La vida de Nicky Jam (Boston, 1981) tiene muchos de los clichés favoritos de la música. Temas como una dura infancia, la adicción a las drogas, el abismo y el resurgimiento hacia el éxito están colocados en la biografía del reguetonero con la rigurosidad que aparecen las columnas de un templo griego. Así de arquetípicamente habla de sí mismo en el mini documental que aparece hoy junto al lanzamiento de su nuvo álbum, «Íntimo»: «Droga, malos hábitos, malas decisiones… lo perdí todo», cuenta el intérprete a la cámara. «La vida es así, momentos oscuros y momentos de luz», y reincide en el tópico porque puede: tras casi 25 años de carrera se ha convertido en una de las voces de mayor éxito de la llamada «música urbana», y una voz influyente para muchos. Tantos y más como caben en el WiZink Center de Madrid, donde Nick Rivera Caminero presenta su nuevo trabajo el 31 de octubre.

Como ya se revelaba en la serie que Netflix produjo sobre su vida, «El ganador», Rivera nació en Estados Unidos de madre dominicana y padre puertorriqueño aunque pronto se trasladó a Puerto Rico, donde inició su carrera musical y estrechó amistad con Daddy Yankee, ídolo local y padre del reguetón. Con él forma el grupo Los Cangris, aunque, en la isla, sus hábitos no son los correctos: armas, robos, malas compañías. Nicky consume drogas y alcohol y Daddy Yankee trata de ayudarle pero el joven Nick le rechaza. «Era un ignorante. No tenía padre y perdí a mi madre cuando tenía 8 años. Llevaba una vida de rebeldía y Yankee trató de ayudarme. Intentó que volviera al buen camino. Me repetía: ‘‘Disciplina, disciplina’’. Pero yo estaba muy perdido y pensaba: ‘‘Lo tengo que hacer a mi manera’’. Y me hundí más». La disputa entre ellos llegó porque Nicky no era capaz de superar su adicción al «perco» (Percocet), un medicamento opiáceo más potente que el Xanax. La realidad respaldaba al maestro, que al poco tiempo logró con «Gasolina» un éxito mundial y de paso la piedra fundacional del reguetón como estilo dominador del mundo, mientras el joven Nicky solo conseguía autosabotearse. Incluso publicó un tema atacándole muerto de celos, «Tiradera p’a Daddy Yankee», que solo consiguió la indiferencia del aludido y las burlas del público. Cayó en una depresión y engordó «hasta parecer una hamburguesa». En ese momento, descuidado, rechazado por todos y en pésimas condiciones vitales (pasó un breve tiempo en la cárcel y estuvo cerca de una sobredosis), tocó fondo.

Del mono al fénix

Resumiendo bastante la vida de Nicky Jam (pues la serie de Netflix que la cuenta consta de 13 episodios de una hora), el músico tuvo que salir de Puerto Rico para hallar la paz. Fue en Medellín donde comenzó su resurrección y la estabilidad. Paradógicamente, en un lugar asociado a las drogas, encontró las fuerzas para salir de ellas recluyéndose en una habitación durante 72 horas. «Sufrí y sudé un montón. Fueron los días más largos de mi vida», recuerda. Lo que sucedió después es historia: «El amante» y «El perdón», los hits de «Fénix» (el álbum de su resurgimiento, como el ave mitológica), le colocaron durante 136 semanas en las listas de lo más escuchado en 136 países. Y después llegó todo lo demás, como por ejemplo su próxima participación en la secuela de «Bad Boys» junto a Will Smith y Martin Lawrence, o los reconocimientos y premios. Hoy lleva cinco años limpio. «Ni drogas, ni alcohol, ni cigarrillos ni café. Nada que altere mi sistema nervioso y esa ha sido la llave de mi éxito. Soy un payaso las 24 horas y por eso la gente asume que uso drogas», afirma.

Por cierto, que resuelta la disputa, Nicky Jam y su padrino artístico, Daddy Yankee, vuelven a ser amigos. En una entrevista con este diario, Yankee anunciaba que pensaba sacar un tema contra el Percocet, la droga que causó estragos en todo su entorno, entre ellos, Nicky. Lo hizo en 2017. Para acabar con un buen cliché de catálogo, Jam asegura que la creación de su último álbum fue «su terapia». Ya es la estrella que soñaba ser.




Fuente: La razon

A %d blogueros les gusta esto: