La proximidad de las municipales provoca efectos paranormales en el Ayuntamiento. Cajones cerrados con siete llaves se abren bruscamente y de ellos afloran iniciativas condenadas a aguardar tiempos mejores, planes frustrados por falta de apoyos políticos, proyectos que fueron reclamo electoral en 2015 y que están llamados a servir al mismo propósito en el 2019. No estaban muertos, solo hibernaban y, una vez reanimados, volverán a cumplir idéntica función: ser banderín de enganche, dique de contención de aquellos votantes que, decepcionados por la moderación adquirida en el ejercicio del poder, se estaban pensando desertar de la causa de los comunes y que, quizás, acaben dándoles una segunda oportunidad.

El pleno de enero aprobó la conexión del tranvía por la Diagonal. “Ja tenim tramvia”, se apresuraron a proclamar, con artificial euforia, los promotores del proyecto. En realidad lo que se aprobó fue poco más que un volátil compromiso de futuro, una declaración de intenciones sin calendario y sin un plan de financiación detrás. En los últimos días se ha repetido la jugada. Aprovechando el pavor de otras izquierdas a ser arrojadas a los leones en la próxima campaña, el equipo de la alcaldesa ha revisionado otro de sus mantras, el de la funeraria municipal, proyecto asentado sobre un terreno aún más inestable que el del tranvía por la inseguridad económica y jurídica que plantea. El mismo gobierno que concentró tres plenos en un día para minimizar el que más le fastidiaba –el monográfico sobre inseguridad ciudadana– corre a convocar para el miércoles un extraordinario sobre la funeraria. Los grupos de la oposición –incluidos los que apoyarán la iniciativa para no ser señalados por el dedo acusador– ven tras estas prisas una cortina de humo para ocultar los problemas de gestión y las dificultades de los comunes para alcanzar acuerdos.

La obstinación en defender las banderas propias se convierte a veces en desdén ante las reclamaciones de quienes se sienten lesionados por las políticas –o la falta de ellas– del Ayuntamiento. Sucede con el top manta, un fenómeno mal gestionado desde un buen principio por un gobierno incomodado por la posibilidad de que sus afines le culpabilicen de reprimir una actividad ilegal que colma la paciencia infinita de los comerciantes. Esta semana hemos asistido a otra resurrección, la del dispositivo policial para evitar que los vendedores ambulantes invadan el vestíbulo de Rodalies de la plaza Catalunya, escaleras y andenes y el serio riesgo para la seguridad que la ocupación conlleva. De esta operación se hablaba como “inminente” en noviembre, pero pasaron el black friday, los domingos y festivos de apertura comercial, las navidades y las rebajas y los manteros siguieron trabajando sin más molestias que las derivadas de alguna operación cosmética que solía llegar justo el día después de que la prensa se interesara por la masificación del zoco. Ahora que se mudan a la solana del frente marítimo es cuando se ha tomado, por fin, la decisión de bloquear los accesos al subsuelo, de aplicar una medida “estable”… hasta que deje de serlo.




Fuente: LA Vanguardia

A %d blogueros les gusta esto: