A Carlos Chaouen (San Fernando, 45 años) lo arrancaron de Cádiz con 12 años, cuando destinaron a su padre, militar, a Madrid. Fue él quién le transmitió la afición por la música. A pesar de su carrera artística, nunca abandonó la psicología. Ahora vive a caballo entre la costa gaditana y Madrid, pero revela que desde otoño pasará más tiempo aquí porque presenta un nuevo disco tras cinco años.

¿Algún secreto más?

Jugué al fútbol hasta los 21 años de forma semiprofesional, pero lo dejé por la música. Estuve en el Valdemoro y en el Santa Ana. Era un centrocampista zurdo con técnica, pero algo vago. Hace tres años volví a jugar y me rompí el brazo.

¿Qué duele más un brazo o el corazón?

El corazón, porque el brazo se cura. Con el corazón también se hace rehabilitación, pero nunca se cura del todo. Es la manera que tenemos de aprender.

¿Eso le ayuda a inspirarse?

Se escribe mejor cuando uno está triste. Es algo manido. La mayoría de las letras van de pérdida, de fracaso. En estados positivos no nos acordamos de escribir o no hay tanto que plasmar. El arte es terapéutico, una forma de exteriorizar el dolor y la disconformidad con las cosas.

¿Por qué aparcó la Psicología?

Por la música, pero el gusanillo siempre estuvo ahí, por eso seguí formándome. Ahora he estado dos años atendiendo consultas.

¿Cómo le va?

Ha sido un poco difícil porque, aunque no era muy conocido, la gente sabe de mi perfil artístico. A muchos le choca que Carlos Chaouen y su psicólogo puedan ser la misma persona.

¿Qué es un cantautor?

La palabra, a veces, tiene connotaciones peyorativas. Se cree que el cantautor va a cantar temas sociales o musicalmente va a ser un coñazo. Para mí debe de ser alguien que cuenta sus experiencias y sus pensamientos sin tener cierta ideología.

¿Usted es poeta o músico?

Ninguna de las dos. No tengo formación musical, así que no soy músico. Solo tengo algunos recursos. Ligo mis emociones con la música.

¿Por qué compone?

Para tocar la guitarra. Lo de cantar fue un derivado porque no había nadie para hacerlo. Soy autodidacta. Mi padre se compró una guitarra, pero nunca aprendió, así que la usé yo.

¿Siente una responsabilidad social?

No creo en la labor profética de las canciones. Las emociones son similares en todos. Todos debemos cambiar el mundo en la medida de nuestras posibilidades, no solo los cantautores.

¿Cómo fue abandonar Cádiz?

El cambio no fue dramático, pero sí difícil. De aquel Madrid recuerdo el clima, un colegio donde no había chicas, mucha disciplina y la gente, que era de otra manera. Pero me adapté.

Aquí subió a un escenario…

Empecé a tocar en El rincón del arte, en la calle de Segovia. Conocí a mucha gente, como Quique González, Urquijo… Era un lugar mágico, sobre todo por las conversaciones. Es lo que tiene esta ciudad, su espíritu de apertura, que siempre ocurre algo. Aquí todas las historias se entrecruzan.

Pero se fue con la música a otra parte…

Tiene que ver con ciclos personales. Estaba cansado. Decidí parar. Tenía que alejarme un poco de la noche y de ciertos hábitos.

¿Cómo es la noche madrileña?

Muy rica y heterogénea. Te abraza enseguida. Es noble, no hay que verla como algo negativo. Lo malo está en uno; las cosas en sí no son peligrosas.

¿Está en peligro la música?

La música no, pero la discriminación que hace alguna gente pone en peligro a los demás. Las susceptibilidades están muy finas. Con los niveles de censura que estamos viendo hoy habría sido imposible la obra de Los Rolling Stone o los desnudos de Botticelli.

¿Por qué?

Hay suspensiones de conciertos, denuncias por frases claramente sacadas de contexto… Eso pone en peligro no solo al arte o a los artistas, también a la madurez intelectual de una sociedad.

¿Cómo se cura?

Si la gente conociera más el Carnaval de Cádiz, donde no hay censura… Debemos aprender a reírnos de todo, hasta de nosotros. La expresión artística debe ser contestataria con el poder. Como estamos en una sociedad que solo busca el premio, o los likes, el contenido es cada vez menos importante, se priorizan las formas.

La fama a través de la música

Muchos seguidores de Carlos Chaouen creen que no está suficientemente valorado en el panorama musical. Él señala que nunca ha buscado tener mayor trascendencia. “No me gusta mucho la fama, no me aporta nada. No me va a hacer escribir mejores canciones ni ser más feliz, solo me genera más distorsión”.

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Fuente: El Pais

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