Hay algo más negativo que el hecho de que ocurra lo peor que has imaginado que llegaría y que, de algún modo, has contribuido a hacer ­real: que pase, finalmente, un peor imprevisto, la versión inesperada de un escenario desfavorable para tus intereses, una posibilidad que no habías tenido en cuenta y que se carga todos tus cálculos cuando apostabas por el “cuanto peor,
mejor”.

El sondeo publicado hoy y ayer por
La Vanguardia
dibuja un posible pacto de gobernabilidad después de las generales del 28 de abril que trastoca la estrategia que propugna una parte del independentismo y que, por varias circunstancias, se ha impuesto, a pesar de la visión más racional de los pragmáticos.

Ante lo peor anunciado, que representaría un gobierno tripartito de PP, Cs y Vox (sin escaños suficientes para concretarse, según la encuesta), aparece una posible suma de PSOE y Cs, que tendría una holgada mayoría parlamentaria de 179 diputados. Cuidado. A pesar de la actual distancia entre Sánchez y Rivera, no se puede descartar nada. La política convierte la necesidad en oportunidad. Un ejecutivo socialista-naranja (lo etiquetan de “reformista”) es el escenario peor imprevisto del independentismo y lo que generaría más problemas a las direcciones de unos partidos que no comparten diagnóstico ni estrategia, y tienen los líderes en la cárcel y el exilio. No están preparados para hacer frente a este marco, que no es bueno ni lo bastante malo desde su punto de vista.

No es ningún secreto que Puigdemont, desde Waterloo, está convencido de que la llegada de Casado a la Moncloa, con el apoyo de Rivera y Abascal, llevaría la crisis catalana a un nivel de represión que serviría para ampliar el apoyo a la causa independentista, a la vez que obligaría a intervenir a las potencias europeas para frenar un terremoto en la UE.

Además, un protagonismo de los ultras en Madrid haría más fácil el relato independentista ante la opinión pública internacional. La obsesión de las derechas de hacer perenne el 155 acabaría de dibujar un paisaje favorable al unilateralismo. Pero este plan B que ahora se ha convertido en el plan A de todo el independentismo (también gracias al pánico que dominó el entorno de Sánchez cuando se habló de un “relator”) podría ser inservible.

¿Qué haría el independentismo con un gabinete bipartito presidido por Sánchez y con Rivera de vicepresidente? De acuerdo: es complicadísimo que PSOE y Cs pacten una agenda catalana y territorial, pero lo hicieron en febrero del 2016 y podrían volver a hacerlo. Si eso sucediera, nos encontraríamos en un terreno más duro del que ha ofrecido Sánchez en solitario, pero menos extremo del que impulsaría Casado. Demasiado impermeable para negociar nada y demasiado (aparentemente) centrado para aprovechar el choque y esperar la mediación exterior. El “cuanto peor, mejor” se habría convertido en un bloqueo con menos margen para los independentistas para hacer política, Mucho menos de lo que hemos visto estos meses.


¿Ha hecho bien Pedro Sánchez en adelantar las elecciones?




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Fuente: LA Vanguardia

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