«Chanquete se muere el domingo», titulaba la revista Supertele en febrero de 1982. Un spoiler monumental, pensamos ahora, seguramente lanzado con la intención de tener a toda España ante el televisor. Pero quizá es uno de los spoilers más sanos de la historia —por razones que explicaremos más adelante— y la prueba de que la spoilerfobia que vivimos hoy es exagerada: nadie dejó de llorar, ni de disfrutar de ese capítulo de Verano azul. Supertele no arruinó la serie y hay unos cuantos estudios que explican que incluso es bueno conocer detalles de antemano para divertirse más. Porque hay muchos tipos de spoilers y aún más tipos de espectadores a los que esa información clave les puede ayudar.

Los spoilers son incluso recomendables en el caso del final de una serie como Juego de tronos, en el que es fácil haber creado importantes lazos emocionales con los personajes

«Es una exageración total afirmar que los spoilers arruinan el disfrute de todo el mundo todo el tiempo», explica Judith Rosenbaum, investigadora de la Universidad de Maine (EE UU) que lleva cinco años estudiando cómo funciona este fenómeno y cuáles son sus verdaderas consecuencias. «Hay ciertas circunstancias en las que los spoilers no afectan en absoluto al disfrute, o lo mejoran, aunque en algunos casos lo pueden arruinar», añade.

Como se solía decir con el colesterol, hay un spoiler bueno y un spoiler malo. Depende, sobre todo, del metabolismo seriéfilo del sujeto, pero también del género de la ficción (no es lo mismo una comedia que una de terror) y del tipo de detalle que nos desvelen. «Hemos descubierto que esto depende de los rasgos de la personalidad: de si a la gente le gusta pensar de manera abstracta y de si disfruta sintiendo emociones muy profundas», señala Rosenbaum. A quienes les gusta experimentar sentimientos intensos los spoilers emocionales («al final se besan bajo la lluvia») les arruinan la experiencia, por ejemplo. Del mismo modo, será un desastre si le dices quién es el asesino a un espectador que goza devanándose los sesos tratando de averiguarlo. Sin embargo, Rosenbaum y otros especialistas han observado que aquellas personas que no están muy interesadas en darle vueltas a la trama disfrutan más cuando ya saben lo que va a pasar.

Tóxicos y clasistas

Un estudio brasileño se ha centrado en estudiar este fenómeno desde el punto de vista de los que revelan detalles clave a los demás. A través de una encuesta, descubrieron que la gran mayoría lo había hecho sin maldad: por accidente (26%), porque se lo pidieron (38%) o porque necesitaban compartirlo (24%). Pero había dos categorías de ‘espoileadores’ «tóxicos», como señalan en el estudio, y que suman el 23,5% de la muestra. Por un lado, aquellos que lo hicieron por el placer de ver sufrir a los demás (18%), con explicaciones como «es agradable ver a tus amigos enojados». Además, un 5,5% reconocía hacerlo por venganza: «Mis amigos siempre me dicen spoilers para molestarme, yo solo devuelvo el favor». Aunque entre las respuestas los investigadores descubrieron otra categoría, aquellos que lo hacen para transmitir estatus: «Para aumentar mi ego y mostrar a mis amigos pobres que tengo televisión de pago con canales premium», explicaba un sujeto. En un país con más de 200 millones de habitantes, apenas 20 millones tenían acceso a la televisión de pago en 2016.

Esto se explica porque cuando están tratando de entender lo que pasa, sobre todo si el guion es complejo (como en Juego de tronos), el espectador termina perdiéndose elementos importantes de la narración. «Los spoilers pueden ayudar a darle sentido a la historia», asegura Rosenbaum. «Hay pruebas de que pueden aumentar el disfrute porque proporcionan más espacio mental para apreciar la narrativa, en lugar de tratar de encontrarle el sentido a lo que está sucediendo», añade. Sumergirse por completo en una ficción es fundamental para disfrutarla y cuando se está tratando de entender lo que ocurre se deja de sentir lo que sucede. 

