Si fuera tan fácil, lo habría hecho cualquiera, pero no. Manel han colocado por tercer disco consecutivo su nuevo lanzamiento en lo más alto de las listas de ventas. «Per la bona gent» es, además, un gran disco marca de la casa Manel, pero lleno de detalles y de canciones sorprendentes. Texturas electrónicas, ritmos audaces, melodías pegadizas y textos literarios para estos tiempos turbulentos. Lejos de acomodarse, el cuarteto busca seguir expandiendo su paleta sonora, la que empezase pegada al ukelele de «Els millors profesors europeus». Después de aquel trabajo, lograron su primer «número uno», el primero en catalán desde Serrat con «10 milles per veure una bona armadura», al que siguió el éxito de «Atletes, baixin del escenari». Su gira les llevará a Madrid, al Inverfest, el próximo 9 de enero.

El nuevo álbum, que llega ya tras una trayectoria considerable como grupo, no es conceptual, pero sí contiene reflexiones sobre el oficio de músico y la actividad de escribir canciones. «Sobre todo las tres últimas. Aunque utilizamos en cada una tonos y puntos de vista muy diferentes, del más serio a la autoparodia, como es el caso de ‘‘Boy Band”», apunta Gisbert. También, seguramente por esa autorreflexión, juegan con la tradición, introduciendo sampleos de Sisa, Gato Pérez, María del Mar Bonet y otras referencias del rock catalá. «Claro, jugamos con esos artistas porque generan un contraste con nuestra música. El sampleo deja la trampa al descubierto, lo hace evidente. Llegamos a ello no por casualidad, pero sin querer», apunta Gisbert.

Disfrazado o vestido

Acerca de su propia percepción del oficio, con 12 años de trayectoria y cinco discos, algo sí ha cambiado. «Nos sucede que ya no nos gustan tanto las primeras ideas. Tienes que trabajar más y rascar más para tener el mismo entusiasmo. Y por eso recurres a sonidos nuevos. Las ideas cuestan más y no es fácil tener siempre esa energía», explica Martí Maymó. «Lo vas intelectualizando todo mucho y vas convirtiendo lo que era intuición en norma o regla. Hablamos todo tanto…», agrega Roger Padilla.

Lo habitual, sin embargo, es que los músicos (y en realidad todo el mundo) escuchen menos música a medida que se hacen mayores. «Nosotros estamos todavía en la edad de interesarnos por cosas nuevas. Aunque la música no te llega por los mismos canales, no te conecta igual. Yo cuando tenía 20 o 23 años escuchaba indie, que es una música que tiene ese arrebatamiento confesional, ese tono de ‘‘me ha pasado a mí y te lo cuento a ti” que la música de hoy no tiene. Ahora escuchamos todo lo que tiene que ver con lo urbano, porque nos interesa y está por todas partes. Estamos aprendiendo mucho de la sonoridad, de la estética y de la producción pero no nos podemos convertir en un grupo de trap, porque seríamos señores tratando de ir a la moda y eso es ridículo», dice Gisbert. «Tratamos de incorporar elementos, pero no queremos parecer unos señores tratando de estar a la moda. Eso sería ridículo. Pero es como cuando te compras algo de ropa. Te la pones, sales a la calle, te miras… y piensas. ‘‘¿Sabes qué? Esto se queda en el armario para siempre, no es para mí’’. Pero intentas no ir por ahí con la sensación de que vas más disfrazado que vestido», añade el vocalista. Sin embargo, el «autotune» ya está tan generalizado que ni siquiera suena extraño en las canciones de Manel. «Pues nosotros tuvimos que hacer un esfuerzo al principio, ¿eh?», reconoce Roger. «Es como la vez que intentamos hacer un rock clásico. Una canción de rock arquetípica, sin adjetivos. Pues no nos salió, no estábamos cómodos. Fue un experimento fallido», remarca.

El disco tiene muchos subtextos, como los que hay en «El vell music», por ejemplo, que arranca con una pista de sonido ambiente que procede de una actuación en la que Gato Pérez presenta a Sisa en la sala Zeleste de Barcelona, donde se cocinó una escena muy potente a finales de los 70. Pero el disco está lleno de referencias para los más avisados, que van de Nina Simone a Els Pets y de juegos de palabras, como «Amb un ram de clamídies», que, en contra de los que se podría pensar, no habla de unas flores, sino de una enfermedad de transmisión sexual que suena mejor de lo que es. Ah, también anhelan tener un superpoder que es…




Fuente: La razon

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