El coche tiene la misión de financiar el metro en Nueva York.

El suburbano de la Gran Manzana está hecho una ruina y no sólo por su aspecto. Si se le perdonaba su desaliño a cambio de un buen servicio, eso ya pasó hace tiempo. La puntualidad de los trenes es escasamente del 65%, muy por debajo de lo funcional.

La operación de rescate surge a costa del eterno rival, el vehículo de cuatro ruedas sobre el asfalto.

Auténtica arterial vital de la gran metrópolis neoyorquina, el tren urbano requiere una enorme inversión para su modernización, en especial de su sistema de señales que en su mayor parte todavía no está informatizado.





A partir de este lunes está previsto que los legisladores del estado, una cámara controlada ahora por los demócratas, acuerden la implantación de la tarifa denominada precio de congestión.

Este impuesto, que entrará en vigor en junio del 2021, supondrá que todos los vehículos que entren en el distrito de los negocios, de la calle 60 al sur de Manhattan, deberán abonar un peaje.

El objetivo marcado por el gobernador Andrew Cuomo supone recaudar mil millones de dólares anuales. Esta cantidad se podría utilizar para garantizar bonos que totalizarían 15.000 millones para reparaciones y mejoras del transporte público.

“Nueva York sufre una crisis bajo tierra y sobre el asfalto”, remarca Samuel Schwartz, experto en tráfico conocido como Gridlock Sam que colaboró con la administración municipal . “Esta es una ciudad global y no podemos sobrevivir sin un metro que funcione a la hora”, añade.


El proyecto de la administración estatal calcula recoger
unos 1.000 millones de dólares anuales

“Tampoco puede sobrevivir –matiza– a la velocidad que alcanza el tráfico en superficie,
que es muy lento”. Según sus estadísticas, la velocidad media se queda en 7,6 kilómetros a la hora en el medio Manhattan. “La gente camina más rápido”, subraya.

La moraleja es evidente: al tiempo que se repara el metro, se mejora el tráfico al quitar coches.

La tarifa todavía no se ha establecido. Sin embargo, a partir del objetivo recaudatorio fijado, Schwartz estima que esa tarifa oscilará entre los 10 y los 14 dólares, con una franja de entre 12 y 14 en hora punta.





Se abonará una vez al día y se hará mediante un peaje electrónico (E-Z Pass, equivalente al teletac), similar a los que hay en túneles y puentes. El cargo se hará nada más acceder a la zona de congestión. A los que carezcan de ese mecanismo, el despliegue de cámaras les tomará una foto de la matrícula y les remitirá el recibo.

La medida plantea descuentos y exenciones para conductores de bajos ingresos. Hubo legisladores que pidieron que todos los vecinos quedaran excluidos, pero se ha descartado.

Schwartz replica, además, que los más beneficiados por este impuesto serán precisamente los ciudadanos de menos ingresos. Este colectivo no se puede permitir demasiado ir en coche a ese distrito, por la dificultad de aparcar y lo caro que resulta. La mayoría de ellos utilizan sobre todo el metro y en menor medida el autobús. Lo cierto es que ha habido diversos grupos que luchan contra de la pobreza y por la justicia social que han defendido esta tarifa. Una de estas organizaciones calculó que por cada uno de estos perjudicados había 38 beneficiados, explicó Schwartz.

“En lugar de evitar pagar, centrémonos en asegurarnos que el dinero va al sistema de tráfico y nos beneficia a todos”, señaló Alex Matthiessen, presidente de una de estas organizaciones, en un artículo en el Daily News.






El tiempo no tiene precio

Esta tarifa a los coches que entren al sur de Manhattan supone una decisión pionera en Estados Unidos, el país que adora quemar gasolina. No es fácil convertir al vehículo de cuatro ruedas en la supuesta víctima. Sin embargo, muchos conductores se muestran partidarios. Tienen claro que la circulación es insostenible, que el impuesto puede ayudar a una mayor movilidad y a una menor pérdida de tiempo que, ya se sabe, no tiene precio. Aunque sea original en Estados Unidos, iniciativas similares funcionan hacen años en Londres, Estocolmo y Singapur con una total aceptación. Lo que se ha visto, según los expertos a favor, es que construir autopistas en las ciudades sólo las ha hecho menos habitables.








Fuente: LA Vanguardia

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