Los spoilers son incluso recomendables en el caso del final de una serie como Juego de tronos, en el que es fácil haber creado importantes lazos emocionales con los personajes, según muestran varios estudios. Puede que a un fan muy devoto de Sansa Stark le convenga saber que morirá en el último capítulo (por inventar algo). Por lo menos, recomiendan los especialistas, que lea foros y artículos que especulen con posibilidades de ese tipo, para prepararse emocionalmente ante esa tesitura, o el visionado del episodio será un calvario. «Para aquellos particularmente propensos a sufrir por la muerte de un personaje, averiguar qué ocurrirá antes de que suceda podría ser una buena manera de protegerse de la intensidad de ese disgusto», advierte Morgan Ellithorpe, investigadora de la Universidad Estatal de Michigan (EE UU). «Y seamos sinceros, ¡esto es algo muy probable en Juego de tronos!».

Ellithorpe ha observado este mecanismo en sus estudios. En uno de ellos, revelaron el desenlace de la serie Cómo conocí a vuestra madre a unos sujetos y descubrieron que quienes sabían el final de la serie sufrieron menos angustia al terminar el programa y señalaban haberlo disfrutado más. En su último trabajo, realizado junto a Rosenbaum, se observó que los espectadores más preocupados por los sentimientos que podrían experimentar al ver el final de un programa optaban por recibir un spoiler como una forma de protegerse a sí mismos. 

En un estudio se observó que los espectadores más preocupados por los sentimientos que podrían experimentar optaban por recibir un spoiler para protegerse

Por supuesto, también depende de la revelación. «No todos los spoilers tienen el mismo efecto», explica Rosenbaum. Hay una diferencia entre el impacto que tiene la información relativa a los procesos, aquella que se centra en cómo la historia llega al final, y la que desvela sencillamente ese final. «Los spoilers orientados a los procesos impactan mucho más negativamente en el disfrute que los que solo destripan el resultado», indica la investigadora. Descubrir de antemano que el trono será para Jon Snow, por ejemplo, no arruina tanto el episodio como saber que Jon termina matando a Daenerys con el fuego de su propio dragón mientras ella le declara su amor (por inventar algo).

Si los spoilers no son tan terribles, ¿por qué se han convertido casi en la primera preocupación de esta época? Lógicamente, las actuales pautas de consumo de medios son decisivas, dado que ya no todo el mundo puede enterarse a la vez de lo que ocurre, como con la tele de antaño. Pero también influyen decisivamente dos de nuestros mecanismos mentales, como explica Rosenbaum. «Una de las razones por las que la gente se altera tanto con los spoilers es porque cuando nos encontramos con uno, pensamos que es una pérdida de libertad y experimentamos una reactancia», explica. La reactancia es un constructo psicológico que se refiere a los sentimientos negativos que las personas experimentan cuando sienten que se les arrebata cierta libertad. Además, Rosenbaum alude a otra flaqueza mental de las personas: somos muy malos pronosticando cómo nos sentiremos y tendemos a exagerar lo negativa que será nuestra reacción: «Se realizó un estudio en el que descubrieron que las personas generalmente son bastante malas para predecir cómo les afectará un spoiler«.

Hitchock y el suspense

Saber el «qué» no es tan negativo como saber el «cómo», porque ahí se esconde el placer del suspense. Alfred Hitchcock creía que el suspense surgía de la incapacidad de la audiencia para revelar la información crucial que ya conoce a los personajes con los que empatiza: «Por esa razón creo en dar a la audiencia todos los hechos lo antes posible». Y ese suspense sí es fundamental para gozar con la ficción. Como explica Juan José Igartua, catedrático de la Universidad de Salamanca, es un elemento que incrementa lo que los especialistas llaman el transporte, es decir, sumergirse en la ficción: «De modo que si retiras el suspense con un spoiler, no lo van a poder experimentar igual».

Además, al contar los detalles cruciales estaríamos robándole al espectador otro placer: el de la sorpresa. Es un elemento que Héctor Pérez, de la Universitat Politècnica de València en Gandía, ha estudiado precisamente con un giro de guion de Juego de tronos: la muerte de un personaje clave al final de la quinta temporada. «El mecanismo de la sorpresa es un fenómeno muy complejo, que genera un gran disfrute emocional, de los mayores placeres que podemos experimentar con la ficción», indica Pérez. «Y el spoiler es un componente que reduce mucho esa reacción emocional placentera», añade. Por eso, a pesar de lo que decía del suspense, Hitchcock fue uno de los pioneros de la histeria antiespoiler. Cuando rodó Psicosis, intentó sacar de la circulación todos los ejemplares de la novela en la que se basaba. En los anuncios y tras la proyección, aparecía el propio director pidiendo: «Después de ver Psicosis, no reveles el final, es el único que tenemos». Porque hay spoilers y spoilers.

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Fuente: El país

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