mismo pero decidieron no cerrarla. Hablo del orgullo de las familias que abrazan a esa chica atemorizada pero libre gracias a lo que les enseñaron las historias de otros hijos repudiados. Hablo del orgullo del hombre que sale del armario con cincuenta años y una familia ya formada y respira, por fin, gracias a todos aquellos que dejaron escondidos este mundo incapaz de protegerlos. Hablo del orgullo del valiente que se confiesa en un cuerpo equivocado y lucha por acertar gracias a aquellos que no llegaron a encontrarse en el espejo pero supieron dar con las palabras.

Hablo del orgullo de todos aquellos mayores que pueden contarnos que esto fue peor, mucho peor, pero que mientras haya una sola agresión verbal o física, una sola mirada negativa o una discriminación queda camino, queda lucha. Y también hablo del orgullo de todos aquellos y aquellas a los que todavía no les dejan, no les permiten, les acosan, les humillan, les encierran, les agreden, les asesinan, les desprecian, les reprimen, les expulsan, les reducen a lo mínimo y no pueden, no saben. Su orgullo también es el mío.

Porque el Orgullo no es eso que dicen en los telediarios o que cuentan los que nunca lo necesitaron. El Orgullo no es un torso desnudo porque sí: es la libertad plena de poder, por un día, mostrarse como uno quiere. El Orgullo es esa familia heterosexual con niños pequeños que acude, como cada año, a celebrar la diversidad. El Orgullo son charlas informativas, puestos a pie de calle donde te asesoran, carrozas de colores, brindis nocturnos, amor lejos de las esquinas. El Orgullo es saber que durante esos días no importa cómo ni de qué manera ni en qué momento: estamos a salvo, somos libres, somos felices.

He ido a muchas celebraciones del Orgullo en Madrid. Recuerdo que todavía vivía en Segovia y cogía el autobús con unos amigos a la capital contentos, con ganas de celebrar en las calles principales, donde seguiremos haciéndolo. Era adolescente y nunca me sentí tan viva, tan capaz. No hay mayor escudo que un miedo comprendido, y durante el Orgullo nos sentimos próximos, unidos, entendidos.

Aquellos años me dieron la seguridad que tengo hoy. A todos los que vinieron antes les debo mi libertad. Por eso no voy a dejar de celebrar, ni un solo día y a voz en grito, que sentimos orgullo, libertad y poder.

Madrid me mata.

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Fuente: El Pais

